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Hay muchos hermanos que anualmente se separan de la iglesia Adventista del séptimo día. En la asociación general de la iglesia Adventista de julio 2005, Bert Haloviak, director de los registros y estadísticas de la iglesia mundial, rindió el siguiente informe. ...casi 1.5 millones salieron de las filas de la iglesia del 2000 al 2005. El significado para este quinquenio es que por cada 100 almas ganadas, hay más de 35 que deciden irse. Esa cifra sobrepasa considerablemente a las 24 de cada 100 ganancias que se informó en nuestra última sesión del año 2000...1
Esta cifra se pude interpretar como si una iglesia de 821 miembros se separa de la iglesia Adventista ¡cada día alrededor del mundo!
Cuando yo era pastor y dirigente Adventista al leer estas estadísticas por supuesto que junto con mis colegas nos sentíamos asombrados. Pensábamos que la razón por tales pérdidas era la mala preparación de los candidatos para el bautismo por los pastores y los evangelistas. También pensábamos que sencillamente estas personas habían “apostatado” porque obstinadamente se rebelaban contra Dios y la verdad.
Siempre echábamos la culpa a factores fuera de nuestro control: “El dragón sigue haciendo guerra contra la iglesia verdadera”. “El enemigo está sembrando cizaña”. Sin embargo, nunca nos deteníamos a repasar nuestro mensaje críticamente a la luz de las Sagradas Escrituras. Dábamos por sentado que éramos la iglesia verdadera y todas las demás eran iglesias apóstatas.
Nuestra respuesta a las pérdidas siempre fue más evangelismo, más campañas, más incentivos, nuevos programas, más dinero invertido en estaciones de radio, televisión, más alicientes y premios a los pastores “centuriones” (los que ganaban 100 o más almas a la iglesia por año).
Nuestra respuesta a los que se habían ido de la iglesia era pedir a los hermanos que invitaran a los hermanos “descarriados” a volver a las campañas, a rebautizarse, y a colmarlos de culpa y temor por haber dejado “la iglesia remanente”.
No obstante, la mayoría de los pastores y los dirigentes estábamos muy al tanto que existían corrientes en el mismo pastorado y entre algunos teólogos de nuestros colegios y universidades que con mucho tacto y diplomacia nos llamaban a una postura evangélica del mensaje Adventista. Nos mostraban los problemas que habían existido con los escritos de Elena White, las profecías de los 2300, la contradicción entre el “juicio investigador” y la obra consumada de Cristo en la cruz, entre otros problemas doctrinales. Otros abiertamente protestaban como Lutero y Calvino en la Reforma Protestante a favor del evangelio denunciando la postura sectaria y cúltica de la iglesia Adventista.
Era a estos últimos a quienes más culpábamos por la pérdida de miembros de la iglesia. Estábamos ciegos a que eran estos valerosos reformadores de la actualidad que tenían la respuesta a los problemas del evangelismo de la iglesia. Sin embargo, nuestra reacción como líderes de la iglesia fue despedirlos sumariamente del ministerio y de la iglesia, y seguir evangelizando con “las verdades Adventistas”. En otras palabras, seguir haciendo lo mismo, y lo mismo, y lo mismo.
La iglesia – cualquier iglesia que se diga ser evangélica – tiene que preguntar: ¿Por qué razón predicamos el evangelio?
La mayoría de las iglesias predican para bautizar a feligreses y aumentar los números de sus iglesias, lo que significa aumento en ganancias financieras.
Muchos de los dirigentes de las iglesias saben que la predicación religiosa es un buen negocio: predicar culpa, perdición, amenazas, catástrofes, tragedias y muchas otras condenaciones es buen negocio. El negocio mejora cuando esa organización se presenta como la única que puede librar de tales males, siempre y cuando sus feligreses sean fieles a las doctrinas y enseñanzas de la iglesia y apoyando a la iglesia con su dinero. Para que el negocio no se caiga, siempre hay que recalcarle a la hermandad, que todavía no ha llegado a cumplir tan estrictamente como debiera, que siempre tienen algo más que cumplir, y todos estos requisitos están bajo el control de los dirigentes y pastores que siempre piden algo más para que los creyentes piensen que tal vez puedan estar a paz y salvo con Dios, siempre y cuando cumplan con un reto o un desafío más en sus vidas personales y financieras....
Este es el mensaje que se escucha de muchos púlpitos hoy, no solo de la iglesia Adventista sino de muchos otros púlpitos que se dicen ser evangélicos pero que predican el mensaje de “Prosperidad y Salud” siempre y cuando estén cumpliendo con las metas y objetivos de crecimiento financiero y de feligreses...
