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NOTICIA: El pastor Camacho de www.exadventista.com ¡ACEPTA EL ESPÍRITU DE PROFECÍA! PDF Imprimir E-Mail

El espíritu de profecía según las sagradas escrituras y el evangelio de Jesucristo
 

La iglesia Adventista del séptimo día atribuye la frase bíblica de Apocalipsis 19:12 “El Espíritu de Profecía” al don profético que ellos avalan se manifestó presuntamente en la vida y escritos de Elena G. de White (26 de noviembre, 1827 - 16 de julio, 1915 ).  

La siguiente cita tomada del sitio de la red mundial del fideicomisio White avala tal conexión.

El reto al creyente. La profecía de Apocalipsis que el “testimonio de Jesús” se manifestaría mediante el “espíritu de profecía” en los últimos días de la historia de la tierra, lanza a todos el desafío de no asumir una actitud de indiferencia o incredulidad, sino a “probar todas las cosas” y “retener lo bueno”.  Hay mucho  por ganar – o perder – que depende si cumplimos con este mandato bíblico a la investigación. Dijo Josafat, “Creed al SEÑOR vuestro Dios, y seréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados” (2 Crónicas 20:20 LBLA). Sus palabras resuenan con verdad, aun hasta hoy” (http://www.whiteestate.org/issues/scripsda.html [traducción www.exadventista.com]).


El autor de esta cita no nos dice que es lo “mucho por ganar – o perder” que está en juego si acertamos con él que el "testimonio de Jesús" en Apocalipsis 19:10 es el "Espíritu de profecía manifestado en el presunto don profético de Elena White.

De hecho, la cita del Fideicomicio White comienza a partir de la premisa que “el testimonio de Jesús” es el don profético manifestado mediante el “espíritu de profecía” en Elena White.1

Pero ya que nos lanza este reto a la investigación, nos volcamos a la investigación bíblica de Apocalipsis 19:9,10 para ver a la luz de la Biblia cual de veras es el significado de la frase el “espíritu de profecía” como el “testimonio de Jesús”.

9  Y el ángel me dijo: Escribe: "Bienaventurados los que están invitados a la cena de las bodas del Cordero." Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.
10  Entonces caí a sus pies para adorarle. Y me dijo: No hagas eso; yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos que poseen el testimonio de Jesús; adora a Dios. Pues el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.


Las palabras del ángel en el versículo nueve (v. 9) impactaron tanto a Juan que su primera reacción  fue la de postrarse ante el ángel y adorar. ¿Por qué? ¿Qué dijo el ángel que lo conmovió a una adoración tan espontánea?  

Para entender lo mejor posible un pasaje bíblico, hay que comparar las palabras con las que el autor fue inspirado previamente por el Espíritu Santo, y la propia vivencia del autor con Jesús. En el caso de Juan, podemos ver lo que él escribió de Jesús en su evangelio, sus epístolas, y cómo esas palabras arrojan luz sobre lo que él escribe en Apocalipsis.

Miremos detenidamente. La palabra “Bienaventurados” es la misma palabra que Jesús usó en las bienaventuranzas pronunciadas en el Sermón del Monte. Juan estuvo allí escuchando las palabras de Jesús, “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados” (Mateo 5:6).  

Juan también había escrito las palabras del Bautista cuando dijo anunciando a Jesús, “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29, 36). Ahora en su visión en la isla de Patmos, estas dos declaraciones se unen en la voz del ángel, “Bienaventurados los que están invitados a la cena de las bodas del Cordero” (Apocalipsis 19:9).  

Juan se da cuenta que las palabras de Jesús en el monte se están por cumplir: “los que tienen hambre y sed de justicia serán saciados ahora en la cena de las bodas del Cordero”. También la invitación a la cena del Cordero es un anuncio que la añoranza de Cristo se está por cumplir: “Intensamente he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que nunca más volveré a comerla hasta que se cumpla en el reino de Dios... porque os digo que de ahora en adelante no beberé del fruto de la vid, hasta que venga el reino de Dios (Lucas 22:15,16).  

Ese fue el testimonio de Jesús que recibió del Padre. Pero en esta visión de su exaltación, su obra ya ha sido cumplida a cabalidad. Como Cordero de Dios ya derramó su sangre para la salvación de la humanidad. Ahora ha llegado el momento de celebrar su triunfo. Con su muerte ha conquistado el corazón de pecadores. Ellos se han declarado su esposa. Ha llegado el momento para la gran cena de “las bodas del Cordero han llegado y su esposa se ha preparado” (Apocalipsis 19: 7). Como novio que ama a su prometida, el mismo novio le ha regalado a su novia el vestido de novia para las bodas, “lino fino, resplandeciente y limpio” (Apocalipsis 19:8).

