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El Adventismo se opone al evangelio |
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Un análisis evangélico del discurso en 2002 “El Panorama Teológico” de Jan Paulsen ante el Biblical Research Committee y líderes mundiales de la iglesia Adventista del séptimo día Haroldo S. Camacho, Ph.D. Fui ASD. Nací en cuna Adventista. Mi padre fue pastor ASD, evangelista, y presidente de campo. Toda mi educación básica fue en planteles educativos Adventistas, incluyendo el Magíster en Divinidades en el Seminario Adventista de la Universidad de Andrews, Michigan (M. Div. 1972). Siguiendo en los pasos de mi padre, también fui pastor, misionero, evangelista, director departamental (Jóvenes: Misión Peruana del norte 1975-1977), profesor de teología (CESU: Lima, Perú 1978-1980), y finalmente Secretario (vice-presidente) de una las Asociaciones de mayor feligresía en norte-América.[i] Cuando fui entrevistado para fungir como Secretario de Asociación, dejé en claro que mi tarea constituiría en proveer alternativas en razonamientos, planificación, y la visión de la iglesia en función de su misión. La junta de nombramientos que me entrevistó me respondió que eso era precisamente lo que deseaban fuera mi contribución a la administración de ese campo. Por aquel entonces ya me sentía muy atraído al mensaje del evangelio tal cual lo exponía el apóstol Pablo. De tal modo que tenía la esperanza de proveer alternativas en los planteamientos teológicos de la misión y el evangelismo de la iglesia. De hecho, el mensaje de la justificación por la fe ya me había estado atrayendo con lazos de amor desde mis días en el seminario de Andrews. Nos habían dado una asignatura de lecturas en Lutero y Calvino a fin de que pudiéramos ver que ellos habían manifestado apoyo a la observancia del séptimo día sábado. Aunque tuve que leer más que entre líneas para ver tal apoyo, me detuve para devorar el maravilloso Comentario de Romanos de Lutero, sus escritos de los Salmos y otros tocante a la Justicia de Dios manifestada en Jesucristo como el evangelio de Dios. Estos escritos me conmovieron y aunque a veces veía reflejos de algunos de esos temas en los escritos de Elena White, luego encontraba otros que los negaban por completo. Sin embargo, el mensaje de salvación tal cual lo comenzaba a entender a partir de los evangelios y las epístolas, me alentaron a seguir en el ministerio. Esperaba construir sobre el ministerio de mi padre en la iglesia ASD, pues recordaba que sus mensajes más elocuentes y poderosos se enfocaban en la cruz de Cristo. También recordaba que él trataba de apoyarse solamente en las Escrituras en su enseñanza y predicación. Al igual que muchos Adventistas en la actualidad y otros que han salido de la iglesia, por años pensé que la dirigencia de la iglesia de por sí se daría cuenta que el único camino para lograr el tan añorado “reavivamiento y reforma” y la tan predicada “lluvia tardía” sería mediante la predicación del mensaje de la justificación por la fe mediante los méritos de la vida y muerte de Cristo, y su gloriosa resurrección dados como el don de la vida eterna a todos los que creen en él. Este era mi anhelado secreto al emprender el ministerio, y a lo largo de los años al laborar mano a mano con un sinnúmero de pastores, misioneros, y laicos en la misión de la iglesia. Dediqué 20 años de mi vida al ministerio de la iglesia ASD abrigando la esperanza que la iglesia reorientaría su ministerio y teología hacia la cruz de Cristo y la justificación de pecadores lograda por sus gloriosos méritos. Cuando acepté la responsabilidad de Secretario de Asociación en 1988, lo hice esperanzado que pudiera lograr tener algún impacto en la teología de la iglesia mediante mi influencia, los dones, y el ministerio de predicar y enseñar la cruz de Cristo. Recuerdo que pasadas pocas semanas en mi función de líder en la Asociación, participaba en una junta de planificación de los dirigentes administrativos. El tema que se trataba pedía que cada uno rindiera sus ideas que sirvieran de estímulo a los pastores en su labor de lo que llamaban “ganancia de almas”. Tildaban esta labor como la predicación del evangelio. Sugerí que tal vez sería una buena idea invitar a nuestros pastores a un retiro espiritual para estudiar como tema único lo que era el evangelio. Afirmé que si tan solo nuestros pastores pudieran llegar a comprender en común acuerdo lo que era el evangelio, pudieran tener más entusiasmo por el evangelismo y la predicación del evangelio. Para mi gran sorpresa, mi idea fue recibida por los otros administradores con un rotundo e inmediato silencio. Enseguida pasamos al siguiente asunto de la agenda. Después de la reunión, un líder importante de la administración de la iglesia llegó a mi oficina. Recuerdo el momento con demasiada claridad. Apuntando y agitando su largo dedo índice en mi rostro me dijo, “Haroldo, hay algo que necesitas saber del trabajo administrativo. Si quieres tener éxito en la administración... [y aquí hizo pausa para dar énfasis a lo que estaba por decir]... si quieres tener éxito en la administración, ¡no tengas nada que ver con la teología! Es la manera más fácil de arruinar tu carrera administrativa”. “Los administradores de éxito”, prosiguió barriendo con su brazo a lo largo de un amplio escritorio, “y lo digo de toda la gama de administración Adventista, ¡no se meten en la teología!” Aun después de terminar, su dedo largo siguió agitándose frente a mi cara. Quedé maravillado. Allí, a sus espaldas, al otro lado de las enormes ventanas de vidrio se divisaba una de las universidades Adventistas más grandes de norte América.[ii] Se podía ver la iglesia, y hasta los edificios del departamento de teología. “Así que así son las cosas en la administración de la iglesia ASD”, dije hacia mí. “Los administradores no se meten con la teología. Una misión teológica sin quehacer teológico. Ajá... ¡qué tamaño de dilema!” Viví con ese dilema y a final de cuentas, el Adventismo no me permitió sobrevivirlo. No obstante, ese dilema sigue asediando a la iglesia Adventista hasta hoy, casi 20 años después de esa mirada por la ventana a través de esa grieta abierta que es la teología Adventista y la administración de la misión de la iglesia. El discurso de Jan Paulsen ante el Biblical Research Committee (Comité de investigación bíblica) y sus invitados en el 2002 sigue poniendo en relieve ese dilema el cual siempre la iglesia ha resuelto a favor del lado administrativo – en toda la gama administrativa – renuente a lidiar con la naturaleza teológica del evangelio de Jesucristo tal cual se lo encomendó a los discípulos. La negativa de la iglesia ASD a su misión teológica presenta un reto al protestantismo evangélico, en donde a mayor o menor grado también se conjuga el mismo dilema, con otros personajes y temas, pero a veces a la raya de denegar la naturaleza básica del evangelio y la iglesia cristiana. Seguidamente, según mi experiencia como un previo líder y administrador de la iglesia ASD, analizaré el discurso de Paulsen, demostrando no solo lo que significa para la iglesia ASD sino para la iglesia evangélica en general. Se pudiera acusar que este análisis esté fuera de fecha. Sin embargo, el dirigente Paulsen fue re-elegido en el 2005, y en dicha capacidad sigue viajando alrededor del mundo afirmando las mismas declaraciones hechas en el 2002.