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Doctrinas Biblicas Adventistas según el evangelio de Jesucristo PDF Imprimir E-Mail

AVISO: Muchos de nuestros lectores nos escriben preguntando: si fuimos adventistas, cómo es posible que podamos interpretar las Sagradas Escrituras de una manera diferente a las enseñanzas de la iglesia Adventista. Todo surge de la enseñanza fundamental que diera nuestro Señor Jesús con respecto a las Escrituras. Con el siguiente estudio de “Las Sagradas Escrituras” damos inicio aquí en www.exadventista.com a una serie de estudios en las que tomamos las doctrinas principales de la iglesia adventista y las escudriñamos a la luz del evangelio de Jesucristo. Esperamos que nuestros lectores lleguen a un conocimiento más profundo de la gracia salvadora de nuestro Señor Jesús que es nuestra mediante su vida, muerte, y resurrección para el perdón de nuestros pecados. A este estudio seguirá “El Espíritu de Profecía”.

I. Las Sagradas Escrituras

Las Sagradas Escrituras son un conjunto de 66 libros escritos a lo largo de un período de unos 1,500 años. Se componen de dos secciones principales: El Antiguo Testamento, escrito antes de Cristo, y el Nuevo Testamento, escrito después de Cristo.

A través de la historia, estas Escrituras se han interpretado de muchas maneras. Pero Jesucristo es el único intérprete infalible de las Escrituras. Hay varios pasajes claves en donde Jesús enseñó el significado de las Escrituras y cómo comprenderlas. Sus palabras revelan el verdadero significado de la Biblia. Al mismo tiempo, sus palabras denuncian el falso significado y entendimiento que muchos la dan a las Escrituras. En este primer pasaje, Jesús enseña que las Escrituras en general dan testimonio que él fue enviado por el Padre. Por lo tanto el testimonio que Jesús da del Padre es la verdad.  

(36) Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha dado para llevar a cabo, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado.  (37) Y el Padre que me envió, ése ha dado testimonio de mí. Pero no habéis oído jamás su voz ni habéis visto su apariencia.  (38)  Y su palabra no la tenéis morando en vosotros, porque no creéis en aquel que El envió.  (39)  Examináis las Escrituras porque vosotros pensáis que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;  (40)  y no queréis venir a mí para que tengáis vida.  (41)  No recibo gloria de los hombres;  (42)  pero os conozco, que no tenéis el amor de Dios en vosotros.  (43)  Yo he venido en nombre de mi Padre y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ése recibiréis.  (44)  ¿Cómo podéis creer, cuando recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?  (45)  No penséis que yo os acusaré delante del Padre; el que os acusa es Moisés, en quien vosotros habéis puesto vuestra esperanza.  (46)  Porque si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él.  (47)  Pero si no creéis sus escritos, ¿cómo creeréis mis palabras? (Juan 5:37-47 LBLA).

En estas palabras Jesús enseñó las siguientes lecciones en torno al significado de las Escrituras.

1. El Padre ha enviado a Jesús, el Hijo. En la Persona del Hijo, el Padre ha dado testimonio de su existencia. Esta es la manera como las Escrituras enseñan la existencia de Dios. Dios existe porque el Hijo lo ha revelado. La presencia del Hijo en la tierra es una directa revelación del Padre. El Hijo mismo ha escuchado la voz del Padre y conoce su apariencia. Los judíos a pesar que tenían las Escrituras no habían escuchado la voz del Padre ni habían visto su apariencia. Jesús da a conocer que él es la directa revelación de Dios: él mismo lo ha escuchado y lo ha visto (v. 38). Pero su presencia en la tierra y su testimonio no se podía comprender sino por el medio de las Escrituras. Las Escrituras son el medio por el cual se puede conocer que Jesús es la voz del Padre y lo da a conocer.
 