La alegría de Juan es incontenible. Al mismo tiempo escucha las palabras del ángel que afirma “Estas son palabras verdaderas de Dios”. Juan también había escuchado palabras similares en una visión anterior. En el mensaje a la iglesia de Laodicea, el ángel había llamado a Cristo, “el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios” (Apocalipsis 3:14). Cuando Juan escucha al ángel anunciar que el testimonio de Jesús del nuevo pacto en su sangre se está por celebrar en la prometida cena, Juan cae abrumado de emoción postrándose ante el ángel. El ángel ha sido el portador de la aclaración de todas estas escrituras, y de todos esos momentos. Conmocionado, Juan se postra ante el ángel en ademán de adoración.

Pero el ángel rechaza tal adoración de inmediato.  

No hagas eso; yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos que poseen el testimonio de Jesús; adora a Dios. Pues el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía (Apocalipsis 19:10).  


El ángel aclara que él como mensajero es tan solo consiervo de todos los que han recibido el "testimonio de Jesús". Pero precisamente porque ese testimonio es del divino ser Jesús, el Hijo de Dios, el ángel no puede recibir alabanza. La alabanza solo se rinde a Dios. Pero hay otra razón más.

El "testimonio de Jesús" no es nadie más ni nadie menos que el "Espíritu de profecía".

El ángel no puede aceptar la adoración de Juan porque el ángel no se puede atribuir ni la obra, ni el nombre, ni el título de "Espíritu de profecía". Ese nombre, ese título, esa obra, le pertenece solo a Dios.  

El nombre "Espíritu de profecía" le pertenece solo a Dios Espíritu Santo, la tercera Persona de la excelsa Trinidad. Esta relación entre el Espíritu Santo y el Espíritu de profecía se aclara en los mensajes a las siete iglesias en Apocalipsis 2 y 3.  

En los mensajes a las siete iglesias, el ángel que instruye a Juan que le escriba al “ángel” o “mensajero” de cada una de las iglesias  termina cada mensaje con la firma del mismo Remitente: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.  

2:1 Escribe al ángel de la iglesia en Efeso:
7  'El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias...
8  Y escribe al ángel de la iglesia en Esmirna:
11 'El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias...
12  Y escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo:
17  'El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
18  Y escribe al ángel de la iglesia en Tiatira:
29  'El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.'"
3:1   Y escribe al ángel de la iglesia en Sardis:
3:6   'El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.'"
7  Y escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia:
13 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.'"
14  Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea:
22 'El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.'"

 

En cada instancia el ángel no se atribuye el mensaje a sí mismo como si en el ángel se hubiera manifestado el “espíritu de profecía”, y debido a que ha recibido el “espíritu de profecía” le revela el mensaje a cada iglesia. No. El ángel siempre termina dando la firma del Remitente: “el Espíritu dice a las iglesias”.


Aquí en Apocalipsis 19:10, la fórmula es igual, pero Juan está conmovido por la invitación a la cena del Cordero. Confunde al Originario del mensaje con el ángel, el mensajero.

9  Y el ángel me dijo: Escribe: "Bienaventurados los que están invitados a la cena de las bodas del Cordero." Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.
10  Entonces caí a sus pies para adorarle. Y me dijo: No hagas eso; yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos que poseen el testimonio de Jesús; adora a Dios. Pues el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.


Juan piensa que en el ángel se ha manifestado el “espíritu de la profecía”, y por lo tanto sus palabras son las “verdaderas de Dios”. “No”, dice el ángel. Junto contigo y los otros profetas hemos recibido el “testimonio de Jesús”. Sin embargo, el Autor, el Remitente de todo mensaje que da “testimonio de Jesús” es el “Espíritu de profecía”. Esta es la misma Persona que había dado el mensaje a las siete iglesias, “el Espíritu [que] dice a las iglesias”. El “espíritu de profecía” no es el don profético que se manifiesta en el ángel y en los profetas. El “Espíritu de profecía” es el mismo “Espíritu Santo” que el Señor Jesús dijo daría testimonio del él y lo glorificaría.  

(13) Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir.  (14)  Él me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo hará saber.  (15)  Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que Él toma de lo mío y os lo hará saber (Juan 16:13-15 LBLA).  