[iii] No presento este análisis con la misma esperanza en la que años atrás anhelaba que la dirigencia de la iglesia pudiera re-orientar su misión teológica. La iglesia ASD manifiesta un círculo cerrado el cual imposibilita el cambio. A pesar que denuncia a otros credos por la presunta ceguera a sus errores, el Adventismo lidera el camino de los que obscurecen el evangelio de Jesucristo y una de las “fábulas por arte compuestas” más sutiles viciando la fe y el discipulado cristiano. Desde que salí del Adventismo he observado cierta norma que rige en toda la teología, administración, obra educativa, evangelismo, y cuidado pastoral Adventista. Esa norma es el mismo principio que opera unificando los escritos de Elena White, no importa las fuentes de las cuales prestó en la preparación de sus obras. Esa norma es esta: El Adventismo afirma cierta verdad en común a fin de denegarla posteriormente con una muy sutil y piadosa falsedad o falsa aplicación de la verdad. Por ejemplo, el Adventismo afirma la obra de Cristo como aquel que cargó con nuestros pecados. No obstante, prosigue a denegar esta verdad con la presunta verdad que en el día final Satanás será quien llevará nuestros pecados como el “macho cabrío expiatorio” quien llevará los pecados de todos. El Adventismo afirma la obra de Cristo como el único mediador entre Dios y el hombre, tan solo para negar esta verdad con la muy sutil y piadosa enseñanza que justo antes de la venida de Cristo, los creyentes tendrán que vivir ante Dios sin Jesús como su único mediador. Sus vidas perfectas serán las que los sostendrán ante la venida del Señor en poder y gloria. De tal modo que la reacción de los creyentes es de desestimar la obra de Cristo como Mediador porque al fin y al cabo, en el momento más importante de sus vidas, a la venida del Señor, ellos tendrán que vérselas sin la intercesión de Cristo ante el Padre. Por lo tanto, si en el futuro en el momento más crítico de sus vidas no necesitarán a Cristo, ¿por qué han de necesitarlo ahora? Esa es la razón por la cual se dedican tan asiduamente al cumplimiento de leyes y reglamentos pasando por alto la sangre y la vida de Cristo a su favor. Háblele a un Adventista de la sangre de Cristo, de su vida, de sus méritos, de su obediencia, del valor de sus méritos, y pronto se aburre y le da la espalda. Háblele a un Adventista de la persecución, de “la preparación para la crisis final”, de la observancia del sábado, de la bestia, de la imagen de la bestia, hasta de la hidroterapia, y lo tiene cautivo por horas. El Adventismo afirma que la Biblia y solo la Biblia es la única norma de fe y práctica para todos los cristianos. Pero entonces prosigue denegando esta verdad afirmando que los escritos de Elena White también son una fuente de autoridad en asuntos de fe y discipulado. Este principio de afirmar para luego denegar satura a todo el Adventismo y se verá que forma el fundamento del llamado de Paulsen a la iglesia ASD por la Unidad Teológica. Escribo este análisis con la esperanza que otros pastores y laicos lleguen a ver que el evangelio de Cristo y el Adventismo no solo se oponen el uno al otro. El Adventismo ciertamente está en las filas del dragón que hizo guerra contra la mujer y su simiente, Jesucristo. El siguiente análisis del discurso de Jan Paulsen lo pondrá en claro. | EL PANORAMA TEOLÓGICO POR JAN PAULSEN Desde el 29 de abril al 8 de mayo del 2002, unos 45 líderes de la iglesia se reunieron considerando el tema “Unidad teológica en la creciente iglesia mundial”. El grupo se conformó por obreros de la Asociación General, la mayoría de los presidentes de las divisiones mundiales, y varios eruditos. La conferencia fue convocada por la Asociación General y organizada por el Biblical Research Institute (Instituto de investigación bíblica). Las deliberaciones se concertaron alrededor de una serie de escritos teológicos. A fin de proveer un ambiente bíblico, la conferencia se citó primeramente en Grecia y luego en Turquía. El grupo intercaló la discusión teológica con visitas a Atenas, Corintio, Estambul, y algunas de las localidades de las siete iglesias mencionadas en Apocalipsis 2 y 3, y finalmente Patmos. Trazando los pasos de Pablo y Juan resultó en una experiencia que inspiró profundamente a los participantes. El presidente de la Asociación General, Jan Paulsen, dio el discurso para establecer la tónica de la reunión. Después de su presentación los líderes allí reunidos pidieron que fuera publicado en la Adventist Review y que también se hiciera disponible como un folleto para repartir por aparte. Por lo tanto, hemos preparado el discurso del pastor Paulsen, “El panorama teológico”, como un adjunto en la Adventist Review y se hizo el arreglo para la impresión de copias adicionales. Los miembros que deseen una copia del discurso deben solicitarlas al Biblical Research Institute, 12501 Old Columbia Pike, Silver Spring, Maryland 20904-6600. – La redacción. | ANÁLISIS Y COMENTARIOS POR HAROLDO S. CAMACHO Estas fechas llamaron mi atención al recordarme de otras por ese mismo tiempo. Entre el 2-4 de noviembre de 2001 en el Simposio Foro del Instituto de Jesús (Jesus Institute Forum), y luego en la reunión de la Asociación de los Foros Adventistas (Association of Adventist Forums) celebrada el 9 de febrero de 2002 en San Diego, California, el recién finado Raymond Cottrell expuso un histórico resultado de sus estudios pertinentes a la doctrina del santuario de la iglesia Adventista. Para los que desconozcan el nombre de Cottrell, él fue el redactor principal del Comentario Bíblico Adventista, pastor, misionero, y al jubilarse, incansable investigador y asesor de numerosas juntas y administradores Adventistas alrededor del mundo. Su lealtad a la iglesia Adventista se mantuvo incuestionable hasta su muerte. No obstante, su exposición histórica rompió filas con la interpretación tradicional Adventista de Daniel 8:14, los 2.300 días, e interpretaciones a fines. Junto con el estudio de Desmond Ford, el estudio de Cottrell ha desafiado a la posición histórica de la iglesia, sacudiendo los fundamentos de estas doctrinas. El hecho que Jan Paulsen en su calidad de presidente de la Asociación General tan solo pocos meses después citara esta reunión “La unidad teológica en la creciente iglesia mundial”, es un homenaje implícito a Cottrell por haber destapado la verdad tocante a la doctrina de los 2.300 días. De que Paulsen haya citado esta reunión de más de 45 líderes mundiales de la iglesia no tiene ningún otro nombre que reaccionaria, temiendo el peor de los casos en que los líderes mundiales pudieran romper filas con el Adventismo. La pronta reacción de Paulsen al llamamiento por la “Unidad Teológica” probablemente evitó que se cumplieran sus más funestos temores. Sin embargo, también logró que se cumpliera con la amonestación dada por Cottrell, avisando que la iglesia nuevamente se había sumergido en una época de oscurantismo bíblico y teológico.