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Apreciado hermano,
Muchas gracias por tu escrito tan bien elavorado y fructifero.
Compruebo que en muchos aspectos coincidimos y eso es muy interesante.
Cuando estudiaba historia de la iglesia, me encantaba el personaje de Lutero, y de hecho hice un trabajo de investigación sobre sus Tesis, admiraba su historica frase:
Si quieres convencerme que ando equivocado, lo tendras que hacer con la SOLA SCRIPTURA...
Por lo tanto me remito a la SOLA SCRIPTURA: Hay un pueblo Santo: Apartado, que tiene dos caracteriscias, Guardar los mandamientos de Dios, La Biblia y tienen la Fe de Jesus: El mensaje profetico revelador de los ultimos tiempos.
Entonces la Salvación es solo para este grupo de Santos? de ninguna manera, pues no me salva las obras si no la Fe y la Gracia de Cristo.
Es porque yo me siento salvo por esta Gracia inmerecida que me lleva a ser fiel a Dios cumpliendo su santa voluntad para mi vida, su Ley.
Que el Señor os bendiga, y os guarde, os haga replandecer su rostro sobre vosotros, os conceda su bondad, os mire con amor y os de su Paz. Amen Txetxu 5 de septiembre 2007 Apreciado Txetxu,
Gracias también por tu pronta contestación. Esta no será tan pronta como la tuya. Recibimos muchos correos diariamente y es nuestro gozo participar el evangelio de Cristo y éste crucificado a nuestros lectores.
En cuanto a mi previo correo, usted menciona que “en muchos aspectos coincidimos y eso es muy interesante”.
Si coincidimos o no, y si tal coincidencia es de mutuo interés, no es el tema de mi respuesta. Lo importante es que tanto usted como yo podamos coincidir en la cruz de Cristo. Porque no me envió Cristo á bautizar, sino á predicar el evangelio: no en sabiduría de palabras, porque no sea hecha vana la cruz de Cristo. Porque la palabra de la cruz es locura á los que se pierden; mas á los que se salvan, es á saber, á nosotros, es potencia de Dios. Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé la inteligencia de los entendidos. ¿Qué es del sabio? ¿qué del escriba? ¿qué del escudriñador de este siglo? ¿no ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Porque por no haber el mundo conocido en la sabiduría de Dios á Dios por sabiduría, agradó á Dios salvar á los creyentes por la locura de la predicación. Porque los Judíos piden señales, y los Griegos buscan sabiduría: Mas nosotros predicamos á Cristo crucificado, á los Judíos ciertamente tropezadero, y á los Gentiles locura; Empero á los llamados, así Judíos como Griegos, Cristo potencia de Dios, y sabiduría de Dios (1 Corintios 1:17-24).
En otras palabras, no nos ha enviado Cristo a coincidir, ni a crear polémicas de interés, sino a predicar la palabra de la cruz, la cual es locura a los que se pierden; mas a los que se salvan es potencia de Dios... Mas nosotros predicamos a Cristo crucificado, a algunos tropezadero y a otros locura. Empero a los llamados a coincidir en la cruz de Cristo, él es potencia de Dios, y sabiduría de Dios.
Creo que con su mención de Lutero usted me presenta con un gentil desafío a convencerlo solo con las Escrituras. Nuestro ministerio no es de convencer. Esa obra la hace el Espíritu Santo. Nuestra obra es dar testimonio de que Jesús en la cruz pagó la deuda por nuestros pecados para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Fue por esta misma convicción que Lutero llegó a la conclusión que SOLA SCRIPTURA enseñaba la salvación por la fe. Todo lo demás era de obras. Únicamente la Escritura enseñaba con toda claridad que la justicia de Dios era esa misma justicia con la que el creyente era justificado una vez y para siempre por la fe para salvación. Solamente la Escritura enseñaba ese evangelio, el único evangelio, la única buena nueva para todo pecador.