2. El Hijo no desacredita sino que ratifica las Escrituras. Jesús enseña que las Escrituras de por sí mismas no contienen la vida eterna como pensaban los judíos. Ellos pensaban que con solo leerlas obtenían méritos para obtener la vida eterna. Otros pensaban que las Escrituras les concedía sabiduría y fortaleza para conducirse hacia la vida eterna. Jesús descarta estos conceptos como falsos. Pero Jesús ratifica que las Escrituras confirman al Hijo como enviado por el Padre. La vida eterna no está en minuciosamente escudriñar el significado de cada palabra de las Escrituras sino en creer en el Hijo a quien señalan las Escrituras (v. 39,40).
 
3. Uno puede leer, examinar, y estudiar las Escrituras y no tener el amor de Dios en el corazón para con uno mismo ni para el prójimo (v. 42). El amor de Dios llega al corazón cuando uno puede ver al Hijo como el único significado de las Escrituras.
 
4. Uno puede leer, estudiar, y escudriñar las Escrituras y recibir halagos y gloria de otros por sus conocimientos de la Biblia, pero sin encontrar la gloria que viene de Dios (v. 44). La gloria que viene de Dios es ¡Jesús el Cristo de Dios!
 
5. Uno puede poner la esperanza de vida eterna obedeciendo los escritos de Moisés, los cuales incluyen la observancia de los 10 Mandamientos. Pero el mismo Moisés lo acusa ante el Padre que tal esperanza está equivocada porque no pueden ver que sus escritos apuntan a Jesús, enviado por el Padre. Moisés dio la ley que anunciaba al Hijo, pero ahora el Padre mismo ha dado al Hijo (v. 45-47).
 
6. Jesús dijo en este pasaje que su testimonio era mayor o de más importancia que el testimonio de Juan. La razón es porque el Padre le había dado ciertas obras que cumplir. Esas obras darían testimonio de que Jesús era Hijo de Dios, y que su Padre lo había enviado (v. 36). Posteriormente entendemos que esas obras se refieren a su muerte, resurrección, y ascensión al Padre presentando sus obras a nuestro favor.

El segundo y tercer pasaje de Jesús con respecto al significado de las Escrituras explican cuáles eran estas obras que darían testimonio de que Jesús era el Hijo de Dios y que su Padre lo había enviado.

(25) Entonces Jesús les dijo: ¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!  (26)  ¿No era necesario que el Cristo padeciera todas estas cosas y entrara en su gloria?  (27)  Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a El en todas las Escrituras... (32) Y se dijeron el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón dentro de nosotros mientras nos hablaba en el camino, cuando nos abría las Escrituras? (Lucas 24:25-27,32).
 
Y les dijo: Esto es lo que yo os decía cuando todavía estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.  (45)  Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras,  (46)  y les dijo: Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día;  (47)  y que en su nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.  (48)  Vosotros sois testigos de estas cosas (Lucas 24:44-48).


De estas palabras de Jesús a los discípulos en el camino a Emaús, y luego en el aposento alto después de su resurrección, se desprenden las siguientes lecciones en torno al significado más profundo de las Escrituras.

 

1. Uno puede estudiar todas las profecías de los profetas, pero en cuanto a entenderlas señalando al Cristo, uno puede ser un “insensato y tardo de corazón” (v. 25). La palabra “insensato” en griego significa “falto de inteligencia porque se fía en sus sentimientos”.1 Es una palabra que representa a la persona que se guía solo por sus sentimientos. Jesús enseña que uno no va a las Escrituras a encontrar sosiego para sus sentimientos, o para buscar mejores sentimientos de los que uno está sintiendo. Uno va a las Escrituras para ver lo que dicen del Cristo y de sus padecimientos y su resurrección. Una vez que uno encuentra Cristo crucificado y resucitado el corazón “arde dentro de nosotros”. Los sentimientos se colman con la verdad de Cristo crucificado y resucitado por nosotros (v. 32).
 
2. El Señor Jesús también enseña que el corazón se tarda para creer que de veras las Escrituras tienen que ver con él, con su muerte y resurrección. Es un consuelo y promesa para todos los que ven en las Escrituras muchas otras cosas, personajes ejemplares, buenas enseñanzas, mensajes inspiradores, menos a Cristo y éste crucificado. Aunque el corazón se tarda, Jesús espera y se llega a nosotros en nuestro caminar para enseñarnos de que él es el Cristo enviado para llevar la carga de nuestros pecados (v. 25).
 
