La doctrina Adventista acosa y acusa a sus hermanos evangélicos que nosotros no obedecemos la Escritura porque no guardamos el sábado, y no creemos en la doctrina del “juicio investigador”.
Pero el adventismo desconoce, porque no quiere reconocer, las claras palabras de Jesús sobre estos dos temas: el sábado y el juicio. Al igual que los judíos de su tiempo, los adventistas escudriñan las Escrituras y no se dan cuenta que ellas son las que dan testimonio de la obra redentora del Señor Jesús en la cruz.
El adventismo desobedece la Palabra de Jesús tocante al sábado Para entender lo que Cristo enseñó en cuanto al sábado y el juicio, basta con solo leer a Juan 5:18-24.
(18) Entonces, por tanto, más procuraban los judíos matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que también a su Padre llamaba Dios, haciéndose igual a Dios. (19) Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada de sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre; porque todo lo que él hace, esto también hace el Hijo juntamente. (20) Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que éstas le mostrará; que vosotros os maravillaréis. (21) Porque como el Padre levanta los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida. (22) Porque el Padre a nadie juzga, mas todo el juicio dio al Hijo; (23) para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió. (24) De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a juicio, mas pasó de muerte a vida (Juan 5:18-24).
Juan, el discípulo amado, escribiendo estas palabras unos 45 años después del ministerio de Cristo, afirma las dos razones por las que los judíos querían matar a Jesús. Una, Jesús “quebrantaba el sábado” y “también a su Padre llamaba Dios, haciéndose igual a Dios” (v. 18). Juan no niega ninguna de estas dos razones como válidas y verdaderas sino que las afirma: Jesús quebrantaba el sábado y llamaba a su Padre Dios, confirmando su igualdad con Dios.
Juan afirma que Jesús quebrantaba el sábado porque al sanar al paralítico que había sufrido 38 años, le dijo “Toma tu lecho y anda” (v. 11), un claro mandato a quebrantar el sábado, pues le daba la orden de llevar una carga el día sábado. Bien pudiera haberle dicho que dejara su lecho junto a las aguas para que otro lo usara. Bien pudiera haberle dicho que se fuera caminando hacia su casa sin llevar su lecho, pues ya no le era útil. Pero la orden de Jesús de cargar con su lecho tenía como intención ordenarle a quebrantar el sábado públicamente. De esa manera todos se darían cuenta que algo muy fuera de lo común había sucedido, pues nadie cargaba con nada el día sábado. El hombre ya sanado sobresalía entre todos porque cargaba en las calles su lecho en sábado, a plena luz de todos. La intención de Jesús era que todos lo vieran quebrantando el sábado. Aquí Jesús no estaba enseñando una manera más “liberalizada” de guardar el sábado. Aquí Jesús no estaba enseñando que el sábado se guardaba haciendo el bien. Aquí Jesús estaba enseñando el quebranto de la observancia del séptimo día sábado.
¿Por qué? ¿Por qué quería Jesús enseñar el quebranto del séptimo día sábado? Porque él mismo era el verdadero sábado que había venido a darle descanso al paralítico de su larga enfermedad. Jesús trabajaba junto con el Padre en sábado, para que en sábado los creyentes en él pudieran gozar de la libertad de recibirlo a él como el verdadero Reposo de Dios. Jesús quebrantó el séptimo día para enseñar que el significado del sábado pasaba de un día a una Persona. Si Jesús no hubiera quebrantado el sábado, la vigencia del sábado hubiera permanecido, y nosotros – al igual que los adventistas – seguiríamos pensando que el descanso se obtiene en la observancia del séptimo día en vez de la única Persona que nos puede dar descanso, el bendito Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Para que no hubiera confusión alguna, Jesús afirmó su quebranto del sábado diciendo ese mismo día sábado "Hasta ahora Mi Padre trabaja, y Yo también trabajo" (v. 17). Jesús trabajaba en sábado. El Padre trabajaba en sábado. El paralítico que lo había recibido para sanidad y salvación también trabajaba en sábado cargando gozoso su lecho como testimonio que su cuerpo y alma ahora reposaban plenamente en Cristo.
Sin embargo, para mis hermanos adventistas, es más importante descansar en el día en vez de la Persona. Mis hermanos adventistas desconocen estos argumentos. No los entienden. Se les hacen totalmente extraños. Sus propios escritos y estudios pasan por alto estos textos. Cuando yo estudié para pastor en todos los 6 años de estudios, jamás mis profesores dieron una adecuada explicación de las palabras de Juan que Jesús “quebrantaba el sábado”. Hay algunos textos que los mismos adventistas prefieren leer a la carrera. Por eso muchos adventistas prefieren leer los escritos de Elena White, porque allí se pasa por alto la verdad bíblica y se presentan en cambio lo que presuntamente le fue mostrado en visión. Los que leen los escritos White no se confrontan directamente con el texto bíblico, solo conocen los narrativos arreglados para promover una interpretación diferente a la interpretación bíblica. Eso se llama una “fábula por arte compuesta” (2 Pedro 1:16).
