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Apreciados hermanos, agradezco de antemeno su respuesta, con base en lo que ustedes respondieron, en ningùn momento quise defender a la iglesia, realmente ese no era mi objetivo, creo que definitivamente la IASD no necesita defenderse, no se a que IASD asistieron, en cual se bautizaron, en cual se prepararon para comenzar a caminar con Cristo, pero de lo que si estoy segura es que fue en la IASD en donde me enseñaron que la Sangre de Cristo fue derramada para el persòn de mis pecados, que realmente el Espìritu Santo, dejado en la Tierra para acompañarme, es el encargado de prepararme para el encuentro con Cristo, de hecho creo fielmente que Cristo no vino a morir por una denominaciòn, sino por personas, individuales, pecadoras como yo, y mediante su Palabra podemos tener camino directo a la Eternidad, con esto quiero decirles que continuen si asi lo dispusieron en su corazòn, pero sin confundir a la gente y sin desvirtuar la verdad, recuerden que las tristes experiencias que bàsicamente tuvieron con la IASD no son las mismas de todo el mundo, ahora, como explican que personas que se ahn encontrado en otras denominaciones con nuestros primos (Testigos de Jehovà, evangèlicos, carismaticos...) alconocer de la IASD y de su doctrina deciden sin pensarlo entrar a formar parte de sus filas? Que Dios los ayude.
Tatiana 17 de septiembre 2007
Apreciada hermana Tatiana,
De ninguna manera quisiera confundirla o desvirtuar la verdad según usted la ha comprendido.
Ciertamente la verdad tiene su propia virtud, y si de veras es la verdad resistirá cualquier investigación, duda, o confusión.
De hecho, la verdad es liberadora, pues el amor libera, y la verdad tiene que ver con Jesús, el gran amor de Dios manifestado a la raza humana.
El amor de Jesús es puro, y en ese amor no hay engaño, ni confusión. Jesús no es un novio o esposo que confunde, engaña, o agravia.
El amor de Jesús tiene un solo argumento: la cruz. “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).
Esta maravillosa dádiva de Dios tenía un precio: la vida del santo, puro, inocente, Hijo de Dios.
Es un fuerte argumento.
Convence. Pero Jesús no quiere amores “sin pensarlo”.
Cualquier enamorado o enamorada que se entregue “sin pensarlo”, como usted ya lo sabe está cometiendo un grave error.
El que se entrega “sin pensarlo”, es porque probablemente ha sido engañado. Tal cual es la naturaleza de los mejores engaños: que uno se entregue a tal o cual causa, o a una persona –“sin pensarlo”, arrebatado por los sentimientos, cautivado por las sensaciones, embelesado por las apariencias, embrujado por la belleza, ilusionado con la inteligencia. De tal modo que los mejores engañadores son aquellos que destellan, encandilan, para luego atrapar a la persona con compromisos difíciles de quebrantar.
Solo le expongo estas realidades pues usted me pregunta las razones por las que “¿personas que se han encontrado en otras denominaciones... al conocer de la IASD y de su doctrina deciden sin pensarlo entrar a formar parte de sus filas?”
La iglesia Adventista en su evangelismo usa muchas atracciones cautivantes para atraer personas “sin pensarlo” a sus filas: Campamentos Juveniles, Clases de Cocina, Clases para padres, Conciertos Musicales, Conferencias de Arqueología Bíblica, Plan para dejar de Fumar en Cinco Días, Proyectos Comunitarios, Eventos Deportivos, Talleres del Espíritu de Profecía, las Profecías de los Últimos Días, el Verdadero Día de Reposo (El Cumpleaños de la Madre de Adán), Grupos Musicales, y muchas otras atracciones más.
La cruz de Cristo no es el argumento mayor y mejor de la iglesia Adventista. Ni tampoco es su único argumento.
Dios Padre no dio ningún otro argumento para que creyéramos en su amor. El amor demostrado en la cruz nos conquista. Pero es para que lo pensemos y no lo hagamos sin pensar.
Hay que pensar en si queremos presentarnos a Dios con la garantía de nuestras propias promesas, cumplimientos, fidelidades, preparaciones para la venida de Cristo, o si nos queremos presentar confiando totalmente en los méritos y en las promesas de Cristo, selladas con su propia sangre.
Sin embargo hay algo que de veras está confuso en su testimonio.
Usted dice que “estoy segura es que fue en la IASD en donde me enseñaron que la Sangre de Cristo fue derramada para el persòn [sic] de mis pecados”. Nos identificamos en ese testimonio. Maravilloso. Ojalá que todas las iglesias enseñaran esa preciosa verdad. Pero una cosa es que la enseñen, otra cosa es que los feligreses pongan toda su fe en esa sangre derramada para el perdón de sus pecados. Que declaren con fe, vigor, y confianza que han sido totalmente y para siempre perdonados de todo pecado. Que por medio de esa sangre derramada del Cordero de Dios, ciertamente sus pecados han sido quitados, y se pueden presentar sin falta y sin mancha ante la presencia de Dios, ante su venida.
Este es nuestro testimonio aquí en www.exadventista.com . No por virtud nuestra, o porque algo nos encomendó a que ganáramos ese perdón, sino porque:
Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación. Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con Dios! Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El. (2 Corintios 5:19-21).
