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Una hermana nos escribió con este interrogante:
“Si no es mucha molestia, quisiera hacer una pregunta que me urge saber la respuesta y me es de interés, ¿Es bueno que una joven adventista tenga relaciones amorosas con un joven que sea de otra religión o sea que sea novia de un chavo que no sea adventista que tenga otra religión? 18 de diciembre 2007 Apreciada hermana,
Gracias por la confianza de su pregunta aquí a www.exadventista.com.
Su pregunta no es del todo clara. Por lo general, “relaciones amorosas” suele entenderse como “relaciones sexuales”. Sin embargo, también se puede entender como un “noviazgo”. Me imagino que usted se refiere a un noviazgo, que como la mayoría de noviazgos, está lleno de cariño, afecto, y también de mucha pasión.
Aunque las relaciones sexuales durante el noviazgo no son aconsejables, la realidad es que suceden más a menudo de lo que las iglesias cristianas quisieran admitir. Por otro lado, también es cierto que una pareja de jóvenes cristianos se pueden querer mucho, con mucha pasión, pero sin llegar a las relaciones sexuales.
Las relaciones sexuales no son recomendables, porque son el símbolo de la entrega total, del compromiso total de la pareja. Por lo tanto, el símbolo sí vale mucho más que el papel que ratifica el matrimonio ante la iglesia y ante el estado. Muchas cosas pueden suceder antes de los votos frente a la comunidad de la iglesia. Y aunque en el afán de un momento apasionado la parejita pueda jurarse fidelidad, matrimonio, cualquier cantidad de votos, no hay testigos de esos votos. Según la palabra del Señor, se necesitan dos o tres testigos para ratificar la palabra de los cristianos (2 Corintios 13:1; Mateo 18:20). Así que primero se da testimonio de amor ante los testigos, y luego se consuma físicamente el testimonio.
Si la señorita se entrega antes de los votos, ¿qué tal si el joven se retracta del matrimonio? ¿Qué tal si queda embarazada? Se va a sentir defraudada, va a perder la confianza en los hombres, su capacidad de adelantar una buena relación para el futuro puede quedar muy perjudicada, y vice versa si es la muchacha la que se retracta. El riesgo sentimental, emocional, y espiritual es demasiado grande. Hay riesgo de daño espiritual, pues si los jóvenes son cristianos, y uno de ellos se retracta después de las relaciones sexuales, ¿qué tal si esos jóvenes estaban convencidos que Dios los había guiado en su relación, y luego se rompe? En su inmadurez, van a pensar que Dios tuvo la culpa o se equivocó. Por eso la Escritura establece los límites de la gracia, para proteger la integridad del amor que nace en las parejas. Por más fuerte que sea el amor, el afecto, el cariño, y la pasión, una vez que la pareja se compromete a respetar estos límites, puede confiar que serán guiados y protegidos para reservarse las relaciones sexuales hasta después de los votos ante los testigos correspondientes de la iglesia y del estado.
Otro asunto que hay que tomar en cuenta, no importa si son jóvenes cristianos o no, es el peligro de las enfermedades sexualmente transmitidas. Toda pareja se debiera hacer una prueba de estas enfermedades antes de las relaciones sexuales, y compartir los resultados el uno con el otro. En estos días esa es prueba igual de fidelidad y de buenas intenciones el uno para el otro. Sobran los casos en que un joven cristiano ha infectado a una joven cristiana con SIDA, o con alguna otra enfermedad sexual antes o después del matrimonio.
Aunque su pregunta no era directamente al caso de las relaciones sexuales en el noviazgo, es bueno que toda pareja de jóvenes cristianos, esté bien enterada de la necesidad de tomar una decisión de reservarse a todo costo, las relaciones sexuales hasta después del matrimonio.
¿Qué tal si ya tuvieron relaciones, antes de los votos con los testigos, qué deben hacer? Cada caso por supuesto es diferente. Según la edad y la madurez de cada pareja, o proceden directamente al matrimonio, o terminan su relación totalmente, o siguen siendo novios respetando sus límites sexuales por un tiempo. Si de veras se quieren, la última alternativa sería lo mejor. Lo que antes del matrimonio pareció una linda experiencia (las relaciones sexuales), después del matrimonio, esas lindas experiencias se pueden tornar en desconfianzas y celos ocasionando recriminaciones entre los dos: Si antes del matrimonio no me fuiste fiel y no te pudiste controlar, ¿cómo puedo estar seguro(a) que ahora no me estás engañando con otro(a)?