3. Jesús enseña “que todo lo que los profetas han dicho” es igual a que “era necesario que el Cristo padeciera todas estas cosas y entrara en su gloria”. El objetivo, la finalidad de todos los escritos de los profetas y sus profecías era apuntar hacia el padecimiento de Jesucristo y su resurrección. No hay escrito profético que en su raíz no tenga ese objetivo. El significado del Cristo con respecto a su muerte y resurrección no es “tan solo una de entre muchas maneras de comprender las Escrituras”. “Es necesario” que las Escrituras se lean buscando al Cristo crucificado, de otra manera no se llega a la meta final de las Escrituras. Es necesario porque la muerte y resurrección del Cristo, fue necesaria (v. 26).
 
4. Jesús también enseñó que hay que comenzar con Moisés para comprender que el tema de las Escrituras es su padecimiento y resurrección. “Moisés” representa los cinco libros escritos por este profeta. Por tanto, cada uno de los libros de Moisés en todos sus temas no tiene ningún otro objetivo sino señalar que “es necesario que el Cristo padeciera todas estas cosas y entrara en su gloria”. Los libros de Moisés pueden contener muchas enseñanzas históricas, morales, y cívicas, pero ninguna de estas enseñanzas acierta con su objetivo principal. Este objetivo es anunciar la vida, muerte, y resurrección del Cristo de Dios, Jesús de Nazaret (v. 27), para el perdón de los pecados a todas las naciones (v. 47).
 
5. Al terminar de ver el anuncio del sacrificio de Cristo en los libros de Moisés hay que continuar  “con todos los profetas” entendiendo lo “referente a El en todas las Escrituras” (v. 27). Toda profecía bíblica, toda llamada al arrepentimiento de los profetas, todo lo que enseñaron sus vidas ejemplares tiene que ver solamente con la vida, muerte, y resurrección del Cristo de Dios. Tampoco es que las Escrituras se estudian para ver en donde hay alguna cosa grande o pequeña que señale al Cristo. La enseñanza de Jesús es que “todas las Escrituras” son “por motivo” de él. La palabra “referente” viene de una preposición griega que significa no solamente las cosas que tienen que ver con Cristo, sino que todas las Escrituras fueron dadas “por motivo” de Cristo crucificado, resucitado, para el perdón del pecado de todas las naciones (v. 27).2
 
6. “Esto es lo que yo os decía cuando todavía estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos” (Lucas 24:44). Aquí Jesús repite lo que había dicho a los discípulos en el camino a Emaus, que ellos eran “tardos de corazón para creer” (v. 25). El sentido del verbo griego en el pasado, "decía", es de repetir lo mismo con la intención de explicar hasta que se entienda. Jesús les había explicado muchas veces que el significado de las Escrituras tenía que ver con su muerte y resurrección. Pero ellos en su propio corazón contradecían a Jesús, y pensaban que las Escrituras trataban de temas de más importancia para ellos. Jesús enseñó que el único tema de importancia de las Escrituras es su muerte y resurrección para el perdón de los pecados de todas las naciones. Aunque él había repetido muchas veces el sentido de las Escrituras, ellos habían sido tardos de corazón para creer que apuntaban a su sacrificio.
 
7. Jesús dijo de Moisés, los profetas, y los salmos que “...era necesario que se cumpliera todo” (v. 44). La palabra “cumplir” en este versículo significa llenar algo hasta repletarlo y que rebose. Jesús usó la palabra "cumplir" para dar a entender que él repletaría hasta rebosar el significado de las Escrituras. Con su muerte y resurrección, Jesús repletó y rebosó todo el significado de las Escrituras.
 
8. "Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras" (v.45). Jesús abre el entendimiento para comprender que las Escrituras enseñan que su muerte y resurrección son para el perdón de todas las naciones. De otra manera, el entendimiento está cerrado. La persona puede entender de todo en las Escrituras, menos que las Escrituras anuncian el sacrificio de Cristo para el perdón de nuestros pecados. Es solo por la gracia del Señor Jesús que se nos abre el entendimiento para ver esta gran verdad. De otra manera nuestro entendimiento queda cerrado, y solo sirve para cerrarle a otros el entendimiento de la cruz.
 