Para Lutero, la norma de SOLA SCRIPTURA estaba vinculada a las otras “SOLAS” que él enunció como parte de la Reforma Protestante: SOLA FIDE, SOLA GRACIA, SOLO CRISTUS, SOLA SCRIPTURA. Todas estos principios formaban una sola unidad indivisible, indisoluble.
Si usted quiere citarme a la SOLA SCRIPTURA de Lutero tiene que citarme TODAS las otras SOLAS, porque si uno quiere afirmar su pasado en la Reforma Protestante, uno no puede separar una de la otra.
De hecho Lutero llegó a la norma de SOLA SCRIPTURA como resultado de haber visto en las Escrituras que la salvación era solo por la fe, solo en Cristo, y solo por su gracia.
Ante las afirmaciones de Lutero, el papado no se mantuvo en silencio.
El papado respondió que la iglesia iglesia Católica Romana interpretaba las Escrituras de acuerdo a las Escrituras. Ellos tenían su norma de interpretación basada en Mateo 16:18,19. Enseñaban que Pedro había sido designado la Piedra sobre la cual Cristo edificó su iglesia. El papado alegaba que a Pedro, como el primer obispo de la iglesia de Roma, se le había dado las llaves del reino de los cielos y la potestad de ligar en el cielo y en la tierra. De allí que todos los sucesores del obispado de Pedro, tendrían los mismos poderes. Uno de esos grandes poderes era la potestad de interpretar las Escrituras. De tal modo que el papado alegaba apoyarse en las Escrituras para salirse fuera de las Escrituras y apoyarse en las bulas y los dictados de los papas alegando que sus enseñanzas era la verdadera doctrina. De esa manera mantuvieron al pueblo en oscuridad, reteniendo el control sobre las almas de los creyentes, y haciendo de la Palabra de Dios un gran negocio.
La misma norma que usó y ha usado la iglesia Católica Romana es la misma norma que ha usado la iglesia Adventista alegando que también se apoya en SOLA SCRIPTURA. La iglesia Adventista se apoya en las Escrituras para interpretar un texto clave con el pretexto de salirse fuera de las Escrituras. La iglesia Adventista enseña que según Apocalipsis 19:10 “el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”. De allí dan un gran salto y dicen que “el espíritu de la profecía es Elena White”. Con ese salto se salen de la Escritura afirmando al mismo tiempo que tienen el apoyo de las Escrituras para hacerlo. Es lo mismo que ha hecho la iglesia Católica Romana: ha interpretado a Mateo 16:18,19 diciendo que Pedro es la Piedra de la iglesia, que se le ha entregado las llaves del reino, incluyendo la llave de interpretar las Sagradas Escrituras.
Por más que proteste el adventismo, el adventismo tiene mucha más afinidad con el catolicismo romano que con el Lutero de la Reforma Protestante. En los debates de Lutero vs. la iglesia Católica, la iglesia Adventista hubiera dado su apoyo a la norma del papado: de usar el texto bíblico para salir fuera de la Biblia, e interpretar las Escrituras apoyándose en “una fuente de autoridad” externa o fuera de la Biblia. Para el papado la fuente externa era “la autoridad papal” de ser los únicos intérpretes de la Escritura. Para el adventismo la “fuente de autoridad” externa fuera de la Biblia son los escritos de Elena White.
Pero volvamos a Lutero.
Como buen monje, Lutero trataba de aceptar esa norma de interpretación y las correspondientes doctrinas de la iglesia, las cuales eran las enseñanzas de los papas interpretando las Escrituras. Pero al comenzar a estudiar las Escrituras en sus idiomas originales, se daba cuenta que los papas estaban equivocados o que torcían las Escrituras.