Su pregunta sin embargo, es si “Es bueno que una joven adventista tenga relaciones amorosas con un joven que sea de otra religión o sea que sea novia de un chavo que no sea adventista que tenga otra religión”.
Esta pregunta seguramente surge de una enseñanza de la Biblia, que muchas iglesias mal interpretan. “No estén unidos en yugo desigual con los incrédulos, pues ¿qué asociación tienen la justicia y la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas? ¿O qué armonía tiene Cristo con Belial (Satanás)? ¿O qué tiene en común un creyente con un incrédulo?” (2 Corintios 6:14-15).
Por lo general la iglesia Adventista interpreta este pasaje usando la siguiente fórmula:
Los creyentes = Los adventistas
Los incrédulos = Los que no son adventistas
La justicia = Los adventistas
La iniquidad = Los que no son adventistas
La luz = Los adventistas
Las tinieblas = Los que no son adventistas
Cristo = Los adventistas
Belial = Los no adventistas
Por lo tanto, los adventistas no deben unirse en matrimonio con cualquiera que no sea Adventista, ni puede tener ningún trato formal (que los una en algún “yugo”) con personas que no sean adventistas.
Pero esta fórmula no es la fórmula del Nuevo Testamento. En el Nuevo Testamento, el creyente es el que ha creído para salvación en la gracia del Señor Jesucristo, y su sangre derramada para perdonar y limpiar de todo pecado.
El incrédulo es el que no ha creído en la gracia de Jesús para salvación. El incrédulo es la persona que se sigue fiando en la ley de Moisés – o en cualquier ley – para ser aceptado ante Dios.
De tal modo que una persona puede ser “religiosa” (así como lo eran los judíos en el tiempo de Jesús), pero ser un incrédulo en la gracia del Señor Jesús.
La unión en yugo desigual es entre una persona que no cree en la gracia y otro que sí cree en la gracia.
La gracia – el perdón inmerecido – es la aptitud más importante para una “relación amorosa”. La gracia es la dinámica más necesaria, más eficaz para un amor y matrimonio duradero.
Tal vez ahora que usted se ha conocido con un joven que le ha apresado sus afectos, usted siente que ese joven jamás la va a sorprender con un comportamiento o actitud que la va a hacer sentir mal. Pero tanto usted lo sorprenderá a él, como él la sorprenderá a usted. Si su relación va a prosperar, ambos tienen que estar profundamente arraigados en la gracia del Señor Jesús.
Por eso, el consejo bíblico de no unirse en yugo desigual con un incrédulo. ¿Qué tal si usted cree en la gracia del Señor Jesús y su pareja no cree? ¿Qué tal si él cree, y usted no cree? Habrá yugo desigual. Si usted no es la que cree en la salvación por la gracia del Señor Jesús, usted siempre va a estar midiendo el comportamiento de su pareja para ver si ese comportamiento está de acuerdo con las normas y reglamentos de la iglesia, de la sociedad, de las leyes de tránsito, usted siempre va a estar buscando y dándose cuenta de las faltas de él, sin extenderle la gracia del Señor Jesús para amarlo incondicionalmente.
Yo me he dado cuenta que los hogares adventistas no son los más felices del mundo. Son buenos para aparentar felicidad fuera del hogar. Pero la realidad que se vive entre los esposos y entre padres e hijos dentro del hogar es otra cosa. Es la ley, y la obediencia a la ley y a todas las leyes habidas y por haber la norma que rige toda relación. El amor en el cual se extiende la gracia del Señor Jesús es tan solo un decir. Basta ver la actitud de los padres en las últimas dos horas del viernes antes de la puesta del sol para ver cuánta felicidad hay en ese hogar Adventista. Lo que hay es un afán, una discordia, exigencias, reclamos, porque fulanito o fulanita no hizo lo necesario para alistarse para el sábado, porque no hizo sus deberes, no limpió su cuarto, no lustró sus zapatos, se puso a jugar, no cocinó, no preparó, no planchó la ropa, no puso gasolina en el carro, en fin cuando finalmente se reúne la familia para recibir el sábado, están todos tensos, malhumorados, y con mala cara se dirigen el “felíz sábado”. Puede ser que haya una que otra excepción a este escenario, pero es la realidad en la mayoría de hogares adventistas que tratan de ser fieles a la ley, y a la observancia del sábado.