En estos versículos que registró Juan (el mismo autor del pasaje en Apocalipsis 19:9,10), la relación entre el Espíritu Santo y el testimonio de Jesús no puede estar más clara. Aquí en Juan 16:13, Jesús llama al Espíritu Santo el “Espíritu de verdad”. En Apocalipsis se le llama el “Espíritu de profecía”, pero es el mismo Espíritu Santo. Dijo Jesús del Espíritu Santo, el Espíritu de profecía, el “Espíritu de verdad”, “Él me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo hará saber” (Juan 16:14). Debido a que es Dios Espíritu Santo quien toma lo de Jesús y lo hace saber, es que el ángel en Apocalipsis 19:9 le dice a Juan, “Estas son palabras verdaderas de Dios”. En otras palabras, estas son palabras verdaderas de Dios, porque son dadas por el Espíritu Santo.  

El apóstol Pedro también comprendía la verdad que el “Espíritu de profecía” es el mismo “Espíritu Santo de Cristo”. Cuando Pedro escribió de la salvación por medio del sacrificio de Cristo, el testimonio que Jesús dio del amor del Padre, Pedro dijo lo siguiente.

(10) Acerca de esta salvación, los profetas que profetizaron de la gracia que vendría a vosotros, diligentemente inquirieron e indagaron,  (11)  procurando saber qué persona o tiempo indicaba el Espíritu de Cristo dentro de ellos, al predecir los sufrimientos de Cristo y las glorias que seguirían.  (12)  A ellos les fue revelado que no se servían a sí mismos, sino a vosotros, en estas cosas que ahora os han sido anunciadas mediante los que os predicaron el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas a las cuales los ángeles anhelan mirar (1 Pedro 1:10-12).


Cuando los verdaderos profetas reciben el testimonio de Jesús, con respecto a los “sufrimientos de Cristo”, ellos están predicando el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo”.  

Las palabras del ángel son aleccionadoras. El ángel rechaza toda adoración “porque el testimonio de Jesús es el Espíritu de profecía”. Quiere decir que tanto el testimonio de Jesús como el Espíritu de profecía son títulos que pertenecen a Dios, a la divinidad. Ni el ángel que es un ser que no ha caído en el pecado se atribuye cualquiera de esos títulos. Esos títulos pertenecen a la divinidad. “El testimonio de Jesús” pertenece a Jesús y al Padre. El “Espíritu de profecía” pertenece al Espíritu Santo. El ángel no acepta la adoración porque la adoración solo se rinde al “testimonio de Jesús” y al “Espíritu de profecía”. El ángel tampoco concede que el “espíritu de profecía” se ha manifestado en el ángel. El ángel es consiervo de Juan porque se les ha encomendado “el testimonio de Jesús”, pero ese testimonio, por ser el testimonio que pertenece a Jesús, es el testimonio del mismo “Espíritu de profecía”, Dios mismo, Espíritu Santo.

Cuando Juan obediente al ángel, adora a Dios, se le abren los cielos. El Espíritu Santo, el "Espíritu de profecía" le revela el excelso "testimonio de Jesús".  

11  Y vi el cielo abierto, y he aquí, un caballo blanco; el que lo montaba se llama Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y hace la guerra.
12  Sus ojos son una llama de fuego, y sobre su cabeza hay muchas diademas, y tiene un nombre escrito que nadie conoce sino El.
13  Y está vestido de un manto empapado en sangre, y su nombre es: El Verbo de Dios.
14  Y los ejércitos que están en los cielos, vestidos de lino fino, blanco y limpio, le seguían sobre caballos blancos.
15  De su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones, y las regirá con vara de hierro; y El pisa el lagar del vino del furor de la ira de Dios Todopoderoso.
16  Y en su manto y en su muslo tiene un nombre escrito: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.


Este es el testimonio de Jesús dado por el Espíritu Santo. Este último pasaje revela el cumplimiento de las palabras de Jesús profetizando la obra del Espíritu Santo: "Él me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo hará saber” (Juan 16:14).  

El testimonio de Jesús, dado por el Espíritu de profecía, el Espíritu Santo, es que Jesús es "Fiel y Verdadero" (v. 11), "está vestido de un manto empapado en sangre" (v. 13), "su nombre es: El Verbo de Dios" (v. 13), "El pisa el lagar del vino del furor de la ira de Dios Todopoderoso" (v. 15), "en su manto y en su muslo tiene un nombre escrito: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES" (v. 16).