[iv] El cuantioso gasto del Biblical Research Committee al organizar la reunión citada por Paulsen también revela la suma de fondos del diezmo que la iglesia estaba dispuesta a afrontar por evitar lo que preveía como una gran crisis. Los gastos de una reunión de 10 días involucrando a 45 líderes mundiales más al menos una docena más de ayudantes traídos de Washington y otras partes del mundo, fueron gastos más que sobresalientes. Cada participante refleja un costo de aproximadamente $15.000 dólares (incluyendo hotel, viáticos, y otro equipo humano de traductores, sistemas de traducción, equipo médico, y otro equipo de comunicación e imprenta que acompaña al presidente de la Asociación General). En total esta reunión fácilmente se aproximó al millón de dólares ($1.000.000 US). Ciertamente sería una señal de la apertura de la iglesia si rindiera cuentas exactas por los gastos de esta reunión. Es de notar que la conferencia incluyó viajes a Atenas, Corinto, Estambul, la isla de Patmos, y otros sitios. Esto significaría gastos adicionales de buses especialmente contratados, además de las comidas, transporte especial de equipo de sonido y de secretaría, al igual que gastos de hotel adicionales. Claramente, fue una inversión financiera extraordinaria por parte de la administración de la iglesia. La reunión obviamente tenía en mente más que un conversatorio sobre la “Unidad Teológica”, y proveer inspiración al seguir en las pisadas de Pablo y Juan. Era menester prevenir una crisis, no importara el gasto. También hay que observar que el encabezamiento del artículo de la Adventist Review no incluyó los nombres de los participantes, particularmente de los eruditos, ni tampoco incluyó los títulos de los escritos de estudio expuestos ni sus autores. Dada mi propia experiencia en el relacionamiento de la administración al quehacer teológico de la iglesia, la tarea de esta reunión no era el diálogo teológico, ni el estudio, ni la investigación. Esta reunión patentemente fue una iniciativa administrativa para detener cualquier oleada de cuestionamientos a la doctrina de la iglesia suscitada por los estudios de Cottrell entre los líderes de la iglesia mundial. | | Queriendo reflexionar tocante al panorama teológico tal cual lo veo, me derivo principalmente a nuestra iglesia y nuestra misión. Esta pudiera ser una tarea casi interminable; por lo tanto, comprenderán que escojo entre mis temas. Y también al par que daré ciertos hitos por seguir, tal como los veo, un número de mis observaciones será tan solo para identificar los temas, declarar por qué nos son de importancia, y por qué merecen nuestra atención.* | Las palabras de Paulsen son más que sencillas reflexiones. Su discurso ha sido bien desarrollado. De hecho, Paulsen declara que ha hecho una selección de temas, aunque no participa a su audiencia la norma que usó en tal selección. Ha estudiado atentamente lo que quiere decir en su discurso de apertura, se siente confiando en su calidad de autoridad, y el poder que esta sencilla “reflexión” tendrá sobre sus oyentes. Estas reuniones no son para reflexionar juntos en torno a la teología. “Los administradores de éxito no se involucran en la teología”. Estas reuniones son para afirmar lo que el presidente entiende por la correcta dirección teológica de la iglesia y amonestar a los que se sientan tentados a investigar otras alternativas como la planteada por Cottrell pocos meses atrás. | | El escenario ante el cual nos presentamos diariamente como creyentes Adventistas del séptimo día no es nada diferente al de la sociedad en general. No hay un mundo “particular” de los adventistas, por lo mucho que algunos intenten definir algún pequeño rincón como tal. El mundo tal cual lo encontramos al poner pie a la calle, o al escuchar los medios noticieros, agobia por su secularismo y a menudo – particularmente en el occidente – agresivamente ateo, y regularmente se encuentra en pugna con los valores de los sistemas religiosos. Es difícil acertar si esta situación es mayor hoy que en otros tiempos de la historia; la comunicación ha reducido el mundo a tal grado que no solo estamos enterados de lo que sucede en todas partes, sino que también nos sentimos involucrados y comprometidos en la moral y ética por lo que sucede en los lugares más remotos del mundo. Sobre todo, el mundo que nos rodea es muy inseguro e inestable, una realidad que impacta la vida personal de nuestro propio pueblo y reclama la urgencia de nuestra misión como iglesia. | Como punto de partida Paulsen describe el panorama mundial ante el cual se presenta el mensaje Adventista del séptimo día con la solución. Sin embargo, esta no es la situación del mundo tal cual la describe Pablo en Romanos 1 y 2. No hay mención alguna del pecado o pecadores en este panorama mundial. Ya que el mundo no se define en términos del pecado y pecadores con la necesidad de reconciliarse con Dios, el evangelio según Romanos 3-10 no se presta como la respuesta. No hay necesidad alguna para el grito de Romanos 3:21, “Pero ahora, aparte de la ley se revela la justicia de Dios”. El mundo en su peor estado se presenta como “agresivamente ateo”, y luego en términos más suaves como “en tensión con los valores de los sistemas religiosos”; con dudosa “ética y moral”; y finalmente como un mundo “inseguro e inestable”. Estas realidades, de acuerdo a Paulsen, se tornan en un llamamiento urgente por la misión de la iglesia ASD que de alguna manera tiene la cura para estos males, ninguno de los cuales es el pecado. Claramente este no es un llamado para que la iglesia tome con urgencia la predicación de Cristo y su cruz, sino su “misión particular como iglesia”. | | Mi enfoque será en 10 temas: [Los diez temas de Paulsen son:] - La segunda venida -- ¿Todavía creemos?
