|
Hace un tiempo, escribí mi testimonio y contaba como mis hermanos, a pesar de crecer en un hogar adventista, nunca quisieron participar en los cultos ni cuando recibíamos el sábado. Siempre hubo una pared que impedía que pudiéramos participar todos de estos momentos tan importantes para nosotros, como adventistas. El fin de semana pasado, fui a visitar a mi madre, y le expliqué lo que era amar a Cristo en libertad e invitamos a mis hermanos a leer la Biblia sin prejuicios. Leímos a Gálatas. Mi madre estaba feliz de que mis hermanos compartieran con nosotros lo mismo su hermana, que es la maestra de escuela sabática, pianista y diaconisa de una iglesia muy chiquita del pueblo de Bulnes. El Espíritu Santo hizo su obra. Estábamos conociendo un nuevo evangelio, bastante diferente al que estábamos acostumbrados. Seguir a cristo en libertad. Al descubrir en la palabra de Dios que todos podíamos ser salvos por gracia, y era un regalo de Jesús que murió por nosotros, para todo aquel que tuviera Fe en El, el obstáculo desapareció, reencontrándonos como familia y sabiendo que todos los que creemos en el sacrificio de Jesús en la Cruz, pertenecíamos a su iglesia. Desapareció la soberbia de afirmar que la iglesia Adventista era la verdadera, etc. que era el verdadero obstáculo para unirnos en la fe. Mi tía, estaba muda, todos los argumentos tantas veces usados para defender la doctrina adventista y por sobre todo para defender los errores que escribió la Sra. White, no servían. El sello de Dios con los cristianos ya no era el sábado, sino el Espíritu Santo, y Jesús no había entrado al lugar Santísimo el siglo XIX sino que hace dos mil años cuando Jesús al morir en la cruz dijo: Consumado es y resucitó el tercer día para luego sentarse a la diestra de Dios Padre. Mi mamá aceptó humildemente que había estado ciega por tantos años, pero que sabía que todo lo que nos había pasado en ese momento era obra del Espíritu Santo. A mi tía le costó más asumir que la iglesia adventista era un reflejo de la hna. White y no necesariamente de Cristo. Ahora ellas seguirán en su pequeña iglesia pero dando a conocer a Jesús sin agregados. No me canso de dar gracias a Dios por sacarnos la venda de los ojos.
Patricia Quijada 30 de agosto 2007
|