Este es el maravilloso evangelio de Dios. Que Cristo, no conociendo el pecado, por nosotros se hizo pecado, derramó su sangre bendita, pura, inocente, y divina a nuestro favor en la cruz, en nuestro lugar, para que hoy, no mañana, “fuéramos hechos justicia de Dios en Él”. ¡Alabado y glorificado sea el nombre del Señor Jesús por esa maravillosa gracia!
Hermana, si ciertamente sus pecados han sido perdonados, lavados, limpiados, purificados, una vez y para siempre, ¿Qué otra preparación más necesita para la segunda venida de Cristo?
Usted menciona que “realmente el Espìritu Santo, dejado en la Tierra para acompañarme, es el encargado de prepararme para el encuentro con Cristo”. No entiendo. Esto es lo que confunde de su testimonio. ¿Acaso se necesita otra preparación más para la segunda venida de Cristo además de creer en la sangre de Cristo para el perdón de los pecados?
¿Acaso el Espíritu Santo no fue dado para dar testimonio de Cristo y éste crucificado?
Mire usted las preciosas palabras de Pedro a los creyentes. Como buen pastor les habla de Jesús...
a quien sin haberle visto, le amáis, y a quien ahora no veis, pero creéis en El, y os regocijáis grandemente con gozo inefable y lleno de gloria, obteniendo, como resultado de vuestra fe, la salvación de vuestras almas. Acerca de esta salvación, los profetas que profetizaron de la gracia que vendría a vosotros, diligentemente inquirieron e indagaron, procurando saber qué persona o tiempo indicaba el Espíritu de Cristo dentro de ellos, al predecir los sufrimientos de Cristo y las glorias que seguirían. A ellos les fue revelado que no se servían a sí mismos, sino a vosotros, en estas cosas que ahora os han sido anunciadas mediante los que os predicaron el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas a las cuales los ángeles anhelan mirar (1 Pedro 1:8-12).
Fíjese que aquí les asegura que al creer en Él, como resultado de su fe, han obtenido “la salvación de vuestras almas”. ¡Qué buenas nuevas! ¡El evangelio!
Luego les dice que los profetas, por medio del Espíritu Santo profetizaron los sufrimientos de Cristo, y que ahora mismo se les predica el evangelio por el mismo Espíritu Santo enviado del cielo para también exaltar a Cristo por sus sufrimientos a favor de todo pecador.
Es decir la obra del Espíritu Santo jamás deja de ser la obra de exaltar el sacrificio del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
No es que al creer en Jesús mediante la fe, el Espíritu nos lleva de la mano a cosas más gloriosas e importantes para nuestra vida que el sacrificio de Cristo.
No. La obra del Espíritu Santo siempre será la de inculcar que hemos sido redimidos por la sangre de Cristo.
Sabiendo que habéis sido rescatados de vuestra vana conversación, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro ó plata; Sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación: Ya ordenado de antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postrimeros tiempos por amor de vosotros, Que por él creéis á Dios, el cual le resucitó de los muertos, y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sea en Dios. Habiendo purificado vuestra almas en la obediencia de la verdad, por el Espíritu, en caridad hermanable sin fingimiento, amaos unos á otros entrañablemente de corazón puro: Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre (1 Pedro 1:18-23).
Nosotros purificamos nuestras almas en obediencia a esa verdad: a la verdad que fuimos “rescatados por la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación”. La obra del Espíritu Santo es llevarnos cada día a mirar ese gran amor con el cual Dios nos amó en Cristo, no tomando en cuenta nuestros pecados. Sabiendo esto, que “el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: Que si uno murió por todos, luego todos son muertos; Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, mas para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:14-15).
No hay ninguna otra verdad que purifica. La iglesia Adventista nos enseña que nosotros nos purificamos y de tal manera nos preparamos para la segunda venida obedeciendo lo que ellos llaman “la verdad”, esto es a sus doctrinas. Si guardamos el sábado, si diezmamos, si no comemos carne, si no tomamos café, y muchas otras cosas más, nos estamos purificando. Puede ser que ciertamente alarguemos algunos años a nuestra vida terrenal, pero no nos purificamos ni preparamos par a el cielo.
Lo único que prepara para el cielo es mirar, alabar, exaltar, magnificar, glorificar a Cristo por su sacrificio, pues en eso nos ocuparemos los redimidos por toda la eternidad: dar alabanzas y glorias al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Y oí á toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y que está en el mar, y todas las cosas que en ellos están, diciendo: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la bendición, y la honra, y la gloria, y el poder, para siempre jamás (Apocalipsis 5:13).
En eso no hay confusión mi querida hermana. En eso hay luz, y la luz es la que brota de la cruz iluminando a toda la humanidad el camino al cielo.
Quisiera usar sus palabras para recalcar esta verdad. Usted mencionó que “mediante su Palabra podemos tener camino directo a la Eternidad”.
Todo camino a la eternidad tiene un desvío: el camino hacia el Calvario. Desde la cruz Jesús dice a todo pecador, “Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).
Todos tenemos que encontrarnos allí al pie de la cruz, dejando nuestros pecados, para tomar de su gracia, para que ese amor simbolizado por su sangre derramada, nos limpie una vez y para siempre de todo pecado. Y luego que cada día nos purifique en “espíritu, alma y cuerpo” siempre en esa gloriosa verdad, que por gracia somos salvos, la gracia que proviene eternamente y para siempre para la salvación de todo pecador.
En la gracia de Jesús, Haroldo Camacho, pastor del evangelio de Jesucristo Pastor ex-adventista
22 de septiembre 2007
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