- El tema de la identidad
- Relacionamientos con otras iglesias
- La idea del “Remanente”
- La diversidad de la iglesia
- Y ¿qué de la unidad?
- Dando lugar a las diferencias locales
- La importancia del crecimiento espiritual
- Involucrados con la sociedad
- Viviendo con las diferencias [Lealtad a “Nuestro legado e identidad”]
| Las 10 áreas que Paulsen escoge en su enfoque revelan con demasiada claridad lo que él entiende es la esencia del Adventismo del séptimo día. Ninguna de estas 10 áreas tiene que ver directamente con la persona de Cristo, o su sacrificio en la cruz. Según Paulsen, el Adventismo contiene conocimiento superior de Dios y el mundo. La esencia del Adventismo no es la persona de Cristo y Cristo crucificado. No es de sus méritos, de su perfecta obediencia a nuestro favor, de su muerte en la cruz en nuestro lugar, su obra de salvación a nuestro favor en la cruz consumada plenamente en la cruz. En sus 10 temas de énfasis a los líderes de la iglesia buscando la “Unidad Teológica”, ¡la cruz brilla por su ausencia![v] | | La segunda venida -- ¿Todavía creemos? A mi parecer, es importante que seamos concientes de la naturaleza transitoria de nuestro mundo, su historia, y nuestro lugar en él. Es algo que debe ocupar nuestro pensamiento, predicación, y planeación como iglesia. Se me hace muy preocupante cuando un miembro de la iglesia se dirige hacia mi con: “¿Por qué ya no escuchamos más del tiempo del fin y de la segunda venida de Cristo? ¿Será que ya no creemos en estas cosas como antes?” | Por lo tanto, en cuanto al primer tema de las reflexiones de Paulsen, la pregunta más pertinente para la iglesia ASD hoy sería: La Cruz de Cristo--¿Todavía creemos? La enseñanza y la predicación de la Segunda Venida de nuestro Señor Jesús es incomprensible sin fe en la sangre de Cristo. “Y les dijo: En gran manera he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca; Porque os digo que no comeré más de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y tomando el vaso, habiendo dado gracias, dijo: Tomad esto, y partidlo entre vosotros; Porque os digo, que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. Y tomando el pan, habiendo dado gracias, partió, y les dió, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado: haced esto en memoria de mí. Asimismo también el vaso, después que hubo cenado, diciendo: Este vaso es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama (Lucas 22:15-20). Bien que esta pregunta retorna a Paulsen y los dirigentes ASD preguntada de otra forma por miles de Adventistas: “¿Por qué no escuchamos más del sacrificio de Cristo y de su muerte en la cruz? ¿Será que no creemos en Cristo y Cristo crucificado?” | | Y tristemente, sospecho que entre nosotros hay aquellos que cabalmente ya no creen en estas cosas como creíamos antes. Tal cual otros cristianos han dado con sus propias maneras de comprender el escatón, hay muchos adventistas que por igual han llegado a interpretar el fin negando su literalidad, de tal modo que se les hace más aceptable, más respetable, y que no se inmiscuya tanto en sus vidas personales. A mi parecer, a menos que muy concienzudamente prestemos atención a lo que enseñemos, prediquemos, y escribimos, iremos a la deriva convirtiéndonos en lo que no éramos cuando por primera vez tomamos el nombre de adventistas. La predicación y la enseñanza del escatón ni es paranoia ni zozobra – ni tampoco pesimismo. “La predicación y la enseñanza del escatón ni es paranoia ni zozobra – ni tampoco pesimismo.” Creemos que el mundo tal cual lo conocemos no se puede remediar ni tampoco sobrevivir. Esta no es la perspectiva del cristianismo en general. Pero sí es la Adventista. ¿Hemos reparado con nuestros ministros, con los maestros de nuestras escuelas, con los autores de nuestros libros y revistas, cómo hemos de proyectar estas realidades del futuro tanto en nuestro testimonio público como en la obra pastoral hacia nuestro propio pueblo? ¿Hacemos planes al respecto? Porque si lo desatendemos, con el pasar del tiempo desaparecerán de nuestra vista y pensamiento. ¿Sería posible que con la vista puesta en la misión hemos desestimado el interés que la predicación de estas realidades escatológicas (que yacen al corazón de nuestro mensaje de esperanza) pudieran de hecho traer a la misma gente secular—gente que como tal no ha definido fe alguna en Dios, pero que también han concluido por razones propias que nuestro mundo es inestable e inseguro, y estén esperando que tal vez, justo que tal vez, pudiera haber algo más? “A mi parecer, a menos que muy concienzudamente prestemos atención a lo que enseñemos, prediquemos, y escribimos, iremos a la deriva convirtiéndonos en lo que no éramos cuando por primera vez tomamos el nombre de adventistas.” | La única manera de estar listo para la segunda venida de Cristo es de vivir por la fe en el “nuevo pacto” de su sangre, derramada por nosotros. Paulsen hace caso omiso de este vínculo imprescindible, establecido por Cristo, relacionando su sacrificio y la segunda venida. Sin fe salvadora en la sangre de Cristo como el nuevo símbolo del nuevo pacto la predicación del escatón en verdad no es sino “paranoia, zozobra, y pesimismo”. “Sin fe salvadora en la sangre de Cristo como el nuevo símbolo del nuevo pacto la predicación del escatón en verdad no es sino “paranoia, zozobra, y pesimismo”. Ni una sola vez en toda mi experiencia de seminarista en Andrews hubo profesor alguno que señalara, aclarara, o profundizara en este vínculo con la segunda venida. Estoy seguro que aun hoy muchos Adventistas se sorprenderán al ver la conexión. Para los Adventistas la manera de estar listos para la segunda venida es bautizándose en la iglesia ASD, aceptando y practicando sus doctrinas. Jamás se enseña que la fe en la sangre de Cristo es la única manera de estar listo para la segunda venida. Jamás. Busquen la Creencia Fundamental #16 referente a la Cena del Señor: No hay mención alguna de la segunda venida. Busquen la Creencia Fundamental #25 referente a la segunda venida: No se menciona la Cena del Señor. Jesús enseñó que su cuerpo y su sangre sería nuestra firme confianza al esperar su retorno. Sus discípulos habían de recordar su sangre derramada por ellos como la razón por su pronto regreso. El Adventismo extrae el sacrificio de Cristo como la razón por la bienaventurada esperanza en su venida. En vez de su sacrificio como la razón por su venida, el Adventismo en las palabras de Paulsen sustituye la creencia Adventista que “el