El testimonio de Jesús es su infinita grandeza como el Cordero de Dios, el Verbo o Palabra de Dios, quien pisando solo "el lagar" bebió la amarga copa del "vino del furor de la ira de Dios Todopoderoso".2 El Espíritu Santo, el Espíritu de profecía, la tercera Persona de la Deidad, da testimonio de Jesús, que por derramar su sangre para redimir a la humanidad es declarado "REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES".  

Al comenzar este estudio de Apocalipsis 19:9,10 leímos un reto por parte del Fideicomicio White de la iglesia Adventista del séptimo día.

“El reto al creyente. La profecía de Apocalipsis que el “testimonio de Jesús” se manifestaría mediante el “espíritu de profecía” en los últimos días de la historia de la tierra, lanza a todos el desafío de no asumir una actitud de indiferencia o incredulidad, sino a “probar todas las cosas” y “retener lo bueno”.  Hay mucho  por ganar – o perder – que depende si cumplimos con este mandato bíblico a la investigación...”


En nuestro estudio ciertamente no hemos actuado con indiferencia ni incredulidad. Hemos investigado el texto bíblico para entender el mensaje de Apocalipsis 19:9,10. El resultado es que el mismo texto bíblico lanza al adventismo el desafío “de no asumir una actitud de indiferencia o incredulidad” ante el significado del “testimonio de Jesús” como el “Espíritu de profecía”. No somos nosotros los que lanza este desafío. Es el mismo texto bíblico en su contexto el que lanza a todos el desafío de adorar solamente a Cristo, entregado por el Padre y testificado por el Espíritu de profecía, el Espíritu de verdad, el Espíritu Santo.

Durante todos mis 18 años de estudios en escuelas, colegios, universidades y seminarios adventistas, jamás, leí o escuché un estudio tocante a Apocalipsis 19:9,10 fundamentado solamente sobre el texto, y que concluyera que había alguna conexión entre Elena White y Apocalipsis 19:10.  

Por más que proteste el adventismo al contrario, la intención del adventismo al enseñar cualquier doctrina bíblica es de señalar a la iglesia Adventista como la iglesia verdadera. La iglesia Adventista tiene más celo por defender su propia identidad como la verdadera iglesia, el pueblo escogido, la iglesia remanente, que por señalar a pecadores a la cruz de Cristo y su sangre redentora.

Es así con la interpretación de Apocalipsis 19:9,10. La interpretación Adventista tiene solamente la intención de tratar de demostrar que la iglesia es la verdadera iglesia para los últimos días. Es indispensable para la iglesia Adventista alegar que el “espíritu de profecía” de Apocalipsis 19:10 es la persona, obra, y ministerio de Elena White. Los que dentro del adventismo quisieran liberalizar esta interpretación están en contra de la posición oficial de la iglesia.

La declaración de Utrecht

El 30 de junio de 1995, la Conferencia General de los adventistas del séptimo día en sesión, aprobó la siguiente interpretación de Apocalipsis 19:10 referente al “espíritu de profecía”.

Nosotros, los delegados en asamblea de la quincuagésima sexta sesión de la Asociación General de los adventistas del séptimo día, expresan adoración y gratitud a Dios por su benévolo don del Espíritu de Profecía.
En Apocalipsis 12, Juan el Revelador identifica a la iglesia en los últimos días como “el remanente... los que guardan los mandamientos de Dios, y tienen el testimonio de Jesucristo” (versículo 17). Creemos que en este breve cuadro profético el Revelador está describiendo a la iglesia Adventista del séptimo día, la cual no solo guarda “los mandamientos de Dios” pero también “tiene el testimonio de Jesucristo,” el cual es el “espíritu de profecía” (Apocalipsis 19:10).
En la vida y el ministerio de Elena White (1827-1915), podemos ver el cumplimiento de la promesa de Dios proveyendo a la iglesia remanente con el “espíritu de profecía.”
Consideramos que el canon bíblico se ha cerrado. Sin embargo, también creemos, junto con los contemporáneos de Elena White, que sus escritos conllevan autoridad divina, tanto para una vida piadosa y en cuanto a doctrina...


Comparemos esta declaración oficialista de los adventistas con el estudio del contexto bíblico de Apocalipsis 19:9,10. Veremos que la interpretación adventista de la declaración de Ultrecht falsifica la verdad bíblica de Apocalipsis 19:10.