¿Cuál entonces, es la predicación de la iglesia? Cristo anunció la misión de la iglesia y sus palabras quedaron plasmadas por los evangelistas. El anuncio más conocido es el de Mateo 28:20. “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”
El evangelista San Marcos escribió algo parecido:
“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:15,16).
San Lucas, termina igualmente su evangelio con palabras similares, pero con un énfasis que diera Jesús que aclara los otros mandatos.
Y él les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos. Entonces les abrió el sentido, para que entendiesen las Escrituras; Y díjoles: Así está escrito, y así fué necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones, comenzando de Jerusalem. Y vosotros sois testigos de estas cosas. Y he aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros: mas vosotros asentad en la ciudad de Jerusalem, hasta que seáis investidos de potencia de lo alto” (Lucas 24:44-49).
¿Cómo interpretan las iglesias el mandato evangélico? Por lo general las iglesias interpretan el mandato evangélico desde su propia perspectiva para favorecer sus propios intereses.
Mateo 28:20 Según la Iglesia Adventista
“Id, y haced discípulos a todas las naciones”. Esta frase se ha interpretado, por ejemplo en la iglesia Adventista, que “discipular” a un creyente es instruirle cabalmente en las doctrinas y prácticas de la iglesia. Necesita aprender a guardar el sábado, a estudiar su folleto de la Escuela Sabática siete días a la semana, a leer diariamente su matutina (preferible si se aprende los versículos de memoria), a comprar y leer los libros de Elena White, a comer limpio, a aprender a diezmar, a salir a hacer la obra misionera, a enviar a sus hijos a las escuelas adventistas, y otras prácticas más. Todo esto incluye ser un buen discípulo. El pastor que logra todo esto en sus miembros se considera es un buen pastor que está cumpliendo la misión de “discipular” a los creyentes.
“Bautizándolos...” Una vez que el creyente ha sido discipulado, entonces está listo para ser “bautizado”. Aunque es bautizado en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, la realidad es que el creyente es bautizado en el nombre de la iglesia Adventista del séptimo día, porque si el creyente llega a dejar la iglesia, se alega que su bautismo queda nulo. De nada valió ser bautizado en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, porque al separarse del nombre de la iglesia los otros nombres quedan nulos. A los que salen de la iglesia se les dice que sus nombres también han “sido borrados del libro de la vida”. Cuando fueron borrados por la iglesia, la misma Trinidad tuvo que borrarlos. De tal modo que el nombre de la iglesia Adventista tuvo ascendencia sobre la misma Trinidad.
“Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”. Para los adventistas esta frase significa guardar la ley de Moisés y todas las cosas que Dios ha mandado al pueblo adventista mediante los escritos de Elena White. Estas enseñanzas se encuentran en los diferentes estudios bíblicos con los que preparan a sus candidatos, pero se encierran en las 28 Creencias Fundamentales de la iglesia. Las cosas que manda la iglesia se igualan con las cosas mandadas por el mismo Señor Jeuscristo.
En toda mi experiencia en todos mis años de educación en las escuelas adventistas, universidades, seminario de Andrews, talleres pastorales, talleres y conferencias de evangelismo JAMÁS escuché a maestro, profesor, pastor, evangelista, dirigente, o cualquier otro representante de la iglesia explicar el mandato evangélico de Mateo 28:20 a la luz de la cruz de Cristo. Es decir, en ningún momento escuché que el mandato evangélico tenía conexión directa con la cruz de Cristo, y su sacrificio a favor de los pecadores derramando su sangre para limpiarnos de todo pecado. SIEMPRE el mandato evangélico estuvo atado, conectado, vinculado a la misión particular de la iglesia Adventista de promover sus doctrinas particulares.
Marcos 16:15,16 Según la Iglesia Adventista
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. La iglesia Adventista necesita tener una organización mundial a fin de predicar las buenas nuevas del mensaje Adventista difundiéndolo por todos los países del mundo en todos los idiomas.
“El evangelio”: Esta es la frase clave. “El evangelio” se interpreta como una serie de enseñanzas que si el bautizado las practicas le dará bienestar, salud, y prosperidad en esta vida, y siempre y cuando no desista, si Dios quiere, si no ha fallado, si la tendencia de su vida ha sido hacia el bien, pues entonces – según el juicio investigador – se le concederá la vida eterna. “El evangelio” es una serie de enseñanzas, doctrinas, y prácticas que siempre y cuando se practiquen al pie de la letra pondrá al creyente en tal postura ante Dios que Dios en su misericordia pudiera pasar por alto sus pecados – pero se tendrá que ver – no hay garantía alguna, no hay seguridad. La salvación es una posibilidad, la cual se le suplica y ruega a Dios casi en cada oración que se conceda: “Y cuando vengas en tu reino, que puedas tener misericordia de nosotros, y al fin en ese día final podamos escuchar tu voz que nos diga, ‘Bien, buen siervo y fiel, sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré, entra al gozo de tu Señor.’”
