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La señal de Jonás PDF Imprimir E-Mail

¿Podría decirme el significado de las palabras de Jesús cuando habló de la señal de Jonás?

Wilmer

 

Apreciado hermano,

Su pregunta respecto a la señal de Jonás pronunciada por Jesucristo tiene una maravillosa respuesta en las Escrituras.

Jesús enseñó que las Escrituras profetizaban su resurrección al tercer día.  

"Y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día" (Lucas 24:46).

Mateo, Marcos, y Lucas citan tres veces cuando Jesús anunció su resurrección. Lucas incluye una cita más en la voz de los ángeles que cuidaban la tumba abierta de Jesús después de su resurrección (Lucas 24:7).  

¿En qué Escritura se profetiza la resurrección de Jesús al tercer día?

"Ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal" (2 Pedro 1:20). El único intérprete infalible de las Escrituras es Jesús.

¿Cómo entendía Jesús que las Escrituras del Antiguo Testamento anunciaban su resurrección al tercer día?

En lo que Jesús llamó la señal de Jonás.

"29 Como la multitud se aglomeraba, comenzó a decir: Esta generación es una generación perversa; busca señal, y ninguna señal se le dará, sino la señal de Jonás.

30  Porque de la misma manera que Jonás vino a ser una señal para los ninivitas, así también lo será el Hijo del Hombre para esta generación" (Lucas 11:29,30).

Jesús previó su resurrección anunciada al tercer día en la experiencia de Jonás.  

La oración de Jonás cuando estaba sepultado en las profundidades del mar fue dada por el Espíritu Santo como señal de los padecimientos, la fe, y la resurrección del Mesías.

"Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó;
Desde el seno del Seol clamé,
Y mi voz oíste.
3 Me echaste a lo profundo, en medio de los mares,
Y me rodeó la corriente;
Todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí.
4 Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos;
Mas aún veré tu santo templo.
5 Las aguas me rodearon hasta el alma,
Rodeóme el abismo;
El alga se enredó a mi cabeza.
6 Descendí a los cimientos de los montes;
La tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre;
Mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío.
7 Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová,
Y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo.
8 Los que siguen vanidades ilusorias,
Su misericordia abandonan.
9 Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios;
Pagaré lo que prometí.
La salvación es de Jehová.  

Los padecimientos descritos aqui por el profeta son similares a los del Mesías sufriente en Isaías 53. En la sepultura de Jonás, sumergido bajo centenares de brazas en la profundidad del mar, el Espíritu Santo reveló la sepultura del Mesías, que "El también había descendido a las profundidades de la tierra, [y] El que descendió es también el mismo que ascendió mucho más arriba de todos los cielos, para poder llenarlo todo" (Efesios 4:9,10), resucitando al tercer día, asi como Jonás resucitó de las aguas al tercer día.

En "las profundidades de la tierra", "el SEÑOR hizo que cayera sobre El La iniquidad de todos nosotros" (Isaías 53:6).  

Habiéndose hecho obediente hasta la muerte y muerte de cruz, Jesús oraba, "La tierra con sus cerrojos me ponía cerco para siempre; Pero Tú sacaste de la fosa mi vida, oh SEÑOR, Dios mío. Cuando en mí desfallecía mi alma, Del SEÑOR me acordé; Y mi oración llegó hasta Ti, Hasta Tu santo templo (Jonás 2:6,7).  

Desde las profundidades del abismo de la cruz separando al Hijo del Padre, Jesús exclamó, "Pero yo con voz de acción de gracias Te ofreceré sacrificios. Lo que prometí, pagaré. La salvación es del SEÑOR"  (Jonás 2:9).

Sepultado en las profundidades del abismo, quiso "el SEÑOR Quebrantarlo, sometiéndolo a padecimiento. Cuando El se entregue a sí mismo como ofrenda de expiación, verá a su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del SEÑOR en su mano prosperará" (Isaías 53:10).

Pero asi como "Jonás estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches (Jonás 1:17)" y "de la misma manera que Jonás vino a ser una señal para los ninivitas, así también lo será el Hijo del Hombre para esta generación" (Lucas 11:30).

Jesús no estaba llamando la atención a pequeñas coincidencias de detalles entre la historia de Jonás y su vida. Jesús estaba llamando atención a la realidad de que el destino humano depende de su muerte y resurrección. "Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación y la condenarán, porque ellos se arrepintieron con la predicación de Jonás; y mirad, algo más grande que Jonás está aquí" (Lucas 11:32). Él era "más grande que Jonás" porque creer en él y en su predicación es para vida eterna. ""Les digo, que a todo el que Me confiese delante de los hombres, el Hijo del Hombre lo confesará también ante los ángeles de Dios; pero el que Me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios (Lucas 12:8,9).

El día del Pentecostés el argumento más contundente de los discípulos fue la señal de Jonás, la resurrección de Jesús al tercer día.  

“Varones hermanos, se os puede libremente decir del patriarca David, que murió, y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Así que siendo profeta, y sabiendo que con juramento le había Dios jurado que del fruto de su lomo, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo que se sentaría sobre su trono; viéndolo antes, habló de la resurrección del Cristo, que su alma no fue dejada en el infierno, ni su carne vio corrupción. A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, levantado por la diestra de Dios, y recibiendo del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros ahora veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Sepa pues ciertísimamente toda la Casa de Israel, que a este Jesús que vosotros colgasteis en un madero, Dios ha hecho Señor y Cristo. Entonces oído esto, fueron compungidos de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Y Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Cristo, para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:29-38).

La palabra para “señal” que usó Jesús se traduce más correctamente como “prodigio”. Es el gran prodigio de la resurrección de los muertos lo que le da poder a la predicación de Cristo, y éste crucificado. Su resurrección es prueba que su sacrificio a favor del pecador fue aceptado, pues la muerte no tenía fundamento para retener al puro y santo Jesucristo. Por eso dice la Escritura que somos justificados por su resurrección (Romanos 4:25). Y luego, habiendo sido justificados por su resurrección, por la fe tenemos paz para con Dios mediante el perfecto sacrificio de Jesús, perdonando nuestros pecados una vez y para siempre por toda la eternidad. Puesto que Jesús murió por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación, Dios jamás se acordará de nuestros pecados. Dios solo se gozará en la maravillosa victoria de su Hijo Jesús para redimir a toda la humanidad.

Y es así con el tema de la maravillosa gracia de Dios con el que termina la profecía de Jonás.

“¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil hombres que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?” (Jonás 4:11).

Mediante Jesucristo, Dios dice de la raza humana y nuestro planeta, “Y por la sangre de mi Hijo Jesús, ¿no tendré yo piedad de mi creación donde hay miles de millones que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?”

Cierto. Alguien mucho más grande que Jonás dio su vida por nosotros en la cruz, y fue resucitado al tercer día para nuestra justificación. Amén. Alabado sea le nombre del Señor Jesús.

 

Haroldo Camacho, pastor del evangelio de Jesucristo
Pastor exadventista

18 de diciembre 2007

 
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