 

APOCALIPSIS 19:9,10  
La interpretación bíblica según el contexto de la EscrituraLa declaración de Ultrecht de los adventistas
“Adora a Dios porque el testimonio de Jesús es el testimonio del Espíritu Santo, el que glorifica, testifica, y profetiza a Jesús.”

Esta interpretación le atribuye la debida divinidad al Espíritu Santo. Confirma lo que dijo Jesús del Espíritu Santo: “Él me glorificará”.

La interpretación del ángel corresponde a la verdad de que la adoración solo se rinde a Dios. Cuando otro ángel quiso recibir la adoración de Jesús, la respuesta de Jesús fue: “Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás” (Mateo 4:9,10).

Por tanto el ángel de Apocalipsis amonesta a Juan, “Adora a Dios”, adora a Aquel de donde se origina el testimonio de Jesús, porque ese testimonio es el testimonio de un ser divino, el Espíritu de profecía, el Espíritu Santo. El Espíritu Santo, por ser la tercera Persona de la Deidad, es quien merece la adoración.

El ángel rehusa la adoración de Juan porque el ángel no puede permitir que la adoración que le pertenece al Espíritu Santo y a Cristo se le atribuya al ángel, un ser creado.

La prohibición del ángel también tiene que ver con una mal interpretación del “Espíritu de profecía”. La instrucción del ángel es, “No adores a Dios por el don profético que tu crees se ha manifestado en mí, el ángel. Adora a Dios porque el testimonio de Jesucristo es el testimonio de la Tercera Persona del Dios Trino, el Espíritu Santo, el Espíritu de profecía.”

“No adores a Dios por el don profético, ni aun porque se manifieste en un ángel. La razón es porque el don profético puede ser fingido por los falsos profetas que vendrán en los últimos días. Adora a Dios porque el Espíritu Santo es quien glorifica a Cristo, siempre profetizando de su excelso sacrificio como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” El mismo Espíritu Santo en Jesús profetizó que en los últimos días vendrían falsos profetas (Mateo 24:14, 24; Marcos 13:22; 2 Pedro 2:1; 1 Juan 4:1). El don profético siempre tiene que medirse con la vara del “testimonio de Jesús”, el testimonio que da el Espíritu Santo del sacrificio de Jesús, cumplido por el derramamiento de su sangre para remisión de pecados. 

De hecho la falsificación de los falsos profetas es tan acertada que se hacen pasar por ser el “espíritu de profecía” cuando ese título le pertenece solo al Espíritu Santo. 

La falsificación del verdadero don de profecía por parte de los seguidores de un falso profeta al fin del tiempo sería tal que usarían el mismo texto bíblico para exaltar la obra del Espíritu Santo (“el testimonio de Jesús es el Espíritu de profecía”) para hacer pasar su falso don profético como el “espíritu de profecía”. 

En otros estudios aquí en www.exadventista.com hemos señalado que detrás del adventismo hay un engaño muy sutil y sigiloso. Nuevamente ese mismo engaño sale a relucir aquí en la interpretación del adventismo y del contexto bíblico de Apocalipsis 19:9,10.

Lo que le pertenece a Dios – la adoración al Espíritu Santo, el “Espíritu de profecía” – se hace pasar por el don profético, el “espíritu de profecía”. Ese presunto don llama la atención a una organización religiosa, la iglesia Adventista del séptimo día – llena de buenas obras – pero niega la eficacia de la sangre de Cristo porque en vez de rendirle culto al Espíritu Santo por atestiguar y glorificar a Cristo, le rinde pleitesía y adoración al don profético presuntamente manifestado en Elena White. El engaño es tal que engañaría si fuera posible aun a los escogidos (Mateo 24:24). 
“Los adventistas del séptimo día, expresan adoración y gratitud a Dios por su benévolo don del Espíritu de Profecía”. 

Esta interpretación le rinde adoración a Dios por un don en vez de por un Ser Divino. El don siempre se manifiesta en un ser creado, sea ángel, o profeta humano. Al adorar a Dios por el don también se está adorando a Dios por el profeta. Esta adoración es precisamente la que el ángel prohíbe en Apocalipsis 19:9,10. El ángel no quería que el don quedara fusionado con el profeta, para no darle atribuciones divinas al profeta. 

Para el adventismo el “espíritu de profecía” es el “don de profecía”. Para el adventismo, este título se refiere a la obra, ministerio, y escritos de Elena White. Hay aquellos que conceden que este “espíritu de profecía” como el don profético no necesariamente es el ministerio de Elena White, sino que se manifestó en Elena White. Aun así, ellos no interpretan este versículo  refiriéndose al Espíritu Santo sino al don profético.