La explicación que se me enseñó cuando estudiaba en los centros educativos adventistas fue que cuando Juan escribió que Jesús “quebrantaba el sábado”, era que los judíos acusaban falsamente a Jesús de quebrantar el sábado, porque Jesús realmente no lo quebrantaba, sino que enseñaba la verdadera manera de guardarlo. Que la acusación que él quebrantaba el sábado era una calumnia para tener pretexto de matar a Jesús. Pero si eso es cierto, ¿entonces la segunda acusación también era falsa y solo una calumnia? La segunda acusación en esa misma frase es que Jesús “también a su Padre llamaba Dios, haciéndose igual a Dios” (Juan 5:18). ¿Entonces también era falsa la verdad que Jesús era igual a Dios? Aquí Juan no dice que una acusación era falsa y la otra verdadera. Juan escribe muy claramente, siendo inspirado por el Espíritu Santo, que Jesús “quebrantaba el sábado” y que se hacía “igual a Dios”. Por esas dos razones, las cuales eran verdad, los judíos procuraban matar a Jesús.
Lo que Jesús estaba enseñando era que tanto él como su Padre trabajaban continuamente para traer reposo a todo aquel que cree en su bendita sangre para remisión de pecados.
Los adventistas por tener el velo puesto de la ley, no pueden ver la importancia y significado de la gran diferencia entre descansar en un día y reposar plenamente en Cristo para salvación. Ellos creen que al descansar en el día, ellos están honrando a Jesús. Lo que no se dan cuenta, ¡es que lo que ellos piensan es “descanso” (guardar el sábado) es “trabajo” de las obras de la ley, las cuales mismas los condenan, y de las cuales Jesús les ofrece descanso mediante la fe! Por esa misma razón Jesús dijo “en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Marcos 7:7).
Cuando Jesús se encontró con el hombre sanado en el templo, Juan tiene cuidado de no decir lo que había dicho al principio del relato “Y era sábado aquel día” (Juan 5:9). Una vez que Jesús sanó al hombre y le ordenó a quebrantar el sábado, ya el día no tenía importancia. Juan no nos dice si ese día era sábado o no. Lo que tenía importancia era que el hombre confiara en Jesús, y no dudara del pleno perdón que había recibido. Por eso cuando Jesús encuentra al hombre le dice, “Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te suceda algo peor” (Juan 5:14). Si el hombre dudaba de su plena sanidad y perdón, recaería en el parálisis de alma y cuerpo que lo oprimió por tanto tiempo.
Hay que fijarse que Jesús no le dijo al hombre, “Mira, quiero que entiendas bien que yo no te mandé a quebrantar el sábado. No mal interpretes lo que yo te dije que hicieras en sábado. Yo solo quería mostrarles una lección a los judíos de la verdadera manera de guardar el sábado. Porque si quebrantas el sábado, pecas.” Un líder Adventista, un pastor Adventista ciertamente le hubiera añadido tales palabras al consejo, pues ellos siguen defendiendo al sábado en vez de a Cristo como lo hacían los judíos de antaño. Un pastor Adventista, ya jubilado y de larga trayectoria en el adventismo, me dio una respuesta muy iluminante de la mentalidad Adventista cuando se enseña que Cristo y no el día es el verdadero sábado de Dios. Me dijo este pastor, “¡Qué conveniente la vueltica que se han inventado para no guardar el sábado!” A Jesús como el reposo de Dios le llamaba “vueltica”. Pero nuestros hermanos adventistas prefieren aferrarse a su día, a su iglesia, a sus instituciones, a sus pastores, en vez de a Cristo y a la Biblia. ¡Eso sí es dar vueltas! Y luego los hermanos adventistas que leen nuestra página aquí nos escriben que estamos abandonando la verdad y que horribles castigos caerán sobre nosotros por nuestra apostasía. ¿Por qué? ¿Porque no concordamos en llamar a Cristo una “vueltica conveniente para no guardar el sábado”? ¡Ciertamente es menester obedecer a Dios antes que a los hombres! (Hechos 5:29).
El adventismo desobedece la Palabra de Jesús en cuanto al juicio No es coincidencia alguna que en el mismo pasaje en donde Jesús enseña el quebranto del séptimo día sábado, allí mismo enseña que no hay tal cosa como el presunto “juicio investigador del adventismo”.
De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a juicio, mas pasó de muerte a vida (Juan 5:24).