Lucas 24:44-49 Según la Iglesia Adventista
Curiosamente, este pasaje no figura entre los pasajes importantes que fundamenta la misión evangélica de la iglesia Adventista. Nuevamente, jamás escuché este pasaje de San Lucas relacionado a la misión de la iglesia Adventista. JAMÁS.
El anuncio evangélico de San Lucas y Marcos explica y aclara el mandato en Mateo
El pasaje de San Lucas abre las ventanas y deja entrar la luz del evangelio al evangelio de Mateo.
Y él les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos. Entonces les abrió el sentido, para que entendiesen las Escrituras; Y díjoles: Así está escrito, y así fué necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones, comenzando de Jerusalem. Y vosotros sois testigos de estas cosas. Y he aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros: mas vosotros asentad en la ciudad de Jerusalem, hasta que seáis investidos de potencia de lo alto” (Lucas 24:44-49).
Fíjese en la similitud de estas palabras:
Lucas 24:44 = “Estas son las palabras que os hablé... que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí...” Marcos 16:15 = “predicad el evangelio” Mateo 28:20 = “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”
Teniendo en cuenta estos versículos, ¿Cuáles fueron todas las cosas que Jesús mandó que sus discípulos guarden y que hay que enseñar?
1. Que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que “están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos. Entonces les abrió el sentido, para que entendiesen las Escrituras; Y díjoles: Así está escrito, y así fué necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones, comenzando de Jerusalem. Y vosotros sois testigos de estas cosas” (Lucas 24:44-49).
Las Escrituras no enseñan una cosa en un lado y otra cosa en otro. Todas están relacionadas y tienen un mismo tema: que Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Su vida, muerte, y resurrección es el cumplimiento de todas las escrituras del Antiguo Testamento.
¡La predicación de la iglesia tiene que ver directa y exclusivamente con la vida, muerte, y resurrección de Jesús! Este es el “mensaje especial” de la iglesia cristiana. Si la iglesia cristiana no proclama a viva voz este mensaje no hay ninguna otra entidad que se interese o encargue de hacerlo.
2. Que la predicación del evangelio es anunciar un suceso ya cumplido, no de algo que todavía resta por cumplirse.
De hecho, la palabra evangelio significa “buenas nuevas”, y viene de la palabra hebrea “Bashar”. Bashar era el grito de la victoria del rey. Cuando un rey derrotaba al enemigo, enviaba al mensajero a la ciudad con una sola palabra: ¡Bashar! En una sola palabra se encerraba todo un mensaje: ¡El rey ha ganado una gran victoria! ¡El rey nos ha dado una gran victoria! ¡El rey ha derrotado rotundamente al enemigo! ¡El rey es Salvador! ¡Gloria al rey! ¡Somos salvos por la victoria del rey!
En ningún momento se usaba la palabra Bashar para hablar de algo que todavía estaba por ocurrir. Jamás. Bashar siempre era el anuncio de una gran batalla ganada por el rey a favor de su pueblo moribundo asediado dentro de una ciudad sitiada.
Bashar siempre proclamaba una victoria ajena al salvado – era solamente la victoria del rey, en la cual los salvos recibían por fe la noticia de lo que el rey había hecho a su favor.
Jesús ordenó a su iglesia que “predicara el evangelio”, que anunciara su victoria sobre el pecado, la derrota de la muerte sobre los pecadores mediante el derramamiento de su sangre en la cruz – su campo de batalla - .
El gran grito y mensaje especial de la iglesia cristiana es que todo pecador tiene salvación mediante la sangre de Cristo derramada en la cruz para darles vida eterna, y que esa salvación se recibe una vez y para siempre mediante la fe. Por eso es una gran victoria. Porque el pecador es salvo aparte de sus obras. El pecador es salvo mediante la gran obra de Jesús en la cruz del Calvario haciéndose pecado y tomando en su cuerpo la horrenda destrucción y castigo de la muerte eterna – a favor de todo pecador – ¡sin excepción! No hubo ni pecador ni pecado tan grande por el cual la sangre de Cristo no tiene plena eficacia para limpiar. Mediante su sangre todo pecador queda eternamente limpio ante Dios – y para siempre. ¡Alabado y glorificado sea el nombre del Señor Jesús!
Ese es el mensaje de la iglesia cristiana. No hay otro, ni tiene que inventarse ningún otro mensaje especial. Es su único mensaje.
3. El mandato evangélico significa que el verdadero discipulado es seguir como discípulo tras la vida, muerte y resurrección de Jesús.