mundo tal cual lo conocemos no se puede remediar ni tampoco sobrevivir”. ¡Qué artimaña más hábil! ¡Qué increíble micro-cirugía practicada al evangelio de Jesucristo para extirpar el estorbo de la piedra de tropiezo que es el sacrificio de Cristo consumado una vez y para siempre a favor de todo pecador! En su lugar se coloca la inevitable realidad que el mundo está sin arreglo alguno y que no hay manera de sobrevivirlo. Sin la predicación de la cruz. Y esto ¿no es paranoia? ¿Ni zozobra? ¿Ni pesimismo? Ciertamente, sin la cruz, la segunda venida no es “una esperanza que brilla en nuestro ser”. La esperanza Adventista no es la esperanza bíblica. No es la esperanza del Nuevo Testamento. Ni aun es la “bienaventurada esperanza” de Tito 2:13: En este texto la frase “bienaventurada esperanza” se relaciona directamente con la frase del siguiente versículo “Que se dió á sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad” (v. 14). La esperanza Adventista es la propiedad privada y particular del Adventismo, es “nuestro mensaje de esperanza”. Bien pudiera recordar el Adventismo que cualquier esperanza que quisiera compartir se apoya en las destrozadas esperanzas del Gran Chasco del 22 de octubre de 1844. “Bien pudiera recordar el Adventismo que cualquier esperanza que quisiera compartir se apoya en las destrozadas esperanzas del Gran Chasco del 22 de octubre de 1844.” Pero la esperanza bienaventurada, la esperanza que Cristo entregó a toda la iglesia cristiana, “no avergüenza; porque el amor de Dios está derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado. Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, á su tiempo murió por los impíos” (Romanos 5:5-6). Hermano Paulsen, esta esperanza en la sangre derramada de Cristo es más que el “tal vez el algo más” que usted afirma el mundo secular pudiera hallar en el Adventismo. El hecho que “siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8) es la firme esperanza que el mundo secular espera, la misma que el Adventismo niega. La preocupación de Paulsen es que si predican cualquier otra cosa “iremos a la deriva”. ¿Es ir a la deriva predicar la cruz de Cristo? El problema es que el Adventismo comenzó “a la deriva” cuando por primera vez tomó el nombre de Adventistas porque el factor unificador no fue la cruz de Cristo. “La preocupación de Paulsen es que si predican cualquier otra cosa “iremos a la deriva”. ¿Es ir a la deriva predicar la cruz de Cristo? El problema es que el Adventismo comenzó “a la deriva” cuando por primera vez tomó el nombre de Adventistas porque el factor unificador no fue la cruz de Cristo.” El factor unificador fue la predicación de la segunda venida sin la predicación de la sangre derramada de Cristo como seña y promesa de su segunda venida. Pero la predicación de la segunda venida sin vincularla con el cuerpo de Cristo es negar la eficacia del sacrificio de Cristo. “La predicación de la segunda venida sin vincularla con el cuerpo de Cristo es negar la eficacia del sacrificio de Cristo”. La predicación de la segunda venida sin la sangre de Cristo que nos limpia de todo pecado, es predicar la condenación a la muerte, y muerte eterna. La sangre en el dintel sigue siendo la señal entre Dios y el hombre. La señal del Cordero de la pascua sacrificado por nosotros sigue siendo ¡la clave para la salvación de todo hombre y mujer, de toda nación, tribu, pueblo, y lengua! | | Y cuando se trata de la predicación y la enseñanza de la escatología, yo creo que no es requisito alguno que todas las cosas se entiendan con la claridad de perfección para que la realidad de las últimas cosas se declaren y se acepten por la fe. “Y cuando se trata de la predicación y la enseñanza de la escatología, yo creo que no es requisito alguno que todas las cosas se entiendan con la claridad de perfección para que la realidad de las últimas cosas se declaren y se acepten por la fe.” Y por “las últimas cosas” me refiero primordialmente al ministerio actual de Cristo en el santuario celestial, a la segunda venida de Cristo, y al juicio. Me parece que en este momento, al otro lado del 11 de septiembre, la predicación de las cosas que atestiguan de que Dios interviene en la historia pudiera ser un poderoso testimonio. ¿Acaso no hay hambre por una visión? ¿Será que el 11 de septiembre será el único hito demarcando el fin del tiempo? Pienso que no. Pero sugiero que sea un catalizador para mantenernos despiertos, sobrios, y sensibles sin tener que recurrir a lo que es altamente especulativo, exageradamente imaginativo, y a final de cuentas desprestigiado. Pero permítanme dar paso atrás. Hice el comentario que una gran parte del occidente está plagado por un agresivo ateismo. Creo que es así, acompañado por el vacío deprimente que crea el agnosticismo. Los dos conviven de alguna manera, y ninguno de ellos conoce a Dios. Uno afirma que él no está allí—que de hecho estamos solos; el otro, simplemente que no sabemos. | Sin darse cuenta Paulsen reconoce el problema del Adventismo con la escatología: “Yo creo que no es requisito alguno que todas las cosas se entiendan con la claridad de perfección para que la realidad de las últimas cosas se declaren y se acepten por la fe”. ¡Esta es una declaración sumamente asombrosa en labios del presidente de una organización religiosa que alega tiene conocimiento especial referente a los últimos días! “¡Esta es una declaración sumamente asombrosa en labios del presidente de una organización religiosa que alega tiene conocimiento especial referente a los últimos días!” Deja perplejo que una institución religiosa que invierte millones de dólares anualmente en seminarios teológicos alrededor del mundo, un Comité de Investigación Bíblica al mando de recursos prácticamente inagotables, Departamentos de Religión en casi todos sus universidades con bibliotecas e instrumentos de investigación de punta, ¡pudiera decir tal cosa! O es que ¿pudiera ser que estas mismas instituciones y eruditos, al igual que el mismo Sr. Paulsen, han estado revisando el estudio de Raymond Cottrell tocante a Daniel 8:14 y no tienen respuesta alguna?