En contra de esta clara enseñanza, los adventistas contradicen a Jesús. Enseñan que el que oye su palabra y cree en él, es el primero en llegar al presunto “juicio investigador”, el cual comenzó según ellos (afianzados en los escritos de Elena White) en 1.844. Se apoyan en esta fábula acudiendo a 1 Pedro 4:17-18.
(17) Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si comienza por nosotros primero, ¿cuál será el fin de los que no obedecen al evangelio de Dios? (18) Y SI EL JUSTO CON DIFICULTAD SE SALVA, ¿QUE SERA DEL IMPIO Y DEL PECADOR?
En primer lugar, este pasaje no tiene nada que ver con los últimos días, 1.844, o ninguna profecía del tiempo del fin. El contexto de este pasaje es el sufrimiento del cristiano (lea desde el v. 12.
Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que en medio de vosotros ha venido para probaros, como si alguna cosa extraña os estuviera aconteciendo; (13) antes bien, en la medida en que compartís los padecimientos de Cristo, regocijaos, para que también en la revelación de su gloria os regocijéis con gran alegría. (14) Si sois vituperados por el nombre de Cristo, dichosos sois, pues el Espíritu de gloria y de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, por ellos El es blasfemado, pero por vosotros es glorificado. (15) Que de ninguna manera sufra alguno de vosotros como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entrometido. (16) Pero si alguno sufre como cristiano, que no se avergüence, sino que como tal glorifique a Dios. (17) Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si comienza por nosotros primero, ¿cuál será el fin de los que no obedecen al evangelio de Dios? (18) Y SI EL JUSTO CON DIFICULTAD SE SALVA, ¿QUE SERA DEL IMPIO Y DEL PECADOR? (19) Por consiguiente, los que sufren conforme a la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, haciendo el bien (1 Pedro 4:12-19).
Es la doctrina Adventista la que tergiversa este versículo, lo saca fuera de su contexto, y lo enreda con su “fábula por arte compuesta” del juicio investigador.
El contexto es el sufrimiento del cristiano, y cuando el cristiano sufre, se prueba su fe en Cristo. Pero el cristiano no es exento del sufrimiento. Más bien, es el primero en sufrir: “la prueba comienza por la casa de Dios”. Aquí la palabra en el griego no es “krisis” propiamente “juicio”, sino “krima”, el fallo que se da después del proceso del juicio. El sufrimiento es el juicio. El fallo es la manera como uno salió del sufrimiento, si todavía obedece el evangelio, si a pesar de la prueba se regocija en la sangre de Cristo, o si renegó a la sangre de Cristo por la prueba del sufrimiento. El propósito de estas pruebas es “para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo” (v. 11). “El justo con dificultad se salva” porque a todos les es difícil creer en el anuncio del evangelio: “¿Quién ha creído á nuestro anuncio?” (Isaías 53:1, Romanos 10:16). El justo con dificultad ha creído las buenas nuevas del evangelio. El dolor y el sufrimiento apagan la voz del evangelio de modo que para el impío y pecador se le torna más difícil creer cuando pasa por el sufrimiento. Todo esto es enseñanza justa y buena para el creyente cuando sufre, pero nada tiene que ver con las profecías del tiempo del fin, o Daniel 8:14, o el pueblo remanente o cosa tal. Cualquier tal aplicación es forzar las Escrituras, y añadir capítulos a la “fábula por arte compuesta” de la doctrina Adventista.
Nuestros hermanos adventistas leerán estas palabras y se escandalizarán, y nos volverán a escribir, invitándonos a arrepentirnos y a que no acosemos a la iglesia, y que hemos dejado la verdad, y que tal vez habrá perdón para nosotros si volvemos al seno de la iglesia. Pero es necesario que nuevamente afirmemos “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29).
La enseñanza de Jesús tocante al juicio para el creyente no pudiera ser más clara: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a juicio, mas pasó de muerte a vida” (Juan 5:24). ¿Qué parte de “no vendrá a juicio” no entienden los adventistas?
Porque Dios no envió a Su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El. "El que cree en El no es condenado (juzgado); pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito (único) Hijo de Dios (Juan 3:17-18 NBLH).
El creyente en Cristo “no vendrá a juicio”, ni en 1844, ni en 2008, ni en ningún momento. Al creer en la preciosa sangre de Cristo, “pasó de muerte a vida”. Esa es la segura palabra de Cristo. Esa es la “palabra profética más segura” que el Señor nos ha dado mediante el sacrificio de nuestro Señor Jesús (2 Pedro 1:19) ¡Alabado y glorificado sea el Señor Jesús por su maravillosa sangre ahora y para siempre!
Haroldo Camacho, pastor del evangelio de Jesucristo Pastor ex-adventista 20 de enero 2008
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