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La circuncisión como señal y sello en Romanos 4:11 y ¿Cuál es el sello del libro de Apocalipsis? PDF Imprimir E-Mail
Querido Haroldo:

Estuve repasando su tema sobre el Sello de Dios usted dice esto:  “[El] séptimo día sábado, igual que a otros sábados de fiesta religiosa se les llama "señal" entre Dios y el Israel antiguo. Una señal era diferente a un "sello", y por lo tanto la palabra hebrea para "señal" es diferente a la palabra "sello". La palabra hebrea para "señal" es " אות " ('oth'). Esta "señal" podía ser un distintivo, una bandera, un monumento, un hito en el camino para señalar el camino, pero jamás era un sello. En la señal, participaba otra persona. Un abanderado podía subirse a un monte alto y con la bandera dar una señal al ejército o alguna otra persona a lo lejos. Una señal era un entendido entre dos personas que estaban de acuerdo mutuamente en un convenio. Una "señal" en el Antiguo Testamento también era un marcador que mostraba el camino o apuntaba hacia cierto lugar, o hacia cierto evento”.

Entonces ¿por qué el libro de Romanos dice que Abraham recibió la circuncisión como señal como sello (Romanos 4:11) ..  y ¿Cuál es el sello del libro de Apocalipsis?

gracias por su amable respuesta, un abrazo hermano.

(Nombre suprimido para proteger al remitente)
28 de noviembre 2007


Apreciado hermano,

Gracias por su pregunta. Como un noble bereano, usted está investigando para ver si “estas cosas son así”. A Dios gracias por ese espíritu, el cual pedimos al Señor siempre nos guíe a buscar más luz de la preciosa cruz de Cristo, quien es la Sabiduría de Dios.

Al leer los textos que tienen que ver con “señal” y “sello”, recuerde que estamos hablando de dos idiomas y dos culturas diferentes: el idioma hebreo, con su cultura; y el idioma griego, con su respectiva cultura.

La “señal” de que habla el apóstol en Romanos 4:11, es diferente a la “señal” del Antiguo Testamento. La “señal” en Romanos 4:11 es literalmente una “marca”. Es un uso muy atinado de la palabra griega que emplea el apóstol, pues la circuncisión dejaba una cicatriz, la cual era una “marca”. La palabra griega es  σημειον (semeion). Sin embargo, esta palabra también tenía un sentido figurativo o metafórico. Era una señal milagrosa, portentosa, como una “marca” en los cielos. Fíjese que en ambos casos, el significado del griego es un tanto diferente al significado hebreo. En el idioma hebreo, la señal era un hito en el camino, una señal dada por un abanderado, un gesto sobreentendido entre dos personas, como también un objeto que se entregaba de una persona a otra al cual se le atribuía algún significado. La señal tenía la idea de “seña y contraseña”. De paso, este es el sentido en que el sábado era una señal del pacto entre Dios e Israel. Dios entregaba un espacio de tiempo, cada séptimo día a Israel como “seña” para ver si ellos lo guardarían de acuerdo al descanso total requerido por el significado atribuido a la señal. Israel a su vez se comprometía de guardarlo a la perfección. Tanto el mandamiento que lo requería como la obediencia dada era la señal. Seña y contraseña juntas formaba la señal.  

De modo que en Romanos 4:11 el apóstol correctamente habla de la “marca” de la circuncisión “como sello de la justicia de la fe que tenía mientras aún era incircunciso”. La circuncisión fue dada después de la fe, para avalar la fe de los que habían de creer sin la circuncisión y para avalar la fe contada como justicia para todos los judíos que habían de creer en Cristo. La marca señalaba hacia gentiles y judíos. Hacia los gentiles, porque Abraham había creído antes de la circuncisión, y hacia los judíos porque Abraham era su padre genético y espiritual. Pero la marca no era el sello. El sello era y sigue siendo la “justicia de la fe”.  

Sin embargo, ya que a final de cuentas su pregunta tiene que ver con la observancia del séptimo día sábado como señal y sello de Dios para los creyentes en el Nuevo Testamento, aquí en Romanos 4:11 hubiera sido el momento ideal para que el apóstol Pablo hubiera planteado el tema usando el sábado en vez de la circuncisión como señal y sello.

