Elena White afirmaba que la observancia del sábado era el “más grande” de todos los Diez Mandamientos:
“El papa cambió el día de reposo del séptimo al primer día de la semana. El pensó cambiar el mandamiento que fue dado al hombre para que se acordase de su Creador. Pensó cambiar el mayor mandamiento del Decálogo y hacerse así igual a Dios o aun exaltarse sobre Dios...” (Primeros Escritos, p. 65, ed. inglés).
En esta declaración Elena White expresamente contradice a Jesús. Cuando se le pidió que señalara al mandamiento grande de la ley, Jesús dijo: “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón y de toda tu alma y de toda tu mente. Este es el Primero y el Grande Mandamiento” (Mat. 22:37-38). El investigador David Reagan hizo el siguiente comentario al respecto:
Elena White tenía tanta fe en la necesidad de guardar el sábado que afirmó que solamente los que guardaban el sábado serían capaces de resistir la imposición de la Marca de la Bestia en los últimos días. Ella creía fervientemente y enseñaba que la observancia del sábado era una condición para ser salvos: “Vi que el santo sábado es, y será, el muro de separación entre el verdadero Israel de Dios y los incrédulos.” (Primeros Escritos, pp. 32-33 ed. Inglés).
El hecho es que la observancia del sábado fue prescrita por Dios al pueblo judío. Esta ley jamás fue dada a los gentiles, ni fue dada a la iglesia. La ley de Moisés fue clavada a la cruz (Colosenses 2:14). La muerte de Jesús inauguró un Nuevo Pacto - un pacto escrito en el corazón (Jeremías 31:31-34 y Hebreos 9:15). En sus enseñanzas, Jesús recalcó nuevo de los Diez Mandamientos y los amplió de ámbito para que incluyeran nuestros pensamientos al igual que nuestros hechos (Mateo 5-7). Jamás ordenó que la iglesia guardase el sábado.
Fuente: The Lamplighter , July-August 2006, page 6 (esta edición puede apreciarse en nuestro sitio web).