En esos hogares la norma es la ley y no la gracia. La ley no fue diseñada para unificar sino para condenar. Por lo tanto, si en ese hogar no hay gracia que rige por encima de la ley, ese hogar va a vivir bajo la norma de la condenación que trae la ley.
Así que al fijarse en un joven que no es de la iglesia Adventista y enamorarse de él, si usted quiere que esa relación perdure, tiene que fijarse si ese joven está en la gracia del Señor Jesús, y si lleva su vida de acuerdo a la gracia. ¿Se pone a criticar ese joven a otras personas sin medida de gracia? ¿Cómo trata a las personas que no están de acuerdo con él? ¿Les extiende gracia en su trato? ¿Les muestra respeto al diferir con ellos? ¿Cómo trata a sus hermanos o hermanas menores, a sus otros parientes? ¿Los trata con gracia? Porque así como los trata a otros así también la va a tratar a usted cuando tengan diferencias de opiniones. Si él no está en la gracia y usted sí está en la gracia, están en “yugo desigual”, o vice-versa. Si él está en la gracia y usted está en la ley, están en yugo desigual. Si los dos están en la ley, los dos van a estar en yugo desigual con la gracia de Cristo, y es por eso que muchos matrimonios de la iglesia Adventista o fracasan o están en la angustia de aparentar que todo va bien cuando todo va mal, porque los dos no saben como extenderse gracia. El “yugo igual” está cuando los dos están en la gracia el uno con el otro, y los dos con Cristo. Están en la gracia porque primero conocieron la gracia salvadora del Señor Jesús, se declararon pecadores, y pidieron ser perdonados por la maravillosa sangre de Cristo que limpia de todo pecado. Eso los pone en armonía el uno con el otro y con Cristo, a pesar de las diferencias que existen porque cada ser humano es un mundo, y no todos son iguales. Cada ser humano es único, especial, particular, aun las cosas que no te gustan forman parte del conjunto de ser humano del que tanto te has enamorado, así que trata a todo el conjunto, a todo el “paquete” con la gracia con que Cristo ya te amó, perdonándote en la cruz.
Estos consejos no son míos sino de las Sagradas Escrituras.
Vosotros maridos, igualmente, habitad con ellas sabiamente, dando honor a la mujer, como a vaso más frágil, y como a herederas juntamente de la gracia de la vida; para que vuestras oraciones no sean impedidas. Y finalmente, sed todos de un consentimiento, de una afección, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no volviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino antes por el contrario, bendiciendo, sabiendo que vosotros sois llamados para que poseáis bendición en herencia. Porque: El que quiere amar la vida, y ver los días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; apártase del mal, y haga bien; busque la paz, y sígala (1 Pedro 3:7-11).
Fíjese bien la norma de la cual he estado hablando: “dando honor a la mujer... como herederas juntamente de la gracia de la vida”.
Bien hermana, tal vez todos estos son consejos más de la cuenta de los que usted había pedido, o no son los que usted esperaba, pero están fundamentados en la gracia del Señor Jesús.
Una palabra más para las iglesias en donde ineludiblemente saldrán jovencitas embarazadas. Hay que mirar lo que sucedió con José y María. En primer lugar, José no queriendo infamar a María, “quiso dejarla secretamente” (Mateo 1:19). La Escritura tampoco dice que fue expulsada de la sinagoga. Según la ley de Moisés, María tenía que ser lapidada por fornicación. Pero la sinagoga decidió extenderle gracia. Ojalá la iglesia actuara de esta manera con sus jóvenes cuando yerran. Pero muchas iglesias hacen lo opuesto. Infaman a sus hijas, les forman escándalo. Las hacen confesar con lujos de detalles. Las borran de la iglesia, las humillan, las avergüenzan, las hacen como oprobio, a ellas y a sus novios, cuando es en esos mismos momentos cuando más necesitan del amor y de la gracia de sus hermanos y hermanas en la fe. Ya la pareja cometió un error que los marcará por el resto de sus vidas. La iglesia no necesita añadir oprobio sobre oprobio.
En la gracia del Señor Jesús, Haroldo Camacho, pastor del evangelio de Jesucristo Pastor ex-adventista
22 de diciembre 2007
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