Veamos todo el pasaje de Romanos 4: 1-16 para entender su contexto y su mensaje (he colocado el v. 11 en rojo y letra itálica ancha para hacerlo resaltar):

(1) ¿Qué diremos, entonces, que halló Abraham, nuestro padre según la carne?  (2)  Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué jactarse, pero no para con Dios.  (3)  Porque ¿qué dice la Escritura? Y CREYO ABRAHAM A DIOS, Y LE FUE CONTADO POR JUSTICIA.  (4)  Ahora bien, al que trabaja, el salario no se le cuenta como favor, sino como deuda;  (5)  mas al que no trabaja, pero cree en aquel que justifica al impío, su fe se le cuenta por justicia.  (6)  Como también David habla de la bendición que viene sobre el hombre a quien Dios atribuye justicia aparte de las obras:
 
(7)  BIENAVENTURADOS AQUELLOS CUYAS INIQUIDADES HAN SIDO PERDONADAS, Y CUYOS PECADOS HAN SIDO CUBIERTOS.  (8)  BIENAVENTURADO EL HOMBRE CUYO PECADO EL SEÑOR NO TOMARA EN CUENTA.  (9)  ¿Es, pues, esta bendición sólo para los circuncisos, o también para los incircuncisos? Porque decimos: A ABRAHAM, LA FE LE FUE CONTADA POR JUSTICIA.  (10)  Entonces, ¿cómo le fue contada? ¿Siendo circunciso o incircunciso? No siendo circunciso, sino siendo incircunciso;  (11)  y recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia de la fe que tenía mientras aún era incircunciso, para que fuera padre de todos los que creen sin ser circuncidados, a fin de que la justicia también a ellos les fuera imputada;  (12)  y padre de la circuncisión para aquellos que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen en los pasos de la fe que tenía nuestro padre Abraham cuando era incircunciso.  (13)  Porque la promesa a Abraham o a su descendencia de que él sería heredero del mundo, no fue hecha por medio de la ley, sino por medio de la justicia de la fe.  (14)  Porque si los que son de la ley son herederos, vana resulta la fe y anulada la promesa;  (15)  porque la ley produce ira, pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.  (16)  Por eso es por fe, para que esté de acuerdo con la gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda la posteridad, no sólo a los que son de la ley, sino también a los que son de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros.

Si el sábado en el Antiguo Testamento hubiera sido señal de la fe, y como el “sabatismos” que permanece para el pueblo de Dios en Hebreos 4:9, como lo entienden algunos adventistas evangélicos, el apóstol cometió un error al hablar de la circuncisión como la “marca” o señal y “sello de la justicia de la fe”. En vez, el apóstol debiera haber escrito,

(11)  y recibió la señal del sábado como sello de la justicia de la fe que tenía mientras aún era incircunciso, para que fuera padre de todos los que creen sin ser circuncidados, a fin de que la justicia también a ellos les fuera imputada.

Pero como usted se da cuenta, el sábado no cabe allí, porque el sábado vino después de Abraham. Y si el sábado de veras fue dado para todo tiempo y toda criatura en el Edén (antes de Abraham), entonces ¿por qué no utilizó el apóstol al sábado como señal aquí en Romanos 4:11 en vez de la circuncisión? Porque no fue así. Dios no le dio a Abraham el sábado ni como señal ni sello de la justicia que viene por la fe. Dios le dio la “marca” de la cicatriz de la circuncisión. ¿Por qué? Porque el prepucio representa las obras de la carne. De una manera muy radical pero significativa, la fe sin las obras de la carne se representa en la circuncisión de una manera que el sábado jamás lo pudiera haber hecho.

Más bien, el sábado por su ubicación dentro de la ley, está incluido en los vv. 13, 14:

(13)  Porque la promesa a Abraham o a su descendencia de que él sería heredero del mundo, no fue hecha por medio de la ley, sino por medio de la justicia de la fe.  (14)  Porque si los que son de la ley son herederos, vana resulta la fe y anulada la promesa.  