Por ejemplo, según la interpretación papal, Mateo 4:17 rezaba así: “Desde entonces comenzó Jesús á predicar, y á decir: Hagan penitencia, pues el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). Con esa traducción equivocada, la iglesia robaba a la hermandad, las humillaba, y las mantenía bajo continuo control, pues era la iglesia quien disponía cuánta penitencia debían hacer por qué pecados, y qué tipo de penitencia. De esta manera mantenían al pueblo en una esclavitud continua porque nunca se podía hacer suficiente penitencia para merecer el perdón. Siempre ponían el perdón de Dios un poco más allá del alcance para mantener al pueblo trayendo ofrendas, cumpliendo con obligaciones, promesas, y penitencias que ni ellos mismos podían cumplir.
Lutero se dio cuenta de la gran diferencia en lo que en sí decían las Escrituras, y el giro que le daba la interpretación papal a la Escritura.
Pero la frase que más perturba a Lutero era Romanos 1:17. “Porque en él [en el evangelio] la justicia de Dios se descubre de fe en fe; como está escrito: Mas el justo vivirá por la fe” (Romanos 1:17).
Según la interpretación papal, el evangelio era “la enseñanza de la iglesia”. En ese evangelio se manifestaba “la justicia de Dios”. La interpretación papal era que esta justicia era la justicia retributiva de Dios que castigaba el pecado. En otras palabras, que el evangelio (la enseñanza de la iglesia) enseñaba que la iusticia Dei (la justicia de Dios) era la potestad o justa autoridad que Dios tenía en sí de castigar el pecado, y que todo aquel que tenía la fe para practicar la penitencia que dictaba la iglesia y los méritos que se ofrecían mediante la participación en los sacramentos sería hecho justo, o santificado, a tal punto que en cierto momento dado, viviría o sería salvo.
Lutero no podía reconciliar “el evangelio” o las “buenas nuevas de Dios” con un Dios que castigaba y que se complacía en que la gente purgara sus pecados mediante obras para lograr la santificación y hacerse justos ante Dios.
Para Lutero creer y tener fe no podía ser “hacer penitencias y obras meritorias para ser hecho justo”.
La iglesia según la doctrina papal enseñaba que primeramente una persona lograba su santificación mediante penitencias y obras meritorias usando la fe, y luego se le concedía la salvación.
Lutero relata su experiencia en la torre de su convento, en donde había estado luchando en oración por comprender estos pasajes de Romanos 1:16,17.
Finalmente vio esclareciéndose ante sus ojos la Escritura misma interpretándose a sí misma. “La justicia de Dios” no era esa “justicia retributiva o punible”, de la cual él tenía que vivir atemorizado haciendo penitencia para aplacar la ira de Dios.
“La justicia de Dios” era ciertamente justicia que se le concedía gratuitamente a todo aquel que por la fe la recibía. Al recibirla, el pecador era declarado “justo por la fe”, ¡aparte de cualquier penitencia, u obra meritoria o santificadora que pudiera lograr!
De allí que se suscitó la gran contienda entre Johann Eck representado al papa, y Lutero. Eck defendiendo a la doctrina papal de la salvación afirmaba que Dios no puede declarar justo algo que en sí no es justo. Primeramente la persona tiene que ser justa. Esa justicia solo se puede lograr mediante la participación en las penitencias y sacramentos requeridos por la iglesia. Dios solo puede declarar justo lo que ya ha sido hecho justo.
Lutero afirmaba que Dios en su justicia declaraba justo a todo aquel que aunque no era justo recibía esa justicia por la fe. Dios en su justicia justificaba al pecador que creía que Dios precisamente le regalaba esa justicia. Dios justificaba al pecador “por fe y para fe” aparte de las obras de la ley.
La justicia de Dios era una justicia “ajena” al creyente. Era la misma justicia de Jesucristo, Hijo de Dios, Hijo del hombre.
Lutero respondía que al igual que Pablo no se avergonzaba del evangelio, “porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree: al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:16,17).
Lutero vio que las Escrituras aquí se interpretaban a sí mismas. “La justicia de Dios” no se revelaba como castigo sino como un don recibido “por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:16,17).