[vi] ¿Pudiera ser que el verdadero sentido de “las últimas cosas” tal cual las describe Paulsen, el “ministerio actual de Cristo en el santuario celestial, la segunda venida de Cristo, y el juicio” tal cual lo enseña el Adventismo no tienen fundamento bíblico alguno? Por lo tanto se dicta la advertencia, “que no es requisito alguno que todas las cosas se entiendan con la claridad de perfección”; ¡la versión extra-Bíblica de la iglesia (Elena White) se debe “declarar y aceptar por la fe”! Sus propias palabras de cautela se tendrían que tomar en cuenta por el Adventismo “que recurrir a lo que es altamente especulativo, exageradamente imaginativo, y a final de cuentas desprestigiado” no tiene lugar en la escatología bíblica. ¿Acaso sugiere Paulsen que la advertencia bíblica, “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado” (2 Timoteo 2:15) no ha de tomarse en cuenta cuando se estudia el tema de los “últimos días”? No obstante, todo estudio bíblico de los últimos días encuentra su sentido en la persona de Cristo. Las palabras de Jesús a los fariseos se dirigen a todos los que ven tan solo doctrinas y enseñanzas en las Escrituras en vez de verlo a él, en su divina Persona, “Escudriñad las Escrituras, porque á vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí. Y no queréis venir á mí, para que tengáis vida” (Juan 5:39-40). Lo que Paulsen dice del dilema de los ateos y agnósticos tocante a la existencia de Dios, “simplemente que no sabemos”, bien que se pudiera dirigir también a la conclusión actual de la escatología Adventista: “No estamos seguros, aceptemos por fe”. El Adventismo concluye que en base a las Escrituras no lo podemos entender todo. Por tanto debemos aceptar las afirmaciones de Elena White como veraces, no obstante que la investigación bíblica no las apoya. | | Ahora, obviamente esto es un reto a todos los cristianos. Pero también es un reto muy real a nosotros como Adventistas del séptimo día. “La creencia en la existencia de Dios es la creencia primordial sobre la cual descansan todas las otras doctrinas como también la vida misma, allí se definen, y se viven. Es donde comienza la fe; y es el punto de partida del cual la fe misma se afirma.” Por tanto, es de suma importancia que como Adventistas lo reconozcamos y lo encaremos. Solo se puede hacer si lo encaramos de una manera sistemática, enfocada, y pausada. Esta tarea no solo es nuestra. Otros cristianos también tienen que lidiar con ella, pero debemos dejarlos que ellos hagan lo que les es menester hacer. Nosotros debemos aceptar lo que nos es menester hacer, y esto es algo que es nuestro deber hacer. ¿Están estudiando con sus predicadores, maestros, y escritores como van a hacer eso? | El reto que Paulsen presenta a otros cristianos y a los líderes Adventistas tocante al ateísmo y el agnosticismo, confronta al Adventismo con un reto mayor. Paulsen reta a los Adventistas al quehacer de la apologética. Persuadir a la gente de la existencia de Dios es “la creencia primordial sobre la cual descansan todas las otras doctrinas... Es donde comienza la fe... es el punto de partida del cual la fe misma se afirma”. Pero el evangelio de Jesucristo reta al Adventismo al quehacer de la predicación de la cruz de Cristo. La historia de la cruz es el argumento más poderoso a favor de la existencia del Dios de amor. Este es el mensaje que aviva la fe en el corazón. Por eso se llama la “locura” de la predicación de la cruz de Cristo. “Pero el evangelio de Jesucristo reta al Adventismo al quehacer de la predicación de la cruz de Cristo. La historia de la cruz es el argumento más poderoso a favor de la existencia del Dios de amor. Este es el mensaje que aviva la fe en el corazón. Por eso se llama la “locura” de la predicación de la cruz de Cristo.” “¿Cómo, pues invocarán á aquel en el cual no han creído? ¿y cómo creerán á aquel de quien no han oído? ¿y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio de la paz, de los que anuncian el evangelio de los bienes! Mas no todos obedecen al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído á nuestro anuncio? Luego la fe es por el oir; y el oir por la palabra de Dios (Romanos 10:14-17). La buena nueva no es otra que “Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia; mas con la boca se hace confesión para salud. Porque la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia de Judío y de Griego: porque el mismo que es Señor de todos, rico es para con todos los que le invocan: Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:9-13). Una vez más la pregunta de Paulsen se auto dirige hacia el Adventismo: “¿Están estudiando con sus predicadores, maestros, y escritores como van a hacer eso?” | | El tema de la identidad Hay muchas cosas que tenemos en común y podemos hacer en común con cristianos de otras iglesias, pero somos cristianos con una identidad muy particularizada. Esa identidad se refleja en enseñanzas, en lo que valoramos, y en nuestra calidad de vida. Me pregunto: ¿Hemos llegado a ser más reconocibles como “cristianos” que como cristianos Adventistas del séptimo día? Y sería posible que esto es algo que nos gustaría ver, y por tanto, nos estamos proyectando deliberadamente de esta manera? Al grado que esto sea así, ¿qué es lo que nos ha traído hasta aquí? ¿Es la consecuencia de un “asalto teológico”? ¿Es la consecuencia de un complejo de inferioridad? ¿Es la consecuencia de que sencillamente queremos combinar mejor? Aunque no sugiero que nuestros púlpitos debieran excluir a un orador de otro espectro de nuestra comunidad cristiana y que jamás se le vea dirigiendo la palabra en una de nuestras reuniones, hay veces cuando me siento genuinamente perplejo y desconcertado por la razón tras la invitación extendida y lo que tenía que decir que no pudiera haberse dicho por igual y con menos confusión por uno de los nuestros. ¿Estamos por caer víctimas ante algo que no estamos señalando o que no es de nuestra preferencia esclarecer? Estoy hablando de que si estamos prestos a proteger nuestra identidad. A mediados de la segunda parte de los años 1950 hubo una ventisca barriendo por nuestras filas diciendo que debiéramos ser más “Cristo-céntricos” en nuestra predicación (más theologia crucis y menos theologia gloria). Y eso ha ocurrido, y a buen grado fundamentado por un entendimiento mejor de lo que Elena White en sus escritos nos urgía por hacer. En sí esto ha sido bueno. “A mediados de la segunda parte de los años 1950 hubo una ventisca barriendo por nuestras filas diciendo que debiéramos ser más “Cristo-céntricos” en nuestra predicación (más theologia crucis y menos theologia gloria). Y eso ha ocurrido, y a buen grado fundamentado por un entendimiento mejor de lo que Elena White en sus escritos nos urgía por hacer. En sí esto ha sido bueno.” Pero tal cual resultan las cosas, nada es tan sencillo como pareciera, y la habilidad de “hacer esto sin dejar hacer lo