De tal modo que los vv. 13, 14, bien pueden leerse de la siguiente manera:

(13)  Porque la promesa a Abraham o a su descendencia de que él sería heredero del mundo, no fue hecha por medio del sábado [de la ley], sino por medio de la justicia de la fe.  (14)  Porque si los que son del sábado [de la ley] son herederos, vana resulta la fe y anulada la promesa.  

“Si los que son del sábado son herederos, vana resulta la fe y anulada la promesa”. Esa es la realidad bíblica para los adventistas del séptimo día. Todos aquellos que siguen persiguiendo la justicia a la manera del antiguo Israel, sigue tropezando con Cristo, la piedra de tropiezo.

    (30) ¿Qué diremos entonces? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, alcanzaron justicia, es decir, la justicia que es por fe;  (31)  pero Israel, que iba tras una ley de justicia, no alcanzó esa ley.  (32)  ¿Por qué? Porque no iban tras ella por fe, sino como por obras. Tropezaron en la piedra de tropiezo,  (33)  tal como está escrito: HE AQUI, PONGO EN SION UNA PIEDRA DE TROPIEZO Y ROCA DE ESCANDALO; Y EL QUE CREA EN EL NO SERA AVERGONZADO (Romanos 9:30-33).

Por más que los adventistas del séptimo día no quieran aceptarlo y nos escriban con tajantes condenas, este texto se aplica hoy a estos nuestros queridos hermanos por quienes rogamos día y noche lleguen a la plenitud de la justicia por la fe en Cristo y sean verdaderamente sellados. De tal modo que hoy podemos parafrasear también a Romanos 9:30-33 con respecto a los mundanos de hoy (los gentiles de la antigüedad), y los adventistas del séptimo día de hoy (Israel de la antigüedad):  

(30) ¿Qué diremos entonces? Que los mundanos, que no van tras la justicia, alcanzaron justicia, es decir, la justicia que es por fe;  (31)  pero los adventistas del séptimo día, que van tras una ley de justicia, no alcanzan esa ley.  (32)  ¿Por qué? Porque los adventistas del séptimo día no van tras ella por fe, sino como por obras. Los adventistas del séptimo día han tropezado en la piedra de tropiezo,  (33)  tal como está escrito: HE AQUI, PONGO EN SION UNA PIEDRA DE TROPIEZO Y ROCA DE ESCANDALO; Y EL QUE CREA EN EL NO SERA AVERGONZADO (Romanos 9:30-33).

Este sello de la justicia por la fe en Cristo, dado por el Espíritu Santo, nunca cambia. Fue el mismo para Abraham, y es el mismo del cual da fe el Apocalipsis llevan los redimidos. Mire usted Apocalipsis 7:3 en donde se da la orden a los cuatro ángeles:

No hagáis daño, ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que hayamos puesto un sello en la frente a los siervos de nuestro Dios.

Usted pregunta ¿cuál es ese sello? No hay que salir fuera de las Escrituras para buscar otra revelación u otra fuente de inspiración autorizada para interpretar las Escrituras. La interpretación se encuentra allí mismo en Apocalipsis 7:13, en el mismo pasaje, en el mismo contexto.

(13) Y uno de los ancianos habló diciéndome: Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?  (14)  Y yo le respondí: Señor mío, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que vienen de la gran tribulación, y han lavado sus vestiduras y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.

¿Cuáles son los sellados? Los que “han lavado sus vestiduras y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”. En otras palabras los que han sido totalmente perdonados por el Cordero porque su fe en su sangre les fue contada por justicia. Este es el mismo grupo de Apocalipsis 9:4. Ellos son los que se “han arrepentido de las obras de sus manos” para creer en las obras de Cristo por cuanto ellos han sido sellados por el Espíritu Santo para salvación.

Que este sello brille en nuestras frentes para gloria de Cristo para siempre.

Su hermano en Cristo,
Haroldo Camacho, pastor del evangelio de Jesucristo
Pastor exadventista
28 de noviembre 2007
 
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