De allí que Lutero comprendió otro principio que apoyaba a SOLA SCRIPTURA:
Scriptura sui ipsius interpres
Es decir, que la Escritura es su propio intéprete.
Para Lutero, esa norma quería decir que la Escritura tiene una norma interna que era la clave para toda su interpretación. Esa norma, esa clave, que estaba dentro de la Escritura y que era la clave para interpretar a su totalidad era Cristo. El principio que “la Escritura es su propio intérprete” tiene un sentido exclusivamente Cristo-céntrico. No apunta a la metodología que me enseñaron en el seminario Adventista, que un texto por aquí aclaraba lo que decía otro texto por allá. No. Quiere decir que este texto que hay aquí, cuando se conoce la manera en que señala a Cristo como la justicia de Dios y el perdón que concede a los pecadores mediante la fe, aclara a otro texto de la misma manera. Esa era la norma interna que interpretaba a la Escritura.
De tal modo que para Lutero el Antiguo Testamento anunciaba la justicia de Dios recibida por la fe, y el Nuevo Testamento proclamaba que esa justicia de Dios ya había sido dada en Jesucristo, e invitaba a los pecadores a recibirla por la fe.
Todo tenía que ver con Cristo. Para Lutero toda la Escritura era un círculo y su punto concéntrico era Cristo. Para Lutero había una sola doctrina: La justicia por la fe, la verdad que la justicia de Cristo justifica al pecador, y que esa es la justicia de Dios que se da a conocer en el evangelio. No es la justicia que lo hace justo, sino la ¡justicia que lo declara justo!
El adventismo es un retroceso al antiguo catolicismo contra el cual luchó Lutero pues el adventismo enseña que en el Juicio Investigador solo aquel en quien el “caracter de Cristo haya sido perfectamente reflejado” (Elena White), es quien será aprobado por Cristo y sus pecados perdonados. De otra manera será reprobado y quedará entre los perdidos. De tal modo que la justicia de Dios es vengativa, y solo salvadora cuando se manifiesta cuando es hecha o perfeccionada en el creyente.
Según el adventismo, la justificación por la fe se da en un instante, pero dura solamente un instante.
Según el adventismo, solamente por un instante queda el pecador perdonado y solo por sus pecados pasados. De allí en adelante, su justificación será por lo que logre en santificar su carácter. La justificación se fusiona con la santificación y deja de ser justificación. Esa es la gran presunta contribución de la doctrina adventismo a la Reforma Protestante.
El adventismo es el antiguo argumento de Johann Eck contra Lutero repetido en esta época moderna.
Es un gran engaño pues intenta restarle poder a la justicia de Dios dada al pecador en Cristo Jesús. De veras que es un engaño maestro. Es una fábula ciertamente por arte creada. Señala como autor al padre de mentiras, pero éste ya ha sido derrotado para siempre por la sangre de Cristo. La victoria contra el padre de mentiras está en que la sangre de Cristo derramada en la cruz ya ha perdonado y justificado a todo pecador que cree en él. Pero el padre de mentiras en su ira sigue engañando a los pecadores para lograr su perdición cuando ya todo ha sido consumado, pagado, y cumplido para su salvación en la preciosa justicia de Dios en Cristo Jesús. Esta victoria de Cristo se concede gratuitamente a todo pecador que sencillamente cree en el evangelio: que en Cristo ha sido justificado una vez y para siempre, y nada ni nadie lo podrá arrancar del seno del Padre.
Es necesario que la verdad se conozca, pues “conoceréis la verdad, y la verdad os libertará” (Juan 8:32).
Me da un gran gusto compartir estos pensamientos con usted. Aprecio su gentileza y cortesía en el Señor Jesucristo.
En la gracia del Señor Jesús, y que te acompañe la presencia del Espíritu Santo en todo momento con las preciosas bendiciones de la cruz,
Haroldo Camacho, pastor del evangelio eterno Pastor ex-adventista
11 de septiembre 2007
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