El “hacer discípulos” significa relatar, explicar, predicar, enseñar todo lo que Jesús significa para el pecador: desde las profecías que anunciaban la venida de Jesús, llegando a su encarnación y nacimiento, pasando por su vida perfecta, estudiando sus enseñanzas de una vida pura y santa, una “justicia superior” a la de los hombres, las normas de vida que señalaban a su vida santa, justa, recta y sobreabundante de amor, comiendo con él en la Cena del Señor, siguiéndolo en su juicio injusto, acompañándolo en el Getsemaní, subiendo con él al Calvario, arrodillado ante él al pie de la cruz, asombrado de alegría por su resurrección, tocando sus manos y sus pies, y recibiendo el Espíritu Santo para ser capacitados de predicar a otros ese mensaje. El discipulado tiene que ver con la vida de él, y no con la nuestra. El discípulo se pierde en la vida de su maestro, y no en la suya. El discípulo desestima su propia vida para darle valor a la vida de su Maestro. Eso es lo que significa “hacer discípulos” en la iglesia cristiana. Que todos sus seguidores alaben sus grandes obras, que sean aquellos que anuncian las virtudes de Aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9).
4. El anuncio del evangelio se da con Escritura en mano: El mismo Jesús no se anunció como el Mesías aparte de las Escrituras. Él mostró con las escrituras del Antiguo Testamento como Moisés, los salmos y los profetas anunciaban su sacrificio. Jesús no quería que nadie predicara algún otro evangelio por cuenta propia, teniendo visiones propias, mensajes diferentes o añadiendo a los que se encuentran en las Escrituras. Y aun así, todas las Escrituras se tenían que interpretar a la luz de su vida, muerte, y resurrección, a fin de predicar “en su nombre el arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones”.
Dijo Jesús a sus discípulos “Vosotros sois testigos de estas cosas”. El evangelio, las buenas nuevas del perdón de los pecados no se puede predicar aparte del testigo. Uno no puede dar testimonio de lo que otro dice, sino de lo que uno mismo vio y sigue viendo en las Escrituras al seguir como discípulo a Jesús.
Una vez una querida hermana en la iglesia Adventista, al par que le explicaba yo este mensaje de la cruz, me detuvo y me preguntó, “¿Entonces, todo lo que ustedes predican es la cruz de Cristo?” A lo que respondí: “Precisamente, a ‘Cristo y este crucificado’”. “Ah, bueno”, dijo ella. “Lo de la cruz de Cristo lo puedo predicar yo en cinco minutos. Y ¿qué tal de todo lo demás que predica la iglesia Adventista? La educación de los niños, la santificación, la reforma pro-salud, la familia, el santo vivir? ¿Dónde queda todo eso?”
Hay más poder para una vida piadosa en cinco minutos de ver a Cristo derramando su sangre en amor por nosotros para el perdón de nuestros pecados, que en 2.000 años de la predicación de la ley.
“Por tanto nosotros todos, puestos los ojos como en un espejo en la gloria del Señor con cara descubierta, somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).
Esa gloria es la gloria de Cristo, y éste crucificado.
Predicarlo a él y solo a él es la misión de la iglesia.
Esta fue la predicación de los discípulos el día del Pentecostés que compungió los corazones de las multitudes.
Y cuando se predica solo a Cristo, el Señor añade “cada día á la iglesia los que han de ser salvos”. En esta predicación, no hay preocupación por si se bautizan o no se bautizan, por si se ganan o se pierden. El único cometido es predicar a “Cristo , y éste crucificado” (1 Corintios 2:2).
Esta es la predicación del apóstol Pablo, y la nuestra también.
Esta es la palabra de fe, la cual predicamos: Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia; mas con la boca se hace confesión para salud. Porque la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia de Judío y de Griego: porque el mismo que es Señor de todos, rico es para con todos los que le invocan: Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues invocarán á aquel en el cual no han creído? ¿y cómo creerán á aquel de quien no han oído? ¿y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio de la paz, de los que anuncian el evangelio de los bienes! Mas no todos obedecen al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído á nuestro anuncio? Luego la fe es por el oir; y el oir por la palabra de Dios (Romanos 10:8-17).
¿Hay alguien en la iglesia Adventista que ha creído que el evangelio es un anuncio?
Entonces que lo predique.
¿Hay alguien que lo haya escuchado?
Entonces que tenga fe.
¿Hay alguien que haya puesto su fe en Jesús?
Entonces será salvo.
¿Hay iglesia que pierde miembros?
Que predique a Cristo, y éste crucificado.
Y el Señor añadirá cada día a su iglesia los que prediquen, los que crean y los que sean salvos.
Haroldo Camacho, pastor del evangelio de Jesucristo Ex-pastor Adventista
11 de agosto 2007
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