9. "Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día" (v. 46). Las dos frases al inicio de este versículo están unidas. La razón por todo lo que "está escrito" es porque "es necesario" que Cristo diera su vida para el perdón de nuestros pecados. La frase "es necesario" viene de una palabra griega que significa "estar atado".3 Cristo estaba "atado" a dar su vida en lugar de la nuestra. Dios mismo, en Cristo, estaba ligado a padecer por nosotros. Esta es la razón por la que toda Escritura tiene que ver con Cristo: porque Dios mismo subió a una cruz y allí en su Hijo hecho hombre, dio su vida en lugar de todo pecador para darles la vida eterna.
 
10. Jesús también enseñó que las Escrituras que hoy se conocen como el Antiguo Testamento (Moisés, los profetas, y los salmos) también anuncian su muerte y su resurrección “Así está escrito... fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día” (v. 46). Todas las grandes obras de Cristo ya estaban anunciadas en el Antiguo Testamento, incluyendo su resurrección. Su muerte fue necesaria para nuestro perdón. Su resurrección fue necesaria para nuestra justificación (Romanos 4:25). Jesús cumplió toda Escritura para nuestra salvación. Nuestra redención había sido cuidadosamente diseñada desde antes de la fundación del mundo. Toda la obra de Cristo ya estaba anunciada en las Escrituras. Su vida pura y su muerte inocente fue el cumplimiento de la promesa del cordero sin mancha predicho en los sacrificios del santuario de Israel y  al centro de todas las Escrituras del Antiguo Testamento.
 
11. La muerte y resurrección de Cristo, anunciadas en el Antiguo Testamento, tenían un propósito también anunciado en las Escrituras: "que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén" (v. 47). Toda predicación de las Escrituras que no tenga el sacrificio de Cristo como tema principal, no cumple el propósito de Jesús para las Escrituras. De hecho, es un despropósito predicar cualquier otra cosa de las Escrituras. Toda nación necesita recibir el anuncio de las Escrituras que mediante el sacrificio de Cristo, hay "arrepentimiento y perdón de pecados" (v. 47).
 
12. Jesús concluyó su enseñanza del significado del Antiguo Testamento  con un mandato a sus discípulos: "Y vosotros sois testigos de estas cosas" (v. 48). Con estas palabras Jesús estaba autorizando a sus discípulos a dar testimonio de que Cristo fue el cumplimiento del Antiguo Testamento.  A partir de estas palabras de Jesús nace el Nuevo Testamento. En estas Escrituras los discípulos dan testimonio de “estas cosas”, de la muerte y resurrección de Cristo para el perdón de los pecados de todas las naciones, tal cual había sido anunciado en el Antiguo Testamento. Las Escrituras del Antiguo Testamento anuncian la vida, muerte, y resurrección de Jesucristo. Los autores del Nuevo Testamento dan su propio testimonio que Cristo vivió, murió, y resucitó para que se predique el perdón de los pecados, en su nombre, a todas las naciones. Ese es el propósito de todas las Escrituras según nuestro Señor y Salvador Jesús.
 
13. El apóstol Pedro, uno de los autores del Nuevo Testamento, explica la relación de su testimonio (en el cual incluye a los discípulos que estuvieron en el monte del transfiguración) con las Escrituras del Antiguo Testamento.
 
(16) Porque cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, no seguimos fábulas ingeniosamente inventadas, sino que fuimos testigos oculares de su majestad.  (17)  Pues cuando El recibió honor y gloria de Dios Padre, la majestuosa Gloria le hizo esta declaración: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido;  (18)  y nosotros mismos escuchamos esta declaración, hecha desde el cielo cuando estábamos con El en el monte santo.  (19)  Y así tenemos la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en prestar atención como a una lámpara que brilla en el lugar oscuro, hasta que el día despunte y el lucero de la mañana aparezca en vuestros corazones.  (20)  Pero ante todo sabed esto, que ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal,  (21)  pues ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios (2 Pedro 1:16-21).

 

14. Jesús, después de su resurrección, había dicho a sus discípulos, “vosotros sois testigos de estas cosas” (Lucas 24:48). Ellos vieron con sus propios ojos como las Escrituras de Moisés, los profetas, y los salmos, se cumplieron en la vida, muerte, y resurrección de Jesús para el perdón de los pecados (Lucas 24:44-48). Pedro escribe que en la predicación de los discípulos ellos hicieron precisamente lo que Jesús les pidió que hicieran, que dieran “a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo”. En su testimonio ellos no siguieron “fábulas ingeniosamente inventadas”. La autenticidad de su testimonio es porque ellos fueron “testigos oculares de su majestad”.
 
15. En 2 Pedro 1:17, 18 Pedro recuerda su experiencia en el monte de la transfiguración y recuenta lo que vio: la “majestad” de Jesús, y la “majestuosa” declaración de Dios en cuanto a Jesús: “Este es mi Hijo amado en quien me he complacido”.  Esta majestad de Jesús y la majestuosa declaración de Dios se hizo en contraste con la ley representada por Moisés y con los profetas, representados por Elías. Ante la ley, y ante los profetas y los salmos, Jesús resplandeció majestuoso. Su majestad superó y sobrepujó toda la majestad del Sinaí, de las tablas de piedra recibidas por Moisés, todo el testimonio de los profetas, y todas las alabanzas de los salmos. El rostro de Jesús en el “monte santo” resplandeció con mucha más gloria que el rostro de Moisés en el Sinaí. Acompañando la majestad visible, se escuchó la majestuosa voz del Padre declarando a Jesús como la revelación de la divinidad en la cual Dios mismo ahora tenía contentamiento. La revelación de Moisés, la revelación de los profetas y de los salmos había sido incompleta. Dios no había tenido pleno contentamiento en esas revelaciones. Pero ahora en la revelación dada por su Hijo, Dios gozaba pleno contentamiento. En la vida, muerte, y resurrección de Jesucristo, el Padre rebosaba de contentamiento. Pedro y los discípulos escucharon esa majestuosa voz declarando a Jesús el único en quien Dios mismo tomaba pleno contentamiento. A esa declaración majestuosa de Dios en torno a su Hijo Jesús, Pedro llama “la palabra profética más segura” (v. 19).
 
16. La palabra profética de Dios declarando que toma contentamiento en la revelación de su Hijo Jesús, es más segura que la palabra profética de Moisés o Elías, o los salmos.  A pesar de la revelación del Antiguo Testamento, la revelación de su Hijo Jesús por contraste brilla como lámpara en “un lugar oscuro”. La diferencia es tal cual la diferencia entre la noche y el día, pues la revelación de Jesús crece hasta traer un nuevo día en nuestros corazones (v. 19).
 
17. El autor de las Escrituras es el Espíritu Santo (vs. 20,21). La obra del Espíritu Santo es glorificar a Cristo y dar testimonio de él (Juan 16:14). Por lo tanto ninguna Escritura tuvo su origen en la “voluntad humana” sino que el Espíritu Santo “se movió dentro” de voceros escogidos para señalar y anunciar la obra redentora de Jesús. De la misma manera, la Escritura tampoco puede tener sentido alguno que no tenga que ver con la obra redentora de Cristo. Ni el origen de la Escritura es por voluntad humana, ni tampoco la interpretación de la Escritura es de interpretación particular. La Escritura no puede señalar ni apuntar a ningún individuo, organización, en particular. La Escritura solo puede señalar a Cristo, y éste crucificado para remisión de pecados y resucitado para la justificación de todo pecador (1 Corintios 2:2; Romanos 4:25).
 
18. En el monte de la transfiguración las majestuosas palabras de Dios que otorgaron majestad, honra, y gloria a Jesús fueron, “Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento; a El oíd” (Mateo 17:5). Cuando los discípulos alzaron sus ojos no vieron ni a Moisés ni a Elías “sino a Jesús solo”. La gran revelación de Dios es Jesucristo. A partir de la encarnación de Jesús, Jesús es quien ilumina al ser humano, y quien ilumina las Escrituras. “(Juan 1:4) En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”; “(9) Existía la luz verdadera que, al venir al mundo, alumbra a todo hombre”; (14) Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”; “ (18) Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, El le ha dado a conocer”; “(16) Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia”; “(17) Porque la ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad fueron hechas realidad por medio de Jesucristo”. A partir de Cristo, no hay manera alguna de entender el verdadero significado de las Escrituras sino es a través de Cristo. Cristo en su vida, en su ministerio, en sus enseñanzas, en su muerte, en su resurrección, es quien interpreta las Escrituras del Antiguo Testamento, y revela la verdad de la voluntad de Dios para la humanidad: rescatar a la humanidad mediante el don del sacrificio de Jesús para remisión de pecados.
 
19. Toda Escritura del Antiguo Testamento tiene como propósito “instruir en justicia” para que el creyente en Dios “sea perfecto, equipado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:15-17). Esta enseñanza del apóstol Pablo no se puede separar de las palabras de Jesús en Lucas 24:44-48. Tampoco se puede separar de la misma enseñanza del apóstol Pablo en Romanos 1:16,17 que Jesús es la “justicia de Dios” en quien se revela el evangelio o buena nueva de Dios, que el creyente es declarado perfecto “mediante la fe en Cristo”. El apóstol escribió a Timoteo el siguiente consejo con respecto a las Escrituras del Antiguo Testamento: “y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:15-17). La finalidad de toda Escritura del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento es levantar a Cristo crucificado para atraer a todos a su glorioso sacrificio y recibir el perdón de todo pecado, y así recibir la eterna salvación justificados por medio de la resurrección de Cristo (Juan 12:32; Romanos 4:25).
 
20. En la iglesia apostólica, sucedió un incidente aleccionador con respecto a la predicación del evangelio apoyado en las Escrituras del Antiguo Testamento. La historia se relata en Hechos 18:24-28. 
 
(24) Llegó entonces a Efeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. (25) Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. (26) Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios. (27) Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; (28) porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo (Hechos 18:24-28).  

 

21. Apolos "enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan" (v. 25). Estas dos frases revelan un problema en la predicación de Apolos que se repite en la iglesia cristiana hasta el día de hoy. Apolos "enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor". Aunque era judío había creído en Jesús como el "Señor", o Cristo de Dios. Con fervor, diligencia, y elocuencia enseñaba la vida, muerte, y resurrección de Jesús. Pero al bautizar a los conversos, los bautizaba en el "bautismo de Juan". Este era el bautismo de arrepentimiento para “remisión de pecados” (Marcos 1:4; Lucas 3:3), y para dar “frutos dignos de arrepentimiento” (Lucas 3:8). Apolos predicaba a Jesús como el Cristo, o enviado de Dios para cumplir con la obra comenzada con Juan el Bautista. De igual manera que había gente durante el tiempo de Juan que confundieron a Juan el Bautista con el Cristo, así también Apolos confundía la obra de Cristo con el mensaje de Juan el Bautista (Lucas 3:5). Llegado el momento de bautizar a los conversos, Apolos los bautizaba dando ellos testimonio de arrepentimiento para el perdón de pecados pasados, y prometiendo dar frutos dignos de arrepentimiento.
 
22. Cuando Priscila y Aquila escucharon la predicación de Apolos, el judío converso al cristianismo, se dieron cuenta que a pesar de su fervor, le faltaba conocer “más exactamente el camino de Dios” (Hechos 18:26). Ese camino era el camino de Jesús hacia el Calvario, donde derramó su sangre para el perdón de la humanidad. A la predicación de Apolos le faltaba la sangre de Cristo, por lo tanto él bautizaba solo con el bautismo de Juan. Después de ser instruido por Priscila y Aquila, ya podía refutar “con gran vehemencia a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo” (Hechos 18:28). Priscila y Aquila le “abrieron el entendimiento”, tal cual lo había hecho Cristo con los discípulos en el aposento alto para comprender las Escrituras: “Y les dijo: Esto es lo que yo os decía cuando todavía estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día; y que en su nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén (Lucas 24:44-47). Sin esta predicación basada en el sacrificio de Cristo, Apolo no pudiera haber “refutado con gran vehemencia a los judíos”. En vista a la nueva norma de interpretar las Escrituras, Apolo comenzó a predicar a “Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos, y necedad para los gentiles” (1 Corintios 1:23).
 
23. La predicación de los apóstoles en la iglesia cristiana de los primeros años se caracterizaba por la predicación del evangelio de Cristo fundamentado en las Escrituras del Antiguo Testamento anunciando la obra redentora de Cristo. Esta fue la predicación de Pedro (véase notas anteriores 13-19). Igualmente el apóstol Pablo predicaba el evangelio sobre el mismo fundamento de las Escrituras.
 
(1) Ahora os hago saber, hermanos, el evangelio que os prediqué, el cual también recibisteis, en el cual también estáis firmes,  (2)  por el cual también sois salvos, si retenéis la palabra que os prediqué, a no ser que hayáis creído en vano.  (3)  Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;  (4)  que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras (1 Corintios 15:1-4).

 

Aquí el apóstol Pablo cita las palabras de Jesús en el aposento alto registradas en Lucas 24:44-47. De tal modo que podemos ver que la iglesia de los apóstoles predicaba la obra redentora de Jesús fundamentada en las Escrituras del Antiguo Testamento e interpretándolas mediante la vida, muerte, y resurrección de Jesucristo
 
24. Otro testimonio de los apóstoles con respecto al significado de las Escrituras (del Antiguo Testamento) se encuentra en las conocidas palabras de Pablo al joven Timoteo.
 
(12) Y en verdad, todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, serán perseguidos.  (13)  Pero los hombres malos e impostores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados.  (14)  Tú, sin embargo, persiste en las cosas que has aprendido y de las cuales te convenciste, sabiendo de quiénes las has aprendido;  (15)  y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús.  (16)  Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, (17)  a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra (2 Timoteo 3:12-17).
 
a. Por lo general cuando se trata el tema de la inspiración de las Escrituras solo se cita el v. 16 y 17, “(16)  Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia,  (17)  a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra”. Sin embargo citar solo a estos dos versículos omite el contexto (los pasajes anteriores); pero es el contexto que le otorga el verdadero significado a estos dos textos. En el contexto el apóstol Pablo advierte al joven evangelista Timoteo que todos los que desean vivir piadosamente “en Cristo Jesús” serán perseguidos (v. 12). Hay hombres malos, impostores, que amontonarán engaño sobre engaño. ¿Cuál es la salvaguarda? Las Sagradas Escrituras, las cuales dan sabiduría “que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús” (v. 15). Los perseguidos son aquellos que fundamentados en las Escrituras, creen en la “salvación mediante la fe en Cristo Jesús”.  De tal modo que la inspiración de las Escrituras por Dios, y la utilidad de las Escrituras “para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia” (v. 16) es para guiar al creyente a la “salvación mediante la fe en Cristo Jesús”. Estas Escrituras no son las Escrituras del Nuevo Testamento, sino las  Escrituras del Antiguo Testamento. Es el Antiguo Testamento que enseña la “salvación mediante la fe en Cristo Jesús”. Cuando el apóstol Pablo escribió estas palabras a Timoteo el Nuevo Testamento todavía no existía en su forma actual. Por eso, cuando los apóstoles hablan de las Escrituras, se refieren a las Escrituras del Antiguo Testamento. De esta manera, este texto tan citado de Pablo a Timoteo también esta entretejido a las palabras de Cristo en Lucas 24:44-47, que “era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.  (45)  Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras,  (46)  y les dijo: Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día;  (47)  y que en su nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén”. La colación entre las palabras de Jesús y la advertencia de Pablo a Timoteo con respecto a “los hombres malos, impostores, que amontonan engaño sobre engaño” tiene un mensaje claro. Los hombres malos e impostores, que engañan con un engaño encima de otro son aquellos que le dan a las Escrituras cualquier otro significado menos el significado de Cristo y su obra redentora. Ese es el gran engaño en torno al significado y el valor de las Escrituras.
 
b. Por lo tanto, cuando el apóstol dicta que “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia”, se refiere a que toda Escritura, tal cual dijo Jesús (Lucas 24:44-47), enseña, reprende, corrige, e instruye en la justicia que es por la fe en el sacrificio de Cristo.
 
c. El apóstol también explica que toda Escritura es “inspirada por Dios” (v. 16). Estas palabras rebosan de significado. En el griego original esta frase significa “respirada o exhalada por Dios”. Se refiere al aliento que sale de una respiración. De tal modo que la mejor manera que el apóstol puede explicar el origen divino de las Escrituras es que el Espíritu Santo “sopló su aliento” sobre la mente de los autores de las Escrituras para que ellos pudieran plasmar las palabras que señalaban a la obra redentora de Jesús.
 
d. La enseñanza que la Palabra que sale de la boca de Dios es vida no fue creada por el apóstol Pablo. Ya Moisés había declarado que no solo de pan vivirá el hombre “mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre” (Deuteronomio 8:3). Cuando Satanás en el desierto quiso desviar a Jesús de su camino hacia la cruz, Jesús respondió con las palabras de Moisés. Sin embargo, en vista de las palabras de Jesús en Lucas 24:44-47, Moisés había anunciado que el Hijo del Hombre viviría para cumplir el decreto de salvar a la humanidad que había salido de la boca de Dios. Ese decreto lo llevaría a la cruz, y por eso Jesús no podía caer en la tentación de obedecer la palabra de Satanás, la cual era vivir solo para salvar su vida en vez de toda la humanidad.
 
e. Después de la resurrección, en la misma ocasión cuando Jesús en el aposento alto había enseñado a sus discípulos que la clave para entender las Escrituras era su sacrificio, (21) Jesús les dijo otra vez: "Paz a ustedes; como el Padre Me ha enviado, así también Yo los envío."  (22)  Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo.  (23)  "A quienes perdonen los pecados, éstos les son perdonados; a quienes retengan los pecados, éstos les son retenidos" (Juan 20:21-23). Con estas palabras Jesús también estaba autorizando a sus discípulos a plasmar por escrito pues él mismo, el Cristo resucitado, Jesús glorificado, soplaba sobre ellos el Espíritu Santo para que así como los profetas en la antigüedad anunciaron su sacrificio, ellos ahora dieran testimonio “de estas cosas”. Es por eso que el apóstol Juan, muy al tanto del significado de las palabras de Jesús escribe al terminar su evangelio, “(30) Y muchas otras señales hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro;  (31)  pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida en su nombre” (Juan 20:30,31).
 
f. El mismo apóstol Juan al escribir a la iglesia dijo, “(3) lo que hemos visto y oído, esto os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y que nuestra comunión sea con el Padre, y con su Hijo Jesús, el Cristo.  (4)  Y estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido (1 Juan 1:3,4). Al escribir sus evangelios y sus cartas los discípulos y los apóstoles estaban enterados que sus escritos eran la continuación de la revelación del Espíritu Santo soplando sobre agentes escogidos para señalar y anunciar a Cristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
 
g. En su vejez, Juan escribiendo desde Patmos, el último de los testigos oculares de la vida, muerte, y resurrección de Jesús, cierra la revelación de las Escrituras con estas palabras.
 
(16) Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las Iglesias. YO SOY la raíz y el linaje de David, y la estrella resplandeciente y de la mañana.  (17)  Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiere, tome del agua de la vida gratuitamente.  (18)  Porque yo testifico a cualquiera que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios pondrá sobre él las plagas que están escritas en este libro.  (19)  Y si alguno disminuyere de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa Ciudad, y de las cosas que están escritas en este libro.  (20)  El que da testimonio de estas cosas, dice: Ciertamente, vengo en breve. Amén, sea así. ¡Ven, Señor Jesús!  (21)  La gracia de nuestro Señor Jesús el Cristo sea con todos vosotros. Amén. (Apocalipsis 22:16-21).

           

Haroldo S. Camacho, Ph.D.
Pastor del evangelio de Jesucristo
8 de diciembre, 2007
Palm Springs, California – www.exadventista.com

 
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