|
Un hermano que nos ha escrito varias veces, algunas animándonos en el evangelio, otras reprendiéndonos por no promover el sábado, y no instar a la observancia de la ley, nos escribe nuevamente aquí a www.exadventista.com.
“Apreciado hermano, creo que no entendio mi pregunta, lamento nuevamente equivocarlo, pero vale su respuesta estoy convencido de nuestra injusticia para que resalte sola la justicia de Dios... reconozco que ud a captado con nitidez la verdad evangelica, aunque la postura de la ley ud la ha desechado, entiendo que este es una nueva apostura de una nueva forma de pensamiento, por ni lutero, ni las iglesias protestantes jamas hablaron en contra de la ley. Yo personalmente respeto su punto de vista mientras este no se vaya con la fe y las buenas constumbres.”
En esta ocasión volvemos a responder con la confianza que nos da el evangelio.
Hermano,
Usted no ha entendido nada de lo que confirmamos tocante a la ley. Ni tampoco espero que lo haga. Usted comparte junto con la vasta mayoría de adventistas una veneración por las tablas de piedra, lo que el apóstol Pablo llama el antiguo pacto desvanecido, que ni los mismos judíos hoy guardan hacia el Torah. Pero nada entienden de la ley de Jesús. A todo lo que está en el Nuevo Testamento referente a la ley lo vinculan con los 10 mandamientos. Nada dicen de los mandamientos de Jesús en Mateo 5. Nada. Tal vez, a la carrera, de pasajero, como para no darse cuenta de la profundidad del alcance de los mandamientos según los profundizó Jesús. Enojo=Asesinato. Lujuria=Adulterio. No le prestan atención a estos y otros mandamientos de Jesús porque aparentemente nada dicen del sábado. Entonces porque los mandamientos según los dio Jesús para sus discípulos no ordenan la observancia del sábado, se regresan al antiguo pacto, a las tablas de piedra, de las cuales dijo el apóstol Juan que "la ley por Moisés fue dada, mas la gracia y la verdad por Jesús, el Cristo, fue hecha" (Juan 1:17 SSE). Y de la ley de la cual ustedes se jactan de respetar, Jesús mismo dijo, "¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué me procuráis matar?" (Juan 7:19 SSE). Pongan atención a lo que dijo Jesús: "Ninguno de vosotros cumple la ley". ¿Por qué no la cumplen? Porque nadie la puede cumplir de acuerdo a su ley de perfecta justicia, su ley de lo que él mismo es. La vida por la cual somos justificados, declarados justos totalmente por la fe, sin las obras de ninguna ley. Pero ustedes no comprenden estos argumentos porque temen de confiar en Cristo y reposar en Cristo. Por lo cual también quebrantan el sábado, pues en la nueva ley de Jesús, el sábado ya no es reposar en un día que se repite como en el antiguo pacto. En la nueva ley de Jesús, el sábado es reposar en su obra consumada, irrepetible, inmarcesible, un sábado eterno, porque él es eterno. Pero cuando uno habla de esa ley, de ese sábado, ustedes lo acusan a uno de antinomianista, y se jactan que ustedes sí respetan la ley. En realidad son incrédulos porque no creen a Cristo, y a su palabra. Prefieren creer a Moisés, no sabiendo que si Moisés se levantara de los muertos también los reprendiera. Así que hermano, no me hable de su ley, de la ley desvanecida. Yo le hablaré de una mejor ley. Una ley que sí ha sido cumplida a mi favor por la perfecta vida, obediencia, amor de mi Señor Jesucristo, por cuya resurrección he sido justificado para siempre ante el Padre. Por su gracia me da el gozo y privilegio de caminar no en mis obras, ni en mi obediencia, sino en las obras que fueron preparadas para que yo anduviera en ellas desde antes de la fundación del mundo. Las obras que alaban solamente a Cristo por su sacrificio, por su perfecta justicia. Obras en las que no hay indicio de ningún trapo de inmundicia humano. Lutero no pudo ver toda la gloria de Cristo, ni yo tampoco. Pero la gloria de Cristo jamás puede ser obstruida por la ley que quedó desvanecida, y abatida por la realidad, la sustancia de la preciosa vida de Cristo. Y no se fijan en él, porque se quieren amarrar a algo más seguro - según ustedes - al séptimo día. Quédense usted con todos los séptimos días por venir, pues esos se acabarán. Yo me quedaré con Cristo mi sábado, pues él es eterno. Quédense ustedes con la ley de Éxodo 20. Yo me quedo con la ley de Mateo 5: una ley ya cumplida, y cumplida en otra persona, la ley que el Espíritu Santo escribe en mi corazón para alabanza de Cristo, del Padre, y del Espíritu Santo. Pero ustedes prefieren volver a lo incumplido, a la sombra para tratar de algún modo de contribuir si en algo a su salvación. ¿Hasta cuándo seguirán prevaricando? Que el Señor en su gracia y con el colirio de la justicia de Cristo, les quite las escamas de los ojos para que puedan ver la gloria de Cristo, y darse cuenta que fuera de su vida no hay ninguna otra ley. Su vida es la ley. Su sacrificio es la ley. Su justicia es la ley. Su evangelio es la ley. Y creer en él confesando su nombre con la boca, y creyendo en el corazón que Dios le resucitó de los muertos, es obedecer la ley del evangelio. Y el que ha creído en él tiene sábado para siempre. Esto es mucho más que la "fe y las buenas costumbres" que usted me desea. Él es la realidad, la sustancia, el poder, la potencia de nuestra salvación, y él es nuestro enteramente por la fe. Cualquier otra cosa es otro evangelio y anatema. Dios les conceda la preciosa gracia de la justicia de Cristo, para que se conviertan, y sean salvos, y tengan vida eterna.
En la gracia de Jesús, Haroldo Camacho, pastor del evangelio de Jesucristo pastor exadventista 15 de mayo 2008
|