otro” queda comprometida. Porque el hecho es que dentro del mundo cristiano más amplio y la cultura en la cual existimos como iglesia, sí tenemos una identidad muy particularizada, la cual perdemos a costas de nuestra propia destrucción. Me recuerdo de las palabras dichas por una hermana laica en uno de nuestros comités—dichas reprochándonos como líderes elegidos: “¡Tienen que recordar que ser un Adventista del séptimo día es algo voluntario!” Y eso es cierto. Aun como cristianos, la gente que adora en nuestras iglesias los sábados de mañana pudieran haber sido otra cosa (luteranos, pentecostales, anglicanos, católicos), pero escogieron ser Adventistas del séptimo día. Somos una comunidad de cristianos con una identidad muy particularizada y definida. Y nuestro pueblo ha tomado una decisión muy pausada y por muy buenas razones. Es importante que no hagamos pasar estas razones por inconsecuentes o irrelevantes. De tal modo que la pregunta que cada Adventista del séptimo día tiene el derecho de preguntar es: ¿Debemos seguir con el perfil de la identidad Adventista como debiéramos—de nuestros púlpitos en particular, como también en nuestras aulas y nuestras revistas? ¿O sería posible que ya ni lo mencionamos como líderes o nuestras filas profesionales? ¿Cuándo estuvo este ítem en la agenda de su junta, o comité ejecutivo? Esta no es una declaración de vientos y tormentas. Sencillamente se trata de decir que si no se toman medidas para alimentarla y proyectarla, la identidad no se puede preservar. “A mediados de la segunda parte de los años 1950 hubo una ventisca barriendo por nuestras filas diciendo que debiéramos ser más “Cristo-céntricos” en nuestra predicación (más theologia crucis y menos theologia gloria). Y eso ha ocurrido, y a buen grado fundamentado por un entendimiento mejor de lo que Elena White en sus escritos nos urgía por hacer. En sí esto ha sido bueno.” “A mediados de la segunda parte de los años 1950 hubo una ventisca barriendo por nuestras filas diciendo que debiéramos ser más “Cristo-céntricos” en nuestra predicación (más theologia crucis y menos theologia gloria). Y eso ha ocurrido, y a buen grado fundamentado por un entendimiento mejor de lo que Elena White en sus escritos nos urgía por hacer. En sí esto ha sido bueno.” | El tema de la identidad equivocada Lo que Paulsen describe en torno a “los cristianos de otras iglesias” vs. cristianos Adventistas “de una identidad muy particular” trae a mente los populares programas de realidad televisados. Pongan a cierto número de cristianos en una isla. Denles una serie de pruebas de identidad. Al final del día verán quiénes son los verdaderos cristianos – más que los demás – son ¡Adventistas del séptimo día! ¿Por qué? Porque sus enseñanzas son tan diferentes de las enseñanzas de los otros cristianos. Pero esto es muy cierto. En verdad hay algo que distingue a los Adventistas del séptimo día entre otros cristianos. La predicación de la cruz no forma el centro de su identidad. Al fijarse en todo este discurso de Paulsen, ¿Dónde está la centralidad de la persona de Cristo? ¿Dónde está la centralidad de su sacrificio? ¿Dónde esta la centralidad de su sangre derramada a favor de los pecadores? ¿Dónde está la locura de la predicación de la cruz? Ausente. La identidad Adventista como cristiana es un caso de identidad equivocada. “Al fijarse en todo este discurso de Paulsen, ¿Dónde está la centralidad de la persona de Cristo? ¿Dónde está la centralidad de su sacrificio? ¿Dónde esta la centralidad de su sangre derramada a favor de los pecadores? ¿Dónde está la locura de la predicación de la cruz? Ausente. La identidad Adventista como cristiana es un caso de identidad equivocada.” Sin los distintivos básicos del cristianismo, el Adventismo no reúne los requisitos para obtener una identidad cristiana, y menos aun, una identidad “muy en particular”. En estos días en que cunde el Fraude y Robo de Identidad, se difunde una palabra de cautela a todos los cristianos: Atención, alguien pudiera tratar de pasar por usted, a fin de robarle su libertad, sus dones, y más que todo, ¡de la seguridad de su salvación por la fe en la plena suficiencia del sacrificio de Cristo a su favor! En la administración Adventista es imprescindible aprender muchas habilidades a fin de tener “éxito”. Una de ellas es cierta manera de hablar “administrativamente”. Este modo es típico para Paulsen. Es de usanza eficaz en la política. Primeramente uno afirma cierta norma en común, y luego sagazmente uno la niega a fin de implantar una propia. Esta doblez en el habla es la llave para comprender la doctrina Adventista, y la clave de su engaño. Sí, hermano Paulsen, no obstante su denegación, usted sí está sugiriendo que oradores de otras comunidades cristianas no dirijan la palabra en reuniones Adventistas, y en particular que hablen del evangelio. Su calidad de presidente comunica ese mensaje con toda claridad. Pero ciertamente, cuando se trata de enseñar y predicar el evangelio, “uno de los suyos no lo pudiera haber hecho tan bien”. Uno de los suyos hubiera predicado “otro evangelio”. Si el Adventismo predicara el evangelio de Jesucristo, usted se identificaría con la cruz, y la predicación de la cruz sería mejor que su marca registrada.[vii] Entonces, Cristo y no sus abogados protegerían su identidad. Cuando confiamos en Cristo para salvación él es el abogado que tenemos ante el Padre. “Si el Adventismo predicara el evangelio de Jesucristo, usted se identificaría con la cruz, y la predicación de la cruz sería mejor que su marca registrada. Entonces, Cristo y no sus abogados protegerían su identidad. Cuando confiamos en Cristo para salvación él es el abogado que tenemos ante el Padre.” Las siguientes declaraciones de Paulsen están al centro de su amonestación, y también al meollo del engaño perpetrado por el Adventismo del séptimo día. Aquellos eruditos y simpatizantes evangélicos que todavía defienden al Adventismo como un auténtico movimiento cristiano y no como una secta, presten atención a las siguientes palabras de Paulsen. A mediados de la segunda parte de los años 1950 hubo una ventisca barriendo por nuestras filas diciendo que debiéramos ser más “Cristo-céntricos” en nuestra predicación (más theologia crucis y menos theologia gloria). Y eso ha ocurrido, y a buen grado fundamentado por un entendimiento mejor de lo que Elena White en sus escritos nos urgía por hacer. En sí esto fue para bien. En primer lugar se vierten en la usanza administrativa. La frase “una ventisca barriendo por nuestras filas” no es frase que pinta cosa alguna en su mejor luz. Es una frase peyorativa. Es una frase que anuncia una situación desfavorable o adversa. “Ventisca barriendo por nuestras filas” no se deriva a la obra del Espíritu Santo trayendo la bendición del nuevo nacimiento. En vez, es una frase que para los administradores Adventistas describe el resultado de lo que ellos calificarían serían las consecuencias de un tornado barriendo por las filas de la iglesia Adventista a mediados de la década de 1950. Con el uso de la frase “ventisca barriendo por nuestras filas” Paulsen toma distancia de lo que trajo el viento. Él no defiende el contenido de esa ventisca con celo de propietario. Casi que puedo oir los “Amenes” entre muchos de los oyentes, recordando la controversia del libro Questions on Doctrine, y otros vientos similares que han visitado las zonas de los dirigentes Adventistas en 1980 en Glacier View, y después. La investigación de Walter Martin durante los años 1950 retó a la administración Adventista a pronunciarse a favor del evangelio y salir del sectarismo. Hasta cierto punto muy limitado eso se logró con la publicación de Questions on Doctrine.[viii] Pero la posición de las próximas administraciones tal cual Cottrell lo demuestra ha favorecido el oscurantismo encubriendo los claros problemas bíblicos que hay con la teología Adventista. Esto se demostró patentemente en el trato que Neal Wilson le dio a Desmond Ford y la exposición de sus estudios en Glacier View (1980), y de allí adelante despidiendo o reubicando a los muchos profetas del evangelio que han llegado a la iglesia como ¡“ventiscas” del Espíritu Santo! La inquietud de Paulsen es que esta “ventisca” trajo más predicación Cristo-céntrica. Luego en paréntesis, como para desenfatizar, Paulsen explica el contenido de la ventisca: “(más theologia crucis y menos theologia gloria).” Al contraponer estas frases, Paulsen crea la ilusión de una dicotomía entre la teología de la cruz y lo que él llama la theologia gloria (literalmente la teología de la gloria). “Paulsen se lamenta por el hecho que hubo un aumento en la theologia crucis y una disminución en la theologia gloria. Un hombre que ama la cruz de Cristo jamás hablaría así para desmeritarla. Jamás diera lugar a crear tal rivalidad entre la teología de la cruz y la teología de la gloria.” Usando la tonalidad administrativa, Paulsen se lamenta por el hecho que hubo un aumento en la theologia crucis y una disminución en la theologia gloria. Un hombre que ama la cruz de Cristo jamás hablaría así para desmeritarla. Jamás diera lugar a crear tal rivalidad entre la teología de la cruz y la teología de la gloria. Líderes de una iglesia que aman a la cruz de Cristo jamás apoyarían al líder de una iglesia cristiana que le restara importancia al centro del mensaje cristiano, “Cristo y Cristo crucificado” (1 Corintios 2:2). Una hermandad laica que ama la cruz de Cristo jamás apoyarían a que la cruz de Cristo quede disminuida por su más alto liderazgo, sea implícito o con el tono piadoso administrativo como lo es aquí. La teología cristiana en general no avala una disyunción entre la theologia crucis y la theologia gloria. De hecho en base a Filipenses 2:5-10, y el mayor énfasis que los evangelios dan a los sufrimientos de Cristo en la proximidad a los anuncios de su venida, queda en claro que el mismo Jesús enseñó que el camino hacia la gloria era por la vía dolorosa de la cruz. Pero esto no se enseña típicamente en el Adventismo. A lo largo de mis años en el Adventismo, tanto en la enseñanza como en la administración, me di cuenta que hay un sinnúmero de maestros, profesores, pastores y aun administradores que secretamente creen en el evangelio. Pero les ata el temor por perder sus trabajos y el sostén de sus familias si se manifiestan abiertamente a favor del evangelio. Yo también sentía este temor. Ellos tienen la esperanza que a pesar de la desesperanza, algún día, tal vez la iglesia cambiará, permitiendo la libre y plena predicación del evangelio. Aquí están equivocados y engañados. La iglesia ASD con su liderazgo actual que apoya el distanciamiento de la cruz, y la falsa autoridad de los escritos de Elena White en los que se apoya, jamás será una verdadera iglesia cristiana evangélica. La iglesia ASD asume el ropaje del cristianismo tan solo para negar su poder, el poder de la cruz. “La iglesia ASD con su liderazgo actual que apoya el distanciamiento de la cruz, y la falsa autoridad de los escritos de Elena White en los que se apoya, jamás será una verdadera iglesia cristiana evangélica. La iglesia ASD asume el ropaje del cristianismo tan solo para negar su poder, el poder de la cruz.” Pero el amor de Cristo se sobrepone a todo temor. Al salir del Adventismo fue cuando encontré una nueva vida, ciertamente el Señor me ha hecho una nueva creación, y me regocijo en la cierta esperanza de mi salvación. Tal cual lo ha prometido, el Señor ha provisto todas mis necesidades. No hay disyunción alguna entre la gloria de Cristo en la cruz y la gloria de Cristo en su venida. De hecho, la gloria de Cristo en su venida es porque regresa victorioso como el Cordero de Dios. Debido a su sacrificio pleno y consumado, viene como Rey de reyes y Señor de señores. La Cena del Señor, la señal de su cuerpo quebrantado, es la señal del nuevo pacto, como también la promesa de su retorno. La gloria de Cristo se manifestó en la cruz. La gloria de Cristo a lo largo de la eternidad siempre será proclamada por los redimidos con el cántico, “¡Digno es el Cordero que fue inmolado!” “La gloria de Cristo a lo largo de la eternidad siempre será proclamada por los redimidos con el cántico, ‘¡Digno es el Cordero que fue inmolado!’” Pero contrario a lo que Paulsen alega, esa predicación no se ha escuchado en la iglesia ASD. Ni tampoco ha ocurrido debido a un “mejor entendimiento de lo que Elena White en sus escritos nos instaba por hacer”. De hecho, sus escritos son los primeros dentro del Adventismo que tropiezan con respecto a la predicación de la cruz de Cristo. Aunque en algunas citas pareciera que sí urge a la predicación de la cruz, el peso de sus escritos sostiene un esquema profético y una teología que da la negativa a la predicación de la cruz. Esto es lo que en otra parte he llamado “El factor aniquilante en los escritos de Elena White”.[ix] Entre otras, la doctrina del juicio investigador aniquila la obra plena, acabada y consumada de Cristo como sustituto de todo pecador. < | | |