El adventismo no interpreta que este texto se refiere a la obra del Espíritu Santo de exaltar y glorificar a Cristo. Se refiere al don profético manifestado en Elena White. 

Si es así, ¿entonces por qué advirtió el ángel a Juan que no lo adorara? 

¿Qué hay de divino en Elena White que no había en el ángel? Ciertamente si el “Espíritu de profecía” se refiere al don profético, ese don se manifestaría más claramente en el ángel que en cualquier ser humano. Pero ni el ángel quiso atribuirse a su obra, a su mensaje, ni a su don el título de “Espíritu de profecía”. ¿Por qué? Porque el ángel sabía que el “testimonio de Jesús” se refería a la Persona del Espíritu Santo y no al don profético en el mensajero humano. 

Si acaso se refiere al don profético, ¿acaso tiene más luz la iglesia Adventista sobre la identidad del “Espíritu de profecía” que el mismo ángel que le interpretaba la Palabra divina a Juan?

¿Qué hay de divino en el recipiente del don profético? Si en Apocalipsis 19:10 se hablara del don profético, la advertencia del ángel no tendría sentido. La advertencia del ángel solo tiene sentido porque el “testimonio de Jesús” se refiere a la Persona, obra, y ministerio del Espíritu Santo, el “Espíritu de profecía”. 

La consecuencia final de las palabras del ángel a Juan serían: “Adora a Dios, porque el testimonio de Jesús es el don profético manifestado en Elena White”. Si es así, el ángel le estaba diciendo a Juan que en los profetas (según los adventistas incluyendo a Elena White) había algo divino por lo cual Juan debería adorar a Dios. Pero si el mismo ángel, un ser que no ha conocido el pecado, rehusó la adoración, ¿cómo sería posible que sí se la permitiera a los otros profetas que también tenían el “testimonio de Jesús”? La interpretación Adventista es ilógica porque la prohibición del ángel no corresponde a la interpretación que “el testimonio de Jesús” es el “espíritu de profecía”, el don profético presuntamente manifestado en Elena White. 

    
 
 

Si Elena G. White hubiera sido una verdadera profeta, hubiera advertido a sus seguidores  lo mismo que ángel advirtió a Juan, “Adora a Dios, porque el testimonio de Jesús es el Espíritu de profecía”.  

Elena White hubiera dicho, “No me llamen el “Testimonio de Jesús”, no me llamen el “Espíritu de Profecía”. No puedo llamar a mis escritos “el testimonio de Jesús”, no puedo llamar a mis escritos “el Espíritu de Profecía, porque esos títulos pertenecen solo a Jesús y al Espíritu Santo.

Pero no fue así. Elena White misma llamó a su obra el “testimonio de Jesús” (Testimonies to the Church, vol 3, 447). La iglesia Adventista ha permitido que se le llame el “Espíritu de profecía”, y con mayúsculas. La misma declaración de Ultrecht, le ascribe a sus escritos el atributo de “autoridad divina”. Este distintivo lo reservan solamente para los escritos de Elena White. Ni siquiera le atribuyen “autoridad profética”. Los adventistas van un paso más, y le atribuyen “autoridad divina” a Elena White. ¿Acaso no un grave error en esto? ¿No se dan cuenta los adventistas que sutilmente le han adscrito divinidad a su presunta profetisa?

Consideramos que el canon bíblico se ha cerrado. Sin embargo, también creemos, junto con los contemporáneos de Elena White, que sus escritos conllevan autoridad divina, tanto para una vida piadosa y en cuanto a doctrina... (Declaración de Ultrecht).


Ni en su Creencias Fundamental No. 1, “Las Sagradas Escrituras” le atribuyen “autoridad divina” a las Sagradas Escrituras. Este título lo reservan solamente a los escritos de Elena White.  

¡Cuánto quisiera que mis hermanos adventistas se dieran cuenta de su error y fiaran solamente en las Escrituras como su autoridad profética, pues la “autoridad divina” solo le pertenece al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo!

Por lo tanto, ¡yo acepto al “Espíritu de profecía” como el “Espíritu Santo que glorifica solo a Jesús por su sangre derramada en la cruz para remisión de todo pecado!

Haroldo Camacho, pastor del evangelio de Jesucristo
Pastor exadventista
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Palm Springs, CA – 6